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Reedición de 'biblia' nazi levanta ampolla en Alemania

Ante liberación de los derechos de la autobiografía de Hitler, se prepara una edición comentada.

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08 de febrero 2014 , 10:33 p.m.

Con minuciosa paciencia y alto grado de perfeccionismo, un equipo de investigadores germanos trabaja para desactivar el impacto y peligrosidad de Mi lucha (Mein Kampf, publicado en 1926), el libro autobiográfico y propagandístico escrito por Adolf Hitler, considerado la ‘biblia’ del nazismo. En 1945, las tropas aliadas entregaron los derechos de autor del libro y otras pertenencias de Hitler al Estado Federado de Baviera (sur de Alemania), que a lo largo de toda la postguerra ha persistido en la prohibición de su lectura y publicación en todo el territorio de habla germana e, incluso, ha librado y ganado numerosas querellas jurídicas contra países que han intentado reproducir el ejemplar original en otros idiomas para su venta y distribución.

No obstante, el tiempo se ha convertido en el mayor obstáculo para mantener Mi lucha fuera del alcance tanto de alemanes como de potenciales editores y lectores globales: los derechos de autor caducarán el 31 de diciembre del 2015, año en el que se cumplen siete décadas de la muerte del dictador. A partir de ese momento, la obra pasará a ser bien común y, por tanto, susceptible de ser reeditada, un escenario que los alemanes no quieren dejar que se desarrolle al antojo de quienes siguen adorando a Hitler y propagando su ideología nazi.

Un grupo de investigadores, científicos e historiadores del Instituto de Historia Contemporánea (IFZ, por su sigla en alemán), con sede en Múnich, trabaja desde abril del 2012 en una edición comentada y contextualizada de la versión original. Su objetivo es anular esa bomba de tiempo mediante su deconstrucción y crítica histórica, literaria y sociológica. Lo hacen acompañados de serias polémicas, puesto que en diciembre el gobierno bávaro decidió retirar el apoyo a la edición que dos años antes había encomendado a ese instituto. No obstante, el IFZ persiste en la tarea y comanda la edición bajo su propia responsabilidad.

El director científico del proyecto editorial, el historiador Christian Hartmann, habló con EL TIEMPO sobre los alcances de esta versión comentada.

Por su trabajo como historiadores, ustedes hacen parte de la minoría que puede tener acceso al libro sin cometer un delito. ¿Cuántas veces lo ha leído?

Incontables veces. Ya lo había leído antes de comenzar el proyecto. Ahora, durante el mismo, estamos trabajando permanentemente en el libro y sobre el libro. Es un proceso supremamente interesante por la distancia que uno va ganando y lo que va encontrando a medida que lo estudia. Me ha impresionado y, al tiempo, casi asustado cómo Hitler estaba apuntando –desde la escritura– a que el desenlace de su dictadura se diera como se dio antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Su antisemitismo, su convencimiento de poder y supremacía germana, su pregón sobre la necesidad de que la Alemania nazi se hiciera a un mayor ámbito vital por medio de la ocupación son algunos factores en los que puede verse a un Hitler ya convencido de lo que quería hacer.

En diciembre, el gobierno de Baviera retiró el apoyo a la edición comentada. ¿Por qué persistir en ella?

El gobierno regional se distanció del proyecto por asuntos políticos y coyunturales; le retiró un posterior apoyo financiero que complementaría los recursos que ya había invertido cuando nos encomendó la edición en el 2012. Esa misión se hizo con el visto bueno y aprobación de diferentes sectores, incluso de la Central de Judíos en Alemania, que coinciden en que una edición crítica y comentada sobre Mi lucha desde el punto de vista académico y con responsabilidad social e histórica es ineludible. Seguimos trabajando en ella porque se trata de una fuente histórica, la más grande, la más profusa y también la más íntima sobre el dictador. El segundo factor, incluso más importante, tiene que ver con un cometido de responsabilidad sociopolítica. Estamos desactivando la fuerza de la simbología que el libro ha mantenido por el hecho de haber sido escrito por Hitler y también por ser un libro prohibido. En algunos sectores de la sociedad es considerada una especie de talismán entre los nacionalsocialistas contemporáneos, y por ello creemos que contrastar su contenido a la luz de investigaciones sobre la veracidad del libro y su contextualización será una herramienta clave, muy decisiva, para contrarrestar ese posible desenfreno frente a la libertad de ser adquirido o publicado, que, de todas formas, será un hecho a partir del 31 de diciembre del 2015.

