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Reelección en la Uptc, ¿para qué?

Profesor analiza tema de candente actualidad en la universidad pública regional.

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10 de febrero 2014 , 09:13 p.m.

Por: Edilberto Rodríguez A*

El jueves ocurrió lo que muchos anticipaban: el Consejo Superior de Uptc reformó en primera vuelta el artículo del Estatuto General que prohibía la reelección, propuesta encomendada desde el sanedrín reeleccionista al representante de los egresados, quien argumentó que ello no favorecería al actual Rector, pese al intenso lobby que este ha desplegado.

Como se rumora en los pasillos de la Gobernación esta es una puja entre el actual inquilino del Palacio de la Torre y un calculador Senador perteneciente al partido de la U…nidad Nacional, quienes, desde sus orillas clientelistas, patrocinan a dos de los aspirantes en ciernes a ocupar un cargo con una capacidad de contratación, a través de cuerpo ajeno. En efecto, la Uptc tiene una matrícula universitaria que bordea los 25.000 estudiantes y un profesorado que rebasa los 1.700 docentes, 66,5 por ciento de los cuales son profesores denominados ocasionales y catedráticos.

El presupuesto anual ejecutado en 2013 superó los $200.000 millones (equiparable al del municipio de Tunja), apropiándose para 2014 $ 178 mil millones, de los cuales los gastos de personal equivaldrán al 70 por ciento de los gastos de funcionamiento. Llama la atención, que al terminar la pasada administración rectoral (2010) la planta de empleados públicos y trabajadores oficiales era de 615 funcionarios, descendiendo en 2013 a 565.

El aumento de los llamados administrativos temporales ha venido copando los espacios de la contratación de personal, a través de las OPS, bolsa de empleo a discrecionalidad del círculo de poder cercano al rector de turno. Un estimativo conservador situaría este gasto de personal temporal en una cifra nada despreciable: $20.000 millones, que cobijaría, según el informe de gestión rectoral de 2012, a 437 administrativos temporales, sometidos a contratos de corta duración para que haya rotación. Es decir, una bolsa ‘para dar y convidar’, que representa el 10 por ciento del presupuesto.

En todo el entramado de la burocracia departamental, hace más de diez años la empleomanía hizo metástasis en la Universidad, adscribiéndose cada funcionario a un desinteresado benefactor externo. Desafortunadamente, hace una década, la Universidad se transformó no sólo en un centro educativo con una oferta académica diversificada, sino también en una apetecible bolsa de empleo, que se la disputan los micropoderes presentes en la depredadora política regional.

Aún más, la apropiación partidista de la nómina universitaria no se queda allí, la contratación de obras y la compra de bienes y suministro es una jugosa fuente para atender, cumplidamente, los compromisos electorales. La contratación, vía inversión en infraestructura física o gastos generales, en 2013 absorbió un poco más del 30 por ciento del presupuesto ejecutado, de lo que se puede inferir que los $60.000 millones de la tómbola de la contratación, atraen como abejas (¡estos si son abejas!) a un panal a los proveedores y contratistas, beneficiarios de licitaciones e invitaciones públicas y privadas, cuyos nombres están en la base de datos de todo rector.

La reforma al Estatuto General no fue una espontánea cabriola de un aprendiz de político provinciano.

No, es una tenaza que sostiene el Gobernador y uno de sus mentores, un Senador que espera impaciente ser llamado a un ministerio en el segundo periodo santista. Tener a cualquiera de sus pupilos administrando la Universidad es clave para mantener un electorado cautivo de canonjías, prebendas y puestos.

En la segunda vuelta de la reforma del ‘articulito’ de marras se definirá cuáles son las apuestas: o el actual rector, que perdió todas las votaciones en la consulta preliminar a su elección, excepto la de, coincidencialmente, los egresados, o un versátil secretario del gabinete departamental, derrotado hace diez años en su intención reeleccionista. Si el choque de ambiciones burocrática es insoluble, la tercería surgirá de uno de los ex rectores más mimados por la administración rectoral.

Al final, sólo habrá un cambio en el nombre del sucesor. Los intereses de los micropoderes fácticos, sea cual fuere su filiación-que para el caso es irrelevante- quedarán salvaguardado. Es la perpetuación de la política al menudeo; es el ‘Caballo de Troya’ de la U…nidad Nacional en la Universidad.

La decisión tomada por el Consejo Superior Universitario-en la que es indefendible e injustificable la vergonzosa posición del Representante de los profesores-, exceptuando el voto del Representante de los estudiantes, es una ruptura del ordenamiento institucional de la Universidad.

La reelección socava la gobernabilidad universitaria de cara a la reacreditación institucional. Los representantes del Gobierno nacional, como se dice coloquialmente, ‘pelaron el cobre’. Su preocupación no es la Universidad como institución académica sino como un nicho de pugnas partidistas y burocráticas.

La reforma al Estatuto general concierne a toda la Comunidad Académica, no a un iluminado sanedrín que tiene las cartas -de la reelección-marcadas.

* Profesor titular de la Escuela de Economía de la Uptc.

BOYACÁ SIETEDÍAS