Archivo

Se desploma el trasplante de órganos en el país

Falta de donantes y fallas en captación de órganos, entre las causas.

notitle
10 de febrero 2014 , 06:54 p.m.

A juzgar por la evolución de las estadísticas de los últimos cuatro años, poco a poco, la época en que Colombia era uno de los líderes de los trasplantes en América Latina está quedando en el pasado.

Mientras que en el 2009 el país trasplantó 843 riñones, el año pasado apenas se llegó a los 670 y las listas de espera, que cada vez son más largas, incluyen a menos del 5 por ciento de quienes realmente requieren un reemplazo de este órgano.

Al comparar las cifras del último año, la caída total en el trasplante de órganos es evidente: en el 2012 se trasplantaron 1.108 y el año pasado, 956.

“Esto es catastrófico –dice Alejandro Niño, presidente electo de la Sociedad Latinoamericana y del Caribe de Trasplantes–, si se tiene en cuenta que un trasplante es la diferencia entre la muerte y la vida de quienes lo necesitan”.

Germán Lenis Duque, presidente de la Asociación Colombiana de Trasplantes, afirma que si bien los riñones son el órgano más trasplantado, el trasplante de todos los demás, entre ellos hígado, corazón y pulmón, también ha venido decreciendo de la mano de un problema paralelo: la sensible baja en el número de donantes de órganos.

La afirmación de Lenis la ratifican los datos oficiales de la Red Nacional de Trasplantes, que muestran que en el último año la donación cayó un 26 por ciento, dejando la tasa de esta práctica en un crítico nivel de 7,55 donantes por millón de habitantes, cuando se esperaba que el país alcanzara mínimo 18 por millón de habitantes.

“Esto es lamentable –afirma Gilberto Mejía, cirujano y jefe de trasplantes de la Fundación Cardioinfantil de Bogotá–, pues se trata de un quiebre en la tendencia creciente que se registró entre el 2003 y el 2010, cuando el país alcanzó el pico máximo de 12,5 donantes por millón de habitantes”.

Más preocupante todavía –explica la cirujana Jenny Báez Suárez, de Colombiana de Trasplantes– es el hecho de que Colombia ocupaba un modesto lugar en la tabla de donantes a nivel mundial; si hoy se lo compara con países como España, Portugal, Puerto Rico y Estados Unidos, estos llegan a duplicarlo e incluso triplicarlo.

¿Por qué esta merma?

Desde el 2004 existe una ley de trasplantes que, a juicio de expertos, está bien concebida. De modo que la caída en las cifras se explica, en primer término, por la baja donación de órganos. Sin embargo, aclara Eyner Lozano, director del Observatorio de Trasplantes de la Universidad Nacional, no es el único factor.

“También hay que contar –afirma– la falta de educación de la población e incluso de los médicos, quienes, a pesar de tener explícitas las condiciones para que un paciente con muerte cerebral se convierta en donante, varios no tienen claro este concepto, por lo cual se pierden muchos órganos”.

También existe una desidia desde el punto de vista institucional en aquellas clínicas y hospitales que no trasplantan, dado que algunas no tienen la cultura de captar órganos, ni la capacidad para hacerlo, y otras no cuentan con el recurso humano ni técnico, porque eso les representa un gasto que prefieren evitar.

De acuerdo con la nefróloga Paola García, jefa de trasplantes del Hospital San Ignacio, y la cirujana de trasplantes Anabel Sanín, a lo anterior se suma una serie de mitos influenciados por los medios de comunicación que le hacen daño a la donación, y que van desde creer que los órganos son elementos con los que se trafica y se negocia hasta que son solo para trasplantar en extranjeros (véase recuadro).

“El país tiene que entender, a través de grandes campañas, que hoy los órganos y los tejidos de los colombianos son para los colombianos”, dicen.

Lozano insiste en que el sistema de salud ha hecho mucho por poner al alcance de la gente los órganos trasplantados, pero existen problemas operativos serios que impiden que la cadena que se debe seguir desde la captación hasta el trasplante fluya de manera armónica.

Nada se logra, sin embargo, si la donación sigue bajando. Fernando de la Hoz, director del Instituto Nacional de Salud (INS), asegura que este factor y, por extensión, la disminución de trasplantes los ha llevado a ahondar en las causas.

Y entre ellas hay una que llama la atención: una encuesta hecha entre ciudadanos puso en evidencia que persiste la desconfianza de la población sobre la transparencia del proceso de donación.