¿Cree que habrá una oleada de lectores que se abalancen sobre el libro, comentado o no, para leerlo una vez expiren los derechos de autor?

No, ¡tampoco! Sin embargo, es conocido que mucha gente tiende a caer en la tentación de adquirir lo que antes no podía obtener por estar prohibido. Y también es un hecho, altamente deplorable, por cierto, que existen los neonazis, y no solo en Alemania.

Personas que quieren leer ‘Mi lucha’ porque son afines al nacionalsocialismo en Alemania y el resto del mundo no han esperado que se termine la prohibición y lo han obtenido en el mercado negro. ¿Para quiénes es esta nueva edición?

Nosotros somos un instituto de investigación. Nuestro público primario son investigadores, estudiantes, académicos, profesores, etc. Alemania en su postguerra ha desarrollado una vocación fuerte hacia la explicación de la historia, de los sucesos que nos han marcado y de los cuales, desafortunadamente, fue protagonista en el pasado. Esa tradición de formación de criterio histórico ha dado buenos frutos, que se ven en la nueva sociedad que ahora somos y que decididamente se ha concentrado en entender su pasado para gestionar su presente. El objetivo es no solo dejar al garete un documento histórico que, de todas maneras, ya va a pasar a ser un objeto público, sino proporcionar un servicio de interpretación científica que le dé un tratamiento profesional al tema de qué es Mi lucha, de cómo está hecho, es decir, lo deconstruya para que su objetivo propagandístico disminuya.

Muchos alemanes del común no quieren escuchar más de temas sobre la Segunda Guerra Mundial, ver películas al respecto, y tampoco quieren saber más sobre lo que contiene o no ‘Mi lucha’. ¿Qué efecto cree que tendrá una nueva exposición del tema ante la sociedad?

Es verdad que en Alemania se percibe un cierto agotamiento con respecto a confrontar la historia. Ha sido un proceso muy duro de trabajo sobre el pasado. Ese proceso tiene casi 70 años y comienza desde la edad escolar, por lo que es asimilado como una parte de la formación; ese mismo sentido es el que perseguimos: contribuir a la formación histórica y política de las nuevas generaciones. El efecto será contar con una herramienta más y muy útil para enfrentar la realidad de su posible publicación por editoriales que quieran simplemente vender.

¿Cómo define usted ‘Mi lucha’?

Es un libro complejo y largo. Es un híbrido que combina aspectos biográficos con la definición de Hitler sobre su visión del mundo, manual de política nacionalsocialista y propaganda. Mi lucha es el producto de un proceso de autoconocimiento que él llevó a cabo a partir de 1924, cuando tenía 35 años, durante su encarcelamiento a consecuencia del atentado que protagonizó en Múnich.

En prisión, Hitler vertió muchos de los conocimientos y el producto de sus lecturas en ese libro; por ello es un texto caótico y poco estructurado. Él estaba en la nada cuando lo escribió. Había fracasado en su intento de tomarse el poder y se ocupó de sí mismo escribiéndolo, como un proceso de posicionamiento. Lo que se hace muy evidente al leerlo es que Hitler careció de un proceso formativo académico y se nutrió de todo cuanto encontró y le gustó para acomodarlo a lo que él quería.

¿Es un libro sincero o desde el principio era un manual propagandístico?

Es un libro escrito desde el fracaso; por lo tanto, hay pasajes íntimos que lo revelan de esa forma. Él no oculta, sin embargo, lo que quiere y cómo lo quiere. Su antisemitismo está muy presente en esa obra.

