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Israel está en alerta por boicot internacional

Una campaña invita a bloquear el comercio y las marcas de ese país.

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08 de febrero 2014 , 11:09 p.m.

Los trabajadores palestinos e israelíes de la empresa SodaStream, que funciona junto al asentamiento de Mishor Adumim, en Cisjordania, no entienden por qué en los últimos días son noticia.

No comprenden cómo es que el lugar es mencionado en relación con planes de un boicot internacional contra Israel que busca frenar el comercio que de algún modo favorezca la presencia israelí en los territorios palestinos ocupados.

La campaña se llama Boicot, Sanciones y Desinversiones a Israel (BDS), y entre las marcas que pide boicotear están Motorola, Hewlett Packard, Volvo, McDonald’s, Victoria’s Secret y la propia SodaStream, centro de una polémica por cuanto la organización humanitaria Oxfam exigió a la actriz neoyorquina Scarlett Johannson –que se desempeñó durante años como su embajadora de buena voluntad– que rescinda su contrato con la firma porque opera más allá de las fronteras de 1967, en territorios ocupados por Israel.

Johannson aclaró que se opone a boicots y que, además, en dicha planta trabajan juntos árabes musulmanes, cristianos, judíos. La actriz cortó el vínculo con Oxfam, aclarando que ello le dolía, pero que no aceptaría ser presionada.

A esto se suman las sanciones de la Unión Europea (UE) contra las colonias israelíes en territorios palestinos ocupados. El jueves, Oslo anunció que el fondo de inversiones de Noruega, el mayor del mundo, sacó de su lista a dos empresas que participaron en la construcción de colonias israelíes en Jerusalén oriental.

La comunidad internacional considera ilegales todas las colonias en estos territorios palestinos ocupados, independientemente de si han sido o no autorizadas por el gobierno israelí. El embajador de la UE ante Israel, Lars Faaborg-Andersen, dijo a la AFP que, además de las acciones coordinadas de la campaña de boicot, la construcción constante en colonias de los territorios palestinos ha propiciado iniciativas privadas para boicotear productos y servicios vinculados con los asentamientos.

En SodaStream, entre tanto, en medio del ruido de las máquinas y la calma del ambiente general, Yaniv Abuhatzera, israelí, director del Departamento de Plástico, asegura que “los políticos de uno y otro lado tendrían que venir aquí para ver que la paz es posible”.

Firas Basti, de 30 años, árabe de Jerusalén oriental y que trabaja hace un lustro en la empresa, dice: “Donde tenga digna posibilidad de mantener a mi familia, me parece bien trabajar. No me importa dónde está ubicada la compañía siempre y cuando haya igualdad”.

Una mesa es compartida por Abd el Karim (29 años), de la aldea Yaba, e Ilena (54), israelí, judía de origen ruso. Ambos sostienen que al trabajar juntos y conocerse también se derriban mitos y estereotipos peligrosos. “Yo tengo muy claro que conmigo trabaja gente normal, no terroristas”, opina ella.

“Para mí, acá, los israelíes son compañeros”, agrega él.

Más allá del terreno, a nivel de discusión política, todo se torna más complejo. El llamado a boicotear a Israel no es nuevo. Pero el boicot iniciado por ONG y diversas organizaciones palestinas comenzó formalmente por iniciativa de BDS, creado en el 2005 en Ramala. Uno de sus cofundadores, Omar Barghouti, asegura: “Nuestro objetivo es aislar a Israel en todas las áreas, académica, cultural y económica, a fin de alcanzar libertad, justicia e igualdad para todo el pueblo palestino”.

Hace varios meses, al firmarse un acuerdo de investigación científica conjunta con la UE, esta exigió introducir un artículo que especifica que sus fondos de inversión no pueden ser utilizados en instituciones israelíes que funcionan en Cisjordania. Y hay cadenas de supermercados, especialmente en Gran Bretaña y Dinamarca, que marcan explícitamente los productos que provienen de los asentamientos. Esto no está directamente relacionado con BDS, pero sí al ambiente que crea.

Por su parte, el portavoz del primer ministro Benjamín Netanyahu, Mark Regev, afirmó a este diario que no es correcto dar a entender que hay hoy boicot contra Israel. “Tomar a Israel como blanco es no solo inmoral e injusto, sino que tampoco ayuda a la paz. Es que si uno da a entender que la razón por la que hay problemas en Oriente Próximo es solamente el comportamiento de Israel, con ello atrinchera a los palestinos en posturas de línea dura y con eso hace que sea mucho más difícil alcanzar la paz”.

“El boicot no ayuda a los palestinos ni a la paz. Aleja y no acerca. Que inviertan en emprendimientos de pueblo a pueblo, en encontrar a las partes y ver iniciativas que pueden acercar a los dos pueblos. Los que en nombre de una postura propalestina promueven boicot no están siendo realmente propalestinos, sino únicamente antiisraelíes”, concluye Regev.

JANA BERIS
Corresponsal de EL TIEMPO
JERUSALÉN