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La bicicleta estática

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09 de febrero 2014 , 08:31 p.m.

¿Qué es lo que no aprendemos, que seguimos repitiendo interminablemente las tragedias de nuestra historia? Esta semana se conoce la dimensión de la amenaza que se cierne sobre los partidos de oposición, otra vez y a pesar de que estamos embarcados en un proceso de paz. ¡Otra vez! ¡Otra vez las ‘chuzadas’! Otra vez la negación. Otra vez la tapadera, las explicaciones inconclusas, las excusas mentirosas, las investigaciones que no llevan a ninguna parte.

Asumiré el riesgo de explicarlo en primera persona: como víctima de las ‘chuzadas’, me siento insultada, revictimizada, harta. Es tal el nivel de cinismo en el que vivimos que no solamente no se han resuelto los escándalos pasados; ahora los están reescribiendo. Ya el máximo responsable de entonces y la única persona con un interés personal y directo y el mando y el poder para ordenarlo, el expresidente Uribe, empieza a reeditar nuestra historia asegurando que no hay “ni una sola prueba de las ‘chuzadas’ ” contra la Corte Suprema y la oposición. Como para agregarle humor al insulto, ahora es él quien señala al gobierno actual del más reciente escándalo, le exige una investigación exhaustiva y que le diga la verdad al país.

Corremos la Vuelta a Colombia en bicicleta estática. No avanzamos, no conseguimos dejar atrás nuestro pasado; las amenazas de siempre regresan para recordarnos que los poderes de facto que se benefician tanto de la guerra harán cualquier cosa para mantenernos en el subdesarrollo. Pero esos poderes no lo serían si no los amparara la certeza absoluta de que nada pasará.

Como en múltiples oportunidades en el pasado, me reafirmo en lo dicho: no avanzamos por la falta de verdad, de justicia. La impunidad es mucho más amenazante que la violencia, apenas una expresión suya. Los hampones cuentan con el viejo principio de gobierno según el cual “el país no está preparado para conocer la verdad”, y con la muy bien fundamentada práctica burocrática que exige tapar y callar, ocultar y negar. Lo advertimos con el entierro de quinta que le dieron al DAS: se robaron todos los aparatos de escucha y la tecnología de espionaje de la que disponían, y todos esos operadores de esa máquina de ilegalidad, un brazo armado del paramilitarismo desde las instituciones, se marcharon para abrir ‘chuzo’ aparte y ofrecer servicios de ‘inteligencia’ privada tras la fachada de empresas legales de seguridad.

Hoy, con motivo del destape de este nuevo escándalo, este desde el Ejército, se confirma lo que sospechábamos: que seguimos en las mismas. Que lo que no se resuelve regresa, para recordarnos que algo estamos haciendo muy mal para ratificarnos que no es posible perdonar, ni reconciliarse, ni pasar la página, ni entender si ANTES no media un ejercicio de verdad franco, realista, comprometido. Hoy es una fracción de los militares la que está usando recursos públicos para ‘chuzar’ la paz y seguramente a todos los que están comprometidos con ella, pero también a la oposición, a las nuevas formaciones políticas y a todo el que represente una amenaza contra ese statu quo tan conveniente para los sectores que cogobiernan gracias al miedo.

Uno esperaría que el señor presidente Santos se rebelara contra ese destino. Si hay una fracción de las FF. AA. que no se acoge al mandato constitucional, la única opción es exponerla, exponer su agenda y a quiénes sirve. De lo contrario, si él, que tiene el poder hoy para descubrir estas verdades, no lo hace, estará involuntariamente contribuyendo a la realización de ese temor que expresaba hace apenas un par de semanas: no estaban escuchando conversaciones para enterarse de lo que pasa y alimentar tertulias amenas. Estaban recabando información para tomar decisiones, en el momento preciso, sobre cómo y dónde asestarle el golpe al proceso de paz.

Natalia Springer