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Editorial: El fracaso del 'Bronx'

10 de febrero 2014 , 08:29 p.m.

En este mismo espacio resaltamos el esfuerzo que la Alcaldía Mayor y la Policía venían haciendo en la recuperación de la llamada ‘calle del Bronx’, una céntrica zona de Bogotá que por décadas ha sido el escenario donde confluyen los más complejos fenómenos de decadencia social, como el consumo y venta de estupefacientes, indigencia, delincuencia y violencia generalizada, entre otros.

El Distrito, a través de programas de asistencia humanitaria a la población afectada, y la Policía, mediante acciones contra los traficantes de droga y armas, acometieron la tarea de penetrar en las entrañas de este mundo para arrebatarles a las mafias el control de los negocios ilícitos y la captación de una población sometida a toda suerte de vejámenes.

Hasta el Presidente de la República se sumó a la causa y, tras ver los primeros resultados del ‘Bronx’, anunció una intervención decidida a las ollas en todo el país. Un año después se registra, con dolor, que esa política de la Alcaldía fracasó.

Las causas, como lo reconoció el Secretario de Integración, son múltiples: falta de estrategia, de músculo institucional, permanencia y una atención más resuelta a los adictos a drogas duras como el bazuco. Sin duda, la tarea no era fácil.

Al mea culpa del Distrito habría que agregar que la primera falla fue no haberse empoderado del territorio, no haber frenado decididamente el delito, razón por la cual uno de sus líderes terminó asesinado y minó la confianza de la estrategia.

Tampoco se cumplió el pacto adquirido por organismos del orden nacional, como la Dirección de Estupefacientes, que no entregó a la administración local los bienes incautados a los narcos para el desarrollo de programas de asistencia social.

Hay que barajar de nuevo y redoblar la apuesta por el ‘Bronx’. La Alcaldía insiste en el suministro de drogas controladas como fórmula para atacar el problema de los adictos. Pero ahí el debate ha demostrado ser estéril. Hay que ser más creativos, corregir errores, evitar que las mafias conserven su lucrativo negocio justo al lado de las más importantes dependencias del Estado y no permitir que, como lo denuncian los ciudadanos, sigan extendiendo sus tentáculos a otras zonas de la ciudad.

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