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Mario Calderón Rivera, un hombre fuera de serie

Se cumplió un mes del fallecimiento del destacado líder caldense. Semblanza de este pensador.

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12 de febrero 2014 , 05:20 p.m.

Semblanza del pensador y el hombre de ejecuciones, y entrevista con su amigo Paolo Lugari, escritos por Lucy Nieto de Samper.

Más que abogado y economista, era pensador y humanista. Generoso, sencillo, ajeno a las vanidades terrenales, se interesaba en servirles al país y a la gente.

Fue sobresaliente servidor público en el país y en el exterior, pero en dos ocasiones no aceptó ser ministro. En cambio, fue gerente del Banco Central Hipotecario durante 10 años, donde desarrolló una labor que repercutió en la formación de ciudades colombianas.

“Dedicado a su trabajo, hizo una gran tarea. Actuó con visión global. Construyó Ciudad Tunal, en donde él decidió que el Centro Las Gaviotas instalara 5.000 unidades de energía solar para el calentamiento de agua, que en su época fue la más grande del mundo. Y, con apoyo del presidente Virgilio Barco, construyó Ciudad Salitre, dentro del concepto de ‘ciudad dentro de la ciudad’ ”, recuerda Paolo Lugari, su gran amigo.

Tan grandes amigos fueron que en su último libro, Renacimiento en el trópico, Calderón explica qué es y qué hace el Centro Las Gaviotas, “asentamiento humano de racionalidad tropical y paradigma de la imaginación en la Orinoquia colombiana, lejos de todo y cerca de nada, como lo define Paolo Lugari, creador y director de esa utopía que él, en unión de otros visionarios, hizo realidad”.

Gaviotas nació de cero hace 40 años en las lejanas sabanas del Vichada y hoy está en medio de un bosque de pinos tropicales.

En cuanto a mejoramiento de tierras, desarrollos, realizaciones, innovaciones, Gaviotas ha hecho verdaderos milagros, y sus aportes a la población y al país son enormes. Lo increíble es que esas obras han tenido mayor impacto en el exterior que en Colombia.

Precisamente, para que los colombianos entendiéramos la importancia del Centro Las Gaviotas, la última actividad intelectual del doctor Calderón Rivera fue su libro Renacimiento en el trópico, en el que explica en detalle la tarea de Gaviotas, que no ha sido tan fácil.

Dice el autor: “(...) en plenos años 90, Gaviotas seguía moviéndose en el mismo ambiente hostil en que vivió desde su fundación. Salvo durante la administración de Belisario Betancur, las políticas de Estado no han intentado siquiera poner a prueba las hipótesis de Gaviotas (...), impenitente actitud (...) en el tratamiento de la problemática nacional (...). En América Latina ha sido más fácil luchar contra la hostilidad abierta que contra la frialdad de la indiferencia”.

Para escribir esta obra, que incluye en 40 páginas de fotografías las actividades de Gaviotas, el doctor Calderón cita 90 libros de famosos autores que se ocupan de los problemas de la tierra y de encontrarles soluciones.

La lectura de tantos libros, más sus conocimientos sobre el planeta Tierra, hizo del doctor Calderón una autoridad en la materia.

Además de analizar los fenómenos de la naturaleza, estudió los pasos que se han dado desde la antigüedad en relación con la Tierra y con los fenómenos de la naturaleza.

En ese recorrido se remonta a la “visión orgánica de la Tierra”, de Leonardo Da Vinci, quien dijo entonces que “la Tierra tiene un alma vegetativa, que el suelo es su carne, los estratos rocosos que forman las montañas son sus huesos y las venas del agua son su sangre...”.

Leyó también a Herman Kahn, a Fritjof Capra, a Arne Willner, a Aurelio Peccei, todos estudiosos, todos preocupados por la problemática de la Tierra.

–¿Por qué un economista, abogado, banquero, se dedicó al tema Tierra? –le pregunto a Paolo Lugari, su gran amigo.

