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Acrobacias de enmascarados en una noche de lucha libre en Bogotá

En una velada de más de dos horas se vivió un espectáculo de golpes, llaves y emociones

10 de febrero 2014 , 12:42 a.m.

Las puertas del salón comunal del barrio San Fernando, uno de los más populares de Bogotá, no se abrieron para la misa. Tampoco había el festejo de un matrimonio o una fiesta de 15 años. El sábado fue de lucha libre. Enmascarados, con patadas voladoras y llaves se robaron las miradas. Fue una velada cargada de emociones, aplausos, vítores y más.

La fiesta de los luchadores comenzó entrada la noche. Antes de que se escondiera el sol, ya los amantes de la lucha empezaron a aparecer para recibir otro episodio más del eterno combate entre el bien y el mal.

Mientras tanto, en la fila de ingreso todo era expectativa. Los niños mostraban con orgullo las máscaras de sus luchadores favoritos. Adentro ya se sentía adrenalina y ansiedad. En medio de una atmósfera de ungüento y sudor, los luchadores se acomodaron sus complicados trajes y calentaron sus músculos para el espectáculo.

Desde que llegaron al lugar, horas antes, se olvidaron de que son mensajeros, obreros y trabajadores del común. Luego de ponerse la máscara, “sagrada para cualquier luchador”, se convirtieron en verdaderos gladiadores. En pocos minutos, el ring que se instaló en el centro del salón estuvo dispuesto.

“Vamos a dejar la vida en el escenario. Vamos con toda: con mente, corazón y valor”, gritó Fishman, recordando la frase de combate de Siniestro, leyenda viva de la lucha nacional, maestro de la mayoría de los guerreros presentes y uno de los invitados especiales de la velada.

Sobre las 7 de la noche todo estaba listo. Los cerca de 500 asistentes se acomodaron alrededor del cuadrilátero. Nadie se quería perder detalle de los combates. En esos momentos apareció sobre el tinglado el animador para calentar la fría noche. Hombres, mujeres, niños y ancianos –de esos mismos que hace décadas no se perdían velada en el coliseo de la Avenida Primera de Mayo con Caracas– pedían a gritos a Gemelo Halcón 2, a Sagitario, a Black Angel, a Fishman y a Dick Misterio, los ‘chachos’ de la noche.

Tras los actos protocolarios de rigor, se apagaron las luces y sobre el escenario cayó un manto de silencio, que se ve interrumpido por las notas estridentes de una ranchera. De un momento a otro, Gemelo Halcón 2 saltó al escenario, tomó el micrófono y entonó los versos de ‘Pájaro pecho amarillo’, de Vicente Fernández. La multitud saltó de sus sillas y aunque disfrutó de la interpretación musical, iban por otro motivo: “¡lucha, lucha, lucha!”, gritó el público.

El primer combate de la noche se anunció. Drako, el dragón naciente, alcanzó la lona de un salto y mientras exhibió sus figuras, aparecieron sus contendores, los hermanos Pig y Jig Saw, representantes de los rudos, quienes en medio de los abucheos del público hacieron su entrada triunfal.

De repente, Drako voló y envió a lona a Pig Saw. Lo agarró por la espalda y mientras lo inmovilizó con una, Jig Saw irrumpió en el ring y le rompió una silla contra la espalda de Drako. El juez, un hombre bajito y menudo, fue lanzado a patadas del cuadrilátero por Jig Saw, para hacer de las suyas.

Mientras Pig inmovilizó a Drako, su hermano Jig le rompió una guitarrita de madera en el rostro. Ese acto lo repitió con la tapa de la llanta de un carro y con las cadenas que le colgaban de la cintura.

Cuando los rudos parecían alzarse con la victoria, un enmascarado de verde cruzó el encordado y, en segundos, acabó con los hermanos Saw. Se levantó poderoso sobre la esquina del cuadrilátero y con sus dedos simuló hacer disparos: era Tony Guerrero, el pistolero del ring, actual campeón nacional y uno de los favoritos de la multitud.

Entre tanto, Fishman, por los técnicos, se enfrentaba al Conde de Boston, quien escondía tras su fachada de anciano venerable una terrible pegada. Patadas y puños iban y venían, pero de un momento a otro el Conde agarró su bastón y se lo rompió en la espalda a su rival. Black Angel, ataviado con sus ropas de ninja, saltó al cuadrilátero igual que Koji Kimura. En segundos eran cuatro luchadores los que disputaban el dominio del ring.

El árbitro, lanzado del escenario por cuarta vez en la noche, descalificó el combate. Eso poco les importó a los peleadores, que sin inmutarse si quiera, siguieron concentrados en acabar con sus rivales. No se rindieron en su objetivo de brindar más espectáculo y ganarse el aplauso o la rechifla de los asistentes.

Fishman, famoso por su vistosa llave del helicóptero, se tomó fotos con los seguidores, besó niños y repartió autógrafos cada vez que fue lanzado del cuadrilátero.

El siguiente combate puso en escena a Sharkman, uno de los más jóvenes. Su agilidad y destreza para las maniobras aéreas son sus mejores armas. De nuevo, el juez Franco trató de controlar un combate sin reglas al que ya se habían sumado Dick Misterio, Koji Kimura y el debutante Enigma.

Mientras tanto, los hermanos Saw hacían las delicias del público golpeando a traición a los peleadores que caían del escenario. Hacían gestos obscenos con sus manos y bailaban sobre las cabezas de sus rivales con especial gracia.

Cuando el reloj marcaba las 9 de la noche, el combate llegó a su nivel más alto. Sagitario, ‘sangre de Rasputín’ y jefe de los rudos, sometió a Dick Misterio. Llaves, sumisiones y patadas voladoras hicieron que los niños saltaran de sus sillas emocionados y que las damas hicieran gestos de repudio. Luego de picarle los ojos con los dedos a Misterio, Sagitario se autodeclaró ganador del combate y se apoderó del micrófono para intimidar a los técnicos y a los asistentes.

“Yo soy el mejor y estoy dispuesto a demostrárselo a cualquiera”, dijo con furia el enmascarado, líder de los rudos. “Cuando quiera y como quiera”, le respondió Tony Guerrero, el héroe de la noche, que subió el nivel del reto y apostó su cinturón de campeón nacional contra la máscara de Sagitario.

Así, en medio de sumisiones y patadas voladoras, los luchadores se despidieron de su público, con la promesa de que regresarían para volver a la acción en un mes.

Fue una noche de lucha libre, de la vieja lucha que tiene sus fanáticos, esos que no pierden la esperanza de que los ídolos del ring vuelvan recargados.

NICOLÁS RODRÍGUEZ
ESPECIAL PARA DEPORMÍO DE DIARIO MÍO