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Al premier italiano Letta lo tumbó su propio partido

Enrico Letta se vio obligado a anunciar su dimisión, que presentará al presidente de la República.

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13 de febrero 2014 , 10:31 p.m.

Italia vuelve a demostrar que ni sus ciudadanos ni sus socios europeos pueden confiar en sus partidos. Cuando gozaba de una cierta estabilidad financiera y parecía haberse quitado de encima la continua amenaza de Silvio Berlusconi, el país ha vuelto a sufrir una crisis política, esta vez por culpa del gobernante Partido Democrático (PD), provocando un nuevo cambio de gobierno.

Luego de diez meses de liderazgo del Ejecutivo de coalición, Enrico Letta se vio el jueves obligado a anunciar su dimisión, que presentará al presidente de la República, Giorgio Napolitano.

Letta, un hombre capaz que ha hecho un buen trabajo en este tiempo en el poder, se va porque lo echa el propio secretario general de su formación, Matteo Renzi, quien lo fulminó en la reunión celebrada el jueves por la cúpula del PD.

Una vez ganadas las elecciones primarias de la izquierda italiana el pasado mes de diciembre, a Renzi se le quedaba corta la alcaldía de Florencia y el liderazgo de esta agrupación política y no ha parado hasta hacerse con la jefatura de Gobierno.

Se espera que Napolitano le encargue la formación del nuevo Ejecutivo en los próximos días y que, a principios de la semana que viene, se presente en el Parlamento para someter a su nuevo gabinete a la necesaria votación de investidura.

Renzi usó un tono comedido en su comparecencia tras el encuentro con la cúpula del PD, pero el mensaje a Letta fue contundente: ‘quítate tú para ponerme yo’. “La dirección del partido da las gracias al premier por el notable trabajo desarrollado en la guía del Gobierno”, dijo al principio, para dar luego el golpe de gracia: “Consideramos necesario y urgente abrir una fase nueva, con un nuevo Ejecutivo que se ponga el horizonte natural de la legislatura”.

Será el secretario general quien guíe este nuevo gobierno, que quiere “cambiar la dirección, la velocidad y el ritmo” y cuyo objetivo es sobrevivir hasta el 2018 para sacar adelante una serie de reformas que, de ser aprobadas, podrían darles la vuelta a las instituciones italianas.

Entre ellas está el fin del bicameralismo perfecto, uno de los grandes lastres en la acción legislativa. También se plantea un cambio del sistema fiscal y de las administraciones públicas.

DARÍO MENOR TORRES
Para EL TIEMPO
Roma.