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Vivir en inquilinatos: un asunto de dignidad

Según estudio, muchos de los que habitan en casas o edificios colectivos son población vulnerable.

14 de febrero 2014 , 09:15 a.m.

“Me gusta esta casa para vivir, la administradora es muy organizada, muy consciente para todo, solo me gustan las casas que ella lleva porque están siempre muy limpias”, cuenta Aura María Henao Morales mientras exhibe con orgullo su amplia y pulcra habitación, decorada con cuadros, fotos familiares y estampillas religiosas.

Esta casa, de la que habla Aura, y en donde su pequeño de 9 años y ella llevan viviendo por más de cuatro años, es un inquilinato o vivienda colectiva, en la que 11 familias o personas de escasos recursos económicos, comparten por habitaciones.

Se trata de una casona de un piso, vieja, amplia y soleada. Tiene un baño con ducha para hombres y otro para mujeres, una cocina amplia con dos mesones, nevera, estufa de seis hornillas, un lavadero y dos patios para extender la ropa. Y al final de un corredor, amplio y soleado, se divisa un huerta con plantas de sábila, plátano y algunas flores.

Este inquilinato, que queda en pleno Centro de la ciudad, es uno de los ejemplos de lo que deberían ser este tipo de viviendas, según Luis Fernando Hernández, uno de los investigadores de la Universidad Nacional que trabaja en la ‘Formulación política y concertada para el mejoramiento de las condiciones de los inquilinatos en Medellín’.

Esta investigación está a cargo de la socióloga Francoise Coupe, quien desde noviembre del año pasado, junto a otros investigadores de campo, han recorrido las calles del Centro y las periferias de Medellín en busca de estos lugares que configuran solo una de las muchas formas de habitar la ciudad.

“El inquilinato es un tipo de vivienda que no es tratado en la política nacional de vivienda, la cual consiste más en hacer nuevas construcciones que en atender a la población que vive en los inquilinatos. Se trata de una población vulnerable, que hacer parte del sector informal de la economía o de la población desplazada de sus barrios o ciudades”, asegura Coupe.

El inquilinato, según la investigación, es una opción que puede ser temporal o permanente para habitar la ciudad y responde a condiciones de pobreza, desempleo y al estilo de vida de la persona o familia. Hay muchas alternativas en las tarifas y en la formas de pago, que se puede hacer por día, semanal o mensualmente, todo depende de las necesidades y condiciones del ocupante.

En ocasiones, la tarifa –el estudio aún no define cifras precisas– además de incluir los servicios básicos como el agua y la luz, también se puede incrementar por servicios adicionales como el aseo de la habitación, lavado y arreglo de la ropa, mobiliario y alimentación, hasta internet y tevecable.

Estas viviendas se encuentran no solo en el Centro, sino en cada uno de los barrios y comunas de la ciudad, arroja la investigación. Además su ubicación varía constantemente debido a que son desplazados por obras de infraestructura, como los planes parciales de Naranjal y San Lorenzo, en donde los inquilinatos han sido desplazados por la construcción de la biblioteca, el parque cementerio, el centro de salud y la ampliación de vías

“Hemos descubierto que hay pluralidad de inquilinatos como de personas que habitan en ellos y que es un fenómeno que parece articulado a ciertos servicios como el transporte y los pequeños núcleos barriales. Así que la política que creemos tendrá que ser de acuerdo a estos elementos”, añadió Coupe.

Existen más de 1.500 inquilinatos en los barrios y el Centros de la ciudad.

Convenio entre la U. Nacional y el Isvimed

En noviembre del año pasado el Instituto Social de vivienda y Hábitat (Isvimed) y la Universidad Nacional firmaron un convenio de asociación por 712 millones de pesos, con el objetivo de construir y formular una política pública que regule los inquilinatos, donde se les pueda brindar una atención integral a las familias que habitan en ellos.

La investigación se está llevando a cabo en equipo con las corporaciones Talento y Primavera, que tienen experiencia en la atención y acción social a los inquilinatos.

Este tema ya había sido abordado en el 2006, cuando el Municipio y la Universidad Nacional se unieron para realizar un diagnóstico sobre la problemática y expansión de los inquilinatos en tres barrios del Centro de la ciudad.

PAOLA MORALES ESCOBAR
Redactora de EL TIEMPO
Medellín