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Biaci 2014

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14 de febrero 2014 , 06:44 p.m.

Tengo sobre mi escritorio un pedazo de la obra de Khalil Rabah. Y no puedo dejar de sonreír. Rabah tomó uno de los inmensos salones de la Casa Museo Arte y Cultura La Presentación, para montar una de las obras más poéticas de la primera Bienal de Arte Contemporáneo de Cartagena de Indias. La obra se titula Another Geography y son pilas de postales de 50 pueblos palestinos; más allá del contenido político –que lo tiene: Rabah es palestino–, la obra invita a llevarse un pedazo de su territorio. Los espectadores pueden tomar cada una de las postales y, al final, llevárselas a casa. Y ahora cargo con esos pueblos derruidos de un lugar a otro. Y tengo ganas de volver a Cartagena. La Bienal amenaza con convertirse en uno de los grandes eventos artísticos del continente.

En esta primera edición llegaron artistas de 45 países y hay más de 25 espacios habilitados para ver obras tan desconcertantes como la de Bill Viola, el genial padre del videoarte, o la hermosa motocicleta del artista africano Romuald Hazoumè. Cada rincón esconde sorpresas como los collares de perlas de la española Elena de Rivero en las rejas del Palacio de la Inquisición o las flores de papel del japonés Yoshihiro Suda.

Se necesitan más de dos días para recorrer con juicio cada una de las muestras. No vale la pena hacer un maratón; hay que respirar la naturaleza y la arquitectura de cada lugar y no conformarse con las obras. La Bienal hizo que se abrieran las puertas de algunas casas en ruinas que, de otra manera, mantendrían sus puertas cerradas. Y también logró que se abrieran otros espacios que, para un turista convencional, no tendrían mayor interés. En mi caso, entré por primera vez al Museo Naval del Caribe (los barcos y el ingenio militar nunca me han apasionado en exceso) y, además de encontrarme con un edificio majestuoso, me encontré con algunas de las mejores obras de la Bienal: la biblioteca del chino Yin Xiuzhen, los videos de Janet Biggs y Nick Cave y las pinturas de Philip Taaffe. Y solo una cuadra más adelante está el Museo de Arte Moderno de Cartagena con la obra de algunos de los mejores artistas colombianos, como Miguel Ángel Rojas y Juan Manuel Echavarría. Y en la Casa del Reloj hay una obra del inmenso peruano Fernando Bryce. Y en la Casa 1537, otro espacio desconocido, hay una tan poderosa como el proyecto de destrucción total del Museo de Antropología, del mexicano Eduardo Abaroa; lo dicho: tengo que volver a Cartagena. La Bienal es imperdible.

@LaFeriaDelArte

Fernando Gómez Echeverry

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