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Crecen las manifestaciones contra el aumento del transporte en Brasil

Las protestas, inicialmente contra el mundial de fútbol, comenzaron en junio del año pasado.

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11 de febrero 2014 , 12:04 a.m.

El pasado 6 de febrero el camarógrafo Manuel Andrade, de la red de televisión Band, caía gravemente herido por el impacto de un fuego pirotécnico en la cabeza mientras grababa los disturbios entre la policía y los manifestantes que protestaban por el aumento del precio del transporte público frente a la estación Central de Brasil, en Río de Janeiro.

Cuatro días después, el lunes 10, falleció en el hospital, convirtiéndose en la primera víctima periodista de las marchas que empezaron en junio pasado y que prometen no parar hasta el Mundial de fútbol.

Sin embargo, y aunque el clima de manifestaciones sigue intacto, las imágenes de Andrade cayendo entre chispas, y el fatal desenlace, son ya un punto de inflexión en las protestas.

Para empezar, por la indignación de los medios de comunicación, palpable en el homenaje que el propio lunes le dieron sus compañeros periodistas en el mismo lugar donde lo hirieron de muerte. Justamente donde, a la misma hora, se iniciaba la enésima manifestación desde que se supo, hace dos semanas, que el autobús aumentaría un 9%, de 2,75 a 3 reales (de 1,15 a 1,25 dólares).

En la marcha se repitieron las consignas habituales:"Si la tarifa sube, Brasil para", "Ven a la calle contra el aumento" o "Fifa, paga mi tarifa".

Pero por primera vez en muchas semanas la protesta no terminó en violencia. Según varios asistentes, por precaución ante la presión policial y mediática desde el ataque a Andrade.

A las pocas horas del incidente la policía apresó al hombre que suministró el artefacto al agresor, en busca y captura tras ser delatado por el detenido. A ambos les pueden atribuir un delito de tentativa de homicidio, penado en Brasil con hasta 35 años de cárcel.

Hasta ahora no había habido acciones policiales de este calado en el medio año largo de protestas. Pero la situación ha cambiado: de las multitudinarias manifestaciones que llenaron las grandes ciudades en contra de las inversiones faraónicas de la Copa del Mundo se ha pasado a pequeñas marchas de poco más de mil asistentes que sin embargo terminan de forma violenta.

Al principio, el germen del descontento fue precisamente la subida del transporte público, que ahora se retoma con la misma intención que entonces: que los gobiernos locales den marcha atrás y se mantenga -o se baje- el precio del billete.

Sin embargo, la clase política empieza a hacer frente a los manifestantes. La propia presidenta, Dilma Rousseff, ha elevado el tono de sus declaraciones a través de su cuenta de Twitter: "No se puede admitir que las protestas democráticas se desvirtúen por quien no tiene respeto por las vidas humanas. La libertad de manifestación es un principio fundamental de la democracia y jamás se puede usar para matar, herir, agredir y amenazar vidas", afirmó.

Arturo Lezcano

Para EL TIEMPO

Río de Janeiro