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Un mundo atravesado

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11 de febrero 2014 , 06:58 p.m.

Querida Puncheta:

Te escribo estas líneas con pluma y papel. Perdona mi retraso en contestar, pero los últimos acontecimientos me han obligado a distraerme en tareas urgentes. No podía aguantar más la zozobra de saberme, como cualquier ciudadano, violado en mi intimidad. La noticia de ‘chuzadas’ me ha impulsado a desconectar mi teléfono fijo, quitarle la pila a mi celular, cancelar mi cuenta de internet, apagar mi wifi y no prender mi computador. Nada de televisión. Tengo cerradas las persianas. No me asomo a la calle.

No, no se trata de simples ‘chuzadas’; todo resulta ser más complicado. Ya sabrás por las noticias internacionales que allanaron un antro o satélite de servicios de inteligencia del Ejército. Aquí tenemos la propiedad de confundir a la gente con explicaciones que solo tienden un oscuro velo sobre los hechos. A todos nos quedaba claro que era la continuación del negocio de ‘chuzar’ a diestra y, por supuesto, a siniestra, para después vender la información a medios de comunicación, partidos políticos, adalides de la oposición o a quien pagara bien.

Pero, mi querida Puncheta, como ‘chuzar’ es un acto criminal, que siempre ha sido así, pero nadie se ha hecho responsable, fue más fácil para el Presidente, con sus consabidas manipulaciones, decir que las interceptaciones son legítimas y son acciones sistemática del Estado. Así, se desdijo de su primera versión, en la que acusaba a fuerzas oscuras, algo así como fuerzas del mal, es decir, Uribe. Yo creo, mi querida amiga, que el Presidente cedió a la presión del Ejército, a la del Ministro de Defensa, que, para este proceso de paz, es algo así como un alacrán en el zapato, y al mismo Uribe.

Pero, Puncheta, no pienses que mis actos de desconexión electrónica son irreflexivos. El peligro es mundial. Después del escándalo de las ‘chuzadas’ de Estado Unidos al mundo, a Obama se le ocurrió decir que no interceptaría el celular privado de la Merkel. Bueno, el privado no, pero nada dijo de los otros.

A nadie le importa la indefensión de nuestros derechos a la intimidad. No son solo las groseras ‘chuzadas’ de los servicios de inteligencia. Fíjate, mi querida Puncheta, que estamos en bancos de datos donde todo se sabe de nuestras vidas; la publicidad, generalmente engañosa, penetra nuestros hogares de manera descarada e ilimitada, sin control del Estado; también se inserta en nuestras mentes con jingles simplistas, con imágenes de hombres y mujeres de photoshop que nunca veremos, con promesas de felicidad si consumimos; se falsifican nuestros documentos; las noticias nos hacen creer que retratan la realidad fielmente; se clonan nuestras tarjetas de crédito; aparecemos en los Facebook y Twitter de otros sin siquiera saberlo, sin querer exponernos en la vitrina pública; a nuestros correos electrónicos llegan propagandas no solicitadas; da susto contestar el teléfono fijo porque en un call center del otro lado del Atlántico alguien nos propondrá extraños productos o servicios de banco o nuevas tarjetas de crédito. Ya tienen nuestro perfil de consumidores. En fin, mi querida Puncheta, perdóname que te recuerde lo que ya sabes.

Sé que es muy radical mi decisión de cortar con cualquier medio que pueda intervenir e interferir mi vida. Por eso, no sé si este mensaje te llegue. Los correos no son confiables y además son caros y lentos. La botella con mensaje tirada al mar es un acto azaroso imperdonable. Espero que un día nos podamos contar esto, tomando un café y procurando que no haya micrófonos ocultos, ni en la mesa de al lado esté un hombre con gafas de sol, gabardina, leyendo disimuladamente un periódico.

Te quiere desde la soledad y aislamiento, tu Punchis.

Carlos Castillo Cardona

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