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Editorial: Un tinto más dulce

13 de febrero 2014 , 07:54 p.m.

Aquella frase de cajón según la cual “algo va de un año a otro” sí que tiene validez en el caso de los cafeteros colombianos. En contraste con la desesperanza de comienzos del 2013, cuando la difícil situación de los cultivadores del grano condujo a un paro nacional, que no solo ocasionó grandes trastornos, sino que obligó al Gobierno a echarse la mano al bolsillo para pagar subsidios por cerca de un billón de pesos, ahora la realidad es otra.

Para empezar, la producción interna ha registrado una notable recuperación. Tanto la política de renovación de cafetales como la relativa normalidad en el clima se combinaron para que la cosecha llegara a 10,1 millones de sacos el año pasado, con un incremento del 42 por ciento. La tendencia alcista se mantuvo en enero, cuando se superó el millón de sacos, el nivel más alto desde el 2007.

A causa de esa evolución, la apuesta de la Federación de Cafeteros es la de llegar a los 11,4 millones de sacos en el 2014, aunque hay quienes hablan de cifras superiores. Sea como sea, el país estaría acercándose a los promedios que registró a comienzos del siglo y ganaría parte de las posiciones que ha perdido en las clasificaciones mundiales.

No menos importante es el entorno internacional. La fuerte sequía que afecta al sur de Brasil desde finales de diciembre tendrá consecuencias sobre el rendimiento de sus plantaciones de café. Aunque el daño no se puede cuantificar aún, los especialistas dicen que la cosecha podría ser la segunda más baja desde 1977, un pronóstico que tiene peso cuando hace alusión al principal productor del planeta.

Adicionalmente, Centroamérica –que también es un jugador importante– se ha visto duramente estropeada por la roya, que incide sobre la productividad de las matas. Todo esto se combina con una demanda global que se mantiene al alza, gracias a la recuperación de las economías industrializadas.

Las fuerzas mencionadas se han notado sobre los precios. En comparación con una cotización apenas superior al dólar por libra de café, observada el pasado 6 de noviembre, ayer en la bolsa de Nueva York cerró a 1,39 dólares, un 38 por ciento más. Si a esa alza se le suma el efecto de la reciente devaluación del peso, el impacto sobre el valor de la carga es notorio: esta ha crecido 52 por ciento en apenas tres meses largos y se ubica en cercanías de los 561.000 pesos.

A dicha suma hay que añadirle el valor del subsidio conocido como el PIC (por el programa de protección del ingreso cafetero), que, según los parámetros presentes, le agrega al caficultor lo que falte –hasta un tope de 145.000 pesos– para que este reciba 700.000 pesos por carga. Dicho de otra manera, eso es lo que están obteniendo los cultivadores actualmente. Tal circunstancia, sumada a la mayor producción, elevará de manera sensible el monto que se pague por la cosecha si las condiciones vistas se mantienen.

Así las cosas, la calidad de vida de las 550.000 familias que derivan su sustento del café en 590 municipios de 20 departamentos debería mejorar frente a la de años recientes. A la luz de esa realidad, mal harían los dirigentes que quieren pescar en río revuelto en impulsar protestas que no tienen fundamento, más aún cuando el esfuerzo fiscal –que se nutre con los impuestos de todos los colombianos– sigue. Entre hoy y mañana el PIC correspondiente al 2014 empezará a pagarse y llegará a un universo creciente de cultivadores, que esperan dejar atrás las épocas difíciles que ha tenido una actividad que se merece un futuro mejor.

EDITORIAL