“Hemos puesto en marcha distintas medidas para resolver esta situación –dice De la Hoz–, una de las cuales es la interacción directa con el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses para facilitar los procesos de captación, custodia, traslado y donación de órganos”.

Para María Angélica Salinas, cabeza de la Red Nacional de Trasplantes, que depende del INS, la reducción en los índices de donación de órganos y tejidos se asocia con el creciente aumento de la negativa de los familiares del potencial donante, especialmente en ciudades como Bogotá.

“Aunque esta actividad creció en los primeros años de creada la Red, esta se concentra en seis de los doce departamentos y existe poco recurso humano dedicado a ella”, dice Salinas.

EPS, también responsables

La hermana María Inés Delgado, presidenta de la Asociación Colombiana de Pacientes Hepáticos y Renales, está convencida, a partir de su experiencia propia, de que las trabas administrativas y las barreras impuestas por las EPS a los enfermos también influyen en esta caída.

De acuerdo con la hermana María Inés, “muchas veces, cuando finalmente estas empresas autorizan el procedimiento, los pacientes ya han fallecido, particularmente en el caso del trasplante de hígado. En cuanto al trasplante de riñón, existen muchas unidades renales que prefieren tener pacientes en diálisis; de hecho, hay alrededor de 23.000, en lugar de garantizarles el derecho de formar parte de la lista de espera, de la que hacen parte ya unas 1.200 personas”.

Médicos, pacientes e instituciones relacionadas con este tema les hacen un llamado al Ministerio de Salud, a las EPS y a la comunidad en general para generar normas, procesos y actitudes que inviertan esta tendencia decreciente.

Los principales mitos

Creencias que impiden donar

‘Los órganos tienen costo y se puede negociar’. Falso. El artículo 15 del decreto 2493 prohíbe todo tipo de compensación económica por la donación de un órgano o tejido.

‘Los órganos que donan los colombianos se los ponen a extranjeros’. Falso. Se priorizan todos los pacientes colombianos inscritos en lista de espera.

‘Hay un mercado negro de órganos que se extraen a la gente cuando fallece, sin autorización’. Falso. Solo se rescatan órganos de pacientes que tienen muerte cerebral o que han fallecido en otro tipo de eventos, con previa autorización y vigilancia del Instituto Nacional de Salud.

Se extraen órganos a personas vivas de manera delictiva. Falso. Solo se extraen cuando se declara muerte cerebral o por una lesión irreversible. En vida se pueden donar riñón y algunas partes de hígado, pero solo cuando el donante es compatible con un familiar.

Seis años esperando

La EPS no le autoriza ingreso a lista de espera

Hace ocho años, a Jeffer N., hoy de 56 años, le diagnosticaron una insuficiencia renal crónica tras mucho tiempo de sufrir tensión alta y diabetes. Entonces se trasladó de Pasto a Bogotá para someterse de inmediato a diálisis, proceso que debe repetir día de por medio.

Dos años después del diagnóstico le informaron que requería un trasplante de riñón, y desde entonces empezó a pedir a su EPS la autorización para el reemplazo de órgano y ser incluido en lista de espera.

“Aunque he acudido a la justicia no he tenido éxito. Mi vida se pasa esperando a que me autoricen un trasplante. Llevo seis años en esta lucha. Mientras tanto, trabajo en lo que puedo, con la esperanza de que Dios algún día se compadezca de mí y logre entrar a la lista de espera para el trasplante”, dice.

‘Se falla en la captación de órganos’

Fernando Ruiz, viceministro de Salud, afirma que además de la baja donación –unida a la coincidente disminución de los trasplantes a extranjeros– la caída en los trasplantes también se relaciona con una falla en el proceso de captación de órganos.

“Además de la percepción negativa de la gente sobre la donación, vemos que los coordinadores del proceso en las regiones en la que está dividida la Red de Trasplantes no siempre tienen estabilidad, y eso lo dificulta. Hay una regionalización que no está estructurada acorde con las necesidades reales de la gente”, advierte. Según Ruiz, la existencia de incentivos difusos y diferenciales para la captación de cada órgano se convierte en una talanquera. Mientras por un riñón se reconoce un millón de pesos, por una córnea ni siquiera los 100 mil pesos, y eso genera “desidia”. Acota que sin desconocer las fallas del Estado, hay bajo interés de algunos hospitales y EPS para incentivar sobre todo el trasplante de riñón, lo que se evidencia en la baja relación entre trasplantados y personas en diálisis.

CARLOS F. FERNÁNDEZ
ANDREA LINARES GÓMEZ
REDACCIÓN SALUD