–Cuando nos conocimos, el Centro Las Gaviotas tenía 10 años de vida, y Mario quiso visitarlo para ver qué hacíamos. Recorriendo Gaviotas fue tal su entusiasmo que decidió apoyarnos. Su apoyo disparó el desarrollo de Gaviotas.

¿Qué apoyo concreto les dio?

Él no tenía nada que ver con energía, pues su tarea fundamental era la vivienda. Sin embargo, fue el gran impulsor de la energía solar en Colombia. Por sugerencia suya, en casas del Banco Central Hipotecarios instalamos calentadores de agua con energía solar hechos en Gaviotas. Además de El Tunal, en Ciudad Salitre, en un conjunto residencial llamado Sauzalito, instalamos esos calentadores en 1.100 apartamentos, y en Nueva Villa de Aburrá, en Medellín, otro tanto.

El doctor Calderón se refiere en su libro al hospital en Gaviotas que tuvieron que cerrar. ¿Qué pasó?

Que a la luz de la Ley 100 el hospital no cumplía con la nueva reglamentación Pero el hospital en realidad no se cerró, se convirtió en envasadora de agua pura, agua que científicos nipones calificaron como excelsa. Es agua que se vende subsidiada en la región, y en Bogotá la compra el restaurante Wok. Un exdirector de la Organización Mundial de la Salud decía que la salud de un pueblo se mide más por los grifos de agua pura que por el número de camas hospitalarias.

Vale la pena recordar que en Gaviotas el agua brota del subsuelo del bosque de pino tropical que sembraron Lugari y su combo de entusiastas. Cubre 8.000 hectáreas de suelos pobres y su tamaño equivale a 70 parques Simón Bolívar. Se divisa desde un avión como una gran mancha verde. Alrededor de esos pinos renació una gran variedad de especies nativas y crecen árboles, algunos más altos que los pinos. Ese bosque es sostén económico de Gaviotas. De la resina que extrae de los pinos, entre otras cosas, saca trementina,

¿Los 90 libros que cita el doctor Calderón los leyó para escribir el libro sobre Gaviotas?

Leyó todos esos libros porque le interesó la ecología y cuando conoció Gaviotas se metió más en ese mundo y empezó a leer, a estudiar. Leía y subrayaba y comparaba. Organizó en Colombia el Primer Foro Mundial del Club de Roma, dirigido por Aurelio Peccei, que sacudió al mundo con el primer informe sobre ‘Los límites del crecimiento’. Antes de morir, lo último que hizo Peccei fue ir a Gaviotas. “Esto es lo que necesita América Latina”, escribió.

¿Cuál es el porqué del libro del doctor Calderón?

Con el libro, que penetra el mundo de Gaviotas durante 4 décadas, él quiso demostrar que en las condiciones más difíciles, en la inmensidad de la Orinoquia, con recursos económicos limitados, pero con una imaginación ilimitada, existía un ejemplo categórico que demostraba que en el trópico se pueden hacer obras sustentables, al mismo tiempo, en lo económico, lo social y lo ambiental. Y que, si en un lugar lleno de dificultades era posible hacer tanto, eso podría hacerse también en cualquier parte. En el libro él explica cómo se fue haciendo Gaviotas, que corresponde a una filosofía no dogmática, de verdades temporales.

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En la capilla del Gimnasio Moderno, en la despedida del doctor Mario Calderón, Paolo Lugari dijo, entre otras cosas: “En Chinchiná esparcimos tus cenizas para fertilizar los árboles que sembraste en homenaje a tu familia. Regresaste a la piel vegetal de la tierra por cuyo mejoramiento tanto entregaste. No estamos asistiendo a tu entierro, sino todo lo contrario, porque tus sueños, que son los nuestros, llevarlos a cabo siempre será nuestra responsabilidad (...). Tu vida fue una obra de arte (...). Gran viaje, Maestro”.

LUCY NIETO DE SAMPER
ESPECIAL PARA EL TIEMPO