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La dimensión de lo alcanzado

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14 de febrero 2014 , 07:07 p.m.

Las conversaciones con las Farc en La Habana han generado ya, y por sí, unos logros enormes y de gran beneficio para el país.

Son logros que tal vez no han sido ponderados ni dimensionados suficientemente por la ciudadanía y de cuya importancia vale la pena tomar conciencia. Me refiero a la aceptación bastante amplia y colectiva de que los colombianos hemos vivido y convivido con formas y estructuras absurdas e injustas, que es necesario cambiar si queremos llegar a vivir en paz.

Los acuerdos logrados sobre los dos primeros puntos de la agenda, así estén todavía pendientes de algunos ajustes, definen hitos importantes en la historia del pensamiento nacional.

Aún sin acuerdos firmados, el solo hecho de que un grupo tan selecto de personas representativas de los más diversos sectores de las estructuras de poder en el país, obrando en representación del Gobierno, bajo la dirección del Presidente de la República, con participación de excomandantes de las Fuerzas Militares y de Policía y con apoyo en amplia consulta de opiniones, haya acordado que para alcanzar la paz es fundamental realizar los cambios previstos en los documentos divulgados sobre la tenencia y la explotación de la tierra y la vida del campo, es el reconocimiento de que hemos venido tratando a gran parte de ese sector en forma absurda e inequitativa y de que no podemos seguir conviviendo con ella.

Ese reconocimiento es ya algo real e irreversible, que marca un objetivo grande para el trabajo conjunto de la sociedad, lo que, por cierto, ya se está dando con hechos como el programa de restitución de tierras a desplazados por la violencia y la creación de la Misión Rural en Planeación Nacional, para delinear políticas e instituciones que empujen el sector, bajo la dirección del reconocidísimo economista José Antonio Ocampo.

Lo que se acuerde será plasmado con precisión en los puntos que deberemos aprobar o rechazar (confiamos en que sea lo primero) cuando lleguemos a la refrendación de los acuerdos de paz, pero el proceso en el campo ya arranca.

Así mismo, el solo hecho de que esa ‘Selección Colombia’ para las negociaciones de paz haya llegado a comprometerse (ad referendum) con el diseño de todo un proceso de apertura y profundización de la democracia para dar reales posibilidades de participación y actuación a todos los estamentos y grupos de la sociedad, así sean minoritarios y opuestos a lo tradicional, implica forzosamente el reconocimiento de que venimos con una democracia a medias, excluyente y muy imperfecta.

También, y por supuesto, es este otro hecho que sin vuelta atrás nos pone a debatir y trabajar para alcanzar un nivel de democracia más cercano al ideal y a diseñar los pasos y detalles para llegar allá. Temas todos de política profunda.

Estos pasos grandes y definitorios que se han logrado sobre los primeros dos puntos de la agenda, los básicos en mi concepto, se complementan con otra serie de hechos, de detalle algunos, pero bastante significativos y casi irreversibles también: ahora se habla más de subversivos, guerrilleros, insurgentes, y se escucha cada vez menos el despectivo y para nada constructivo trato de bandidos.

Ahora se reconoce también que hemos vivido un largo conflicto, se habla de la guerra y de sus causas, y no se reduce al simple y mero terrorismo. Y lo más elocuente y significativo es que las recientes encuestas demuestran que el apoyo de los colombianos al proceso de los diálogos de paz sigue creciendo.

Jorge Eduardo Cock L.

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