¿Se revela Hitler como un hombre culto?

Leído sería la afirmación precisa. Sí, él leía mucho. Un dato interesante es que la biblioteca de Hitler existe en los Estados Unidos, donde fue llevada por los aliados al final de la guerra. Hitler fue un hombre leído, pero lo problemático es que era un diletante, no tenía un sistema de lectura, tomaba los textos que le servían para confirmarse, extraer ideas. Él tomaba con igual seriedad y daba igual importancia a cualquier idea racista, propagadas en panfletos callejeros, como a una obra de Goethe o Schiller. Por ello, su contexto y su producto de libro resultan tan grotescos, confusos y deshilvanados.

¿Hitler era un enfermo mental?

Lo de Hitler no fue patológico. No era un loco. En Hitler tienen encuentro muchos movimientos, tradiciones, creencias de su tiempo, como el antisemitismo, el antibolchevismo, la decadencia burguesa; todo eso está presente. Él no tuvo un sistema de formación, pero no fue un hombre tonto; neurótico sí, pero no un loco. Hitler fue un criminal.

En su novela sobre la infancia de Hitler, ‘El castilllo en el bosque’, el escritor estadounidense Norman Mailer se concentra en investigaciones según las cuales Hitler habría sido el producto de un incesto. ¿Qué tan cierto es eso? ¿Revela Hitler aspectos de su nacimiento en ‘Mi lucha’?

Sí, es correcto. Su padre y su madre eran tío y sobrina, respectivamente, y entre los antecesores también hubo incesto. Hitler no habla con claridad al respecto en Mi lucha; de hecho, cuando se convirtió en canciller, mandó a destruir todos los documentos que comprobaran esos antecedentes, y la Gestapo acabó con todo.

La mitología sobre Hitler también dice que tenía sangre judía. ¿Qué tan cierto es eso?

Aquí en Alemania también cursó esa leyenda y nadie ha podido afirmarla científicamente. Desde la academia la consideramos más bien descartable.

El libro que mandó a editar Hitler salió a la venta en el formato tradicional de la Biblia y casi la reemplazó durante años en Alemania. ¿La nueva publicación va a conservar ese formato?

No. Vamos a publicarlo en un formato normal, para que no se recuerden con él los tiempos en que las oficinas públicas regalaban ese libro como presente de bodas a los recién casados o a los escolares, por ejemplo, cosa que antes del nacionalsocialismo se hacía con la Biblia. Pero el tipo de letra y otros aspectos sí serán como en el original.

¿Cómo van a introducir los comentarios?

Se va a tratar de tres tomos. Habrá una introducción científica e histórica sobre el libro. Al comienzo de cada capítulo vendrá una introducción al mismo y también habrá pies de nota en los que el equipo de expertos comentará, criticará y contextualizará las afirmaciones de Hitler. Se trata de una deconstrucción, en la que vamos a analizar las partes del libro para revelar de dónde vienen esas afirmaciones, cuáles fueron sus fuentes, sus motivos y, lo que es muy importante, también habrá interpretaciones sobre cómo se pueden entender y digerir las afirmaciones de Hitler desde la contemporaneidad y, sobre todo, después de lo que pasó a raíz de su dictadura.

Sin el acompañamiento de la interpretación que van a ofrecer, ¿el libro puede convertirse en un arma para los neonazis?

Sí. Si se publica el libro adaptándolo al lenguaje de hoy, acomodándolo a la visión del mundo que hoy nos rige y acompaña, sí puede resultar muy pero muy nocivo.

¿Qué tan fieles son las ediciones digitales que se están difundiendo de ‘Mi lucha’ en Internet?

No creo que sean falsificaciones del todo. No me he ocupado del caso, pero lo que sé es que son originales adaptados al lenguaje contemporáneo y, como ya he dicho, en parte ciertamente amañadas. Quien tenga la energía criminal para encontrar en ese libro pretextos para su antisemitismo y nazismo, pues los va a encontrar.

PATRICIA SALAZAR FIGUEROA
Corresponsal de EL TIEMPO