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El calvario de abandonar la extrema derecha en Alemania

En los últimos diez años, miembros de la extrema derecha han buscado ayuda para salir de su mundo.

12 de febrero 2014 , 04:53 a.m.

La decisión de abandonar radicalmente los círculos neonazis alemanes es sólo el principio de un tortuoso camino en el que a las amenazas de los antiguos camaradas se une la incomprensión social y la falta de mecanismos de apoyo públicos.

Tanja Privenau lleva una larga bufanda azul turquesa concienzudamente anudada que le oculta la barbilla, un gorro de lana gris oscuro calado hasta las cejas y unas gafas de cristales redondos tintados demasiado grandes para sus facciones.

Esta alemana de poco más de 40 que hasta hace poco ni siquiera se llamaba Tanja Privenau y podría pasar desapercibida en cualquier calle alemana en invierno, pero llama claramente la atención así vestida, dentro de una sala bien caldeada del centro de Berlín. Sus gestos son suaves: cuando habla mueve las manos para acompañar sus medidas palabras y cuando escucha entrelaza los dedos cuidadosamente y apoya los antebrazos sobre la mesa. Sólo rompe esta imagen tranquila su incapacidad para reclinarse contra el respaldo de la silla durante su encuentro con periodistas, algo más de una hora en la que ella permanece en el borde de su asiento con las piernas en tensión, como si fuese a salir corriendo en cualquier instante. "Entré en círculos neonazis con trece años y allí he estado 20 años. Allí he desarrollado toda mi vida, laboral y personalmente. Gracias a ellos encontré trabajo y conocí a mi marido, allí tuve a mis hijos", confiesa Privenau. "En 2005 decidí abandonar ese mundo junto a mis hijos y el proceso de salida, en los últimos nueve años, no ha sido especialmente fácil ni feliz", relata, para hablar poco después de "el drama de la salida".

Privenau cuenta cómo tuvo que atravesar varios estados federados en busca de ayuda, cómo las distintas administraciones la derivaban a otra ventanilla y le ponían pegas o incluso la rechazaban, mientras su marido le acusaba ante los tribunales por el presunto secuestro de sus hijos y la perseguía con amenazas por el país.

Su caso no es único: en los últimos diez años, de los algo más de 22.000 miembros de la extrema derecha que tienen registrados las autoridades alemanas, varios centenares -no hay datos más concretos- han buscado ayuda para salir de su mundo a través de los servicios secretos y 15 proyectos privados.

El mayor es la ONG Exit Deutschland, un referente en el apoyo y acompañamiento de quienes quieren abandonar la ultraderecha, y que ha trabajado con unas 500 personas desde el año 2000, entre ellas la propia Privenau. El fundador de Exit Deutschland, el criminalista y expolicía Bernd Wagner, considera que a Alemania le queda mucho que mejorar en la facilitación de la reinserción social de neonazis, un proceso el que el apoyo estatal es imprescindible.

Además del respaldo financiero, la administración es la única que puede dotar de una nueva identidad a los arrepentidos de círculos de extrema derecha, un paso clave para poder iniciar una nueva vida y dificultar que sus antiguos camaradas puedan dar con ellos. A su juicio, la reciente sentencia del Tribunal Constitucional en favor de Privenau, que califica de "peligro estructural" las amenazas de la ultraderecha sobre esta mujer, es un paso en la dirección correcta. "Después de muchos años vemos un rayo de luz en el horizonte", asegura Wagner sobre el caso de esta mujer, que ha sufrido violencia doméstica, suma varios reveses judiciales y llegó a plantearse pedir asilo político en Estados Unidos para escapar.

Privenau aboga por una solución estatal "rápida y practicable" para los arrepentidos, para que quienes dudan sobre la opción de abandonar sus círculos neonazis se animen y para minimizar el número de los que regresan a las filas de la ultraderecha ante las dificultades del proceso. Y luego, dirigiéndose a las madres del mundo neonazi, asegura sin perder la calma: "Si no lo hacéis por vosotras, hacedlo por vuestros hijos".

EFE