Archivo

'A la Iglesia en Colombia le ha faltado estar con los ricos'

El cardenal Rubén Salazar dice que ha sido un error no estar con las clases altas.

notitle
08 de febrero 2014 , 08:53 p.m.

Si Dios quiere, aclara el cardenal Rubén Salazar, antes de que se acabe el año el Gobierno y las Farc firmarán el fin del conflicto armado en Colombia. Lo dice con optimismo, aunque considera que la paz en el país no llegará con el fin del conflicto. El máximo representante del catolicismo en Colombia también habló sobre las directrices del Vaticano sobre sacerdotes pederastas.

La ONU censuró al Vaticano por la impunidad en los casos de pederastia. ¿Qué opina?

Nunca ha habido una política de encubrimiento ni de tolerancia. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI y Francisco han insistido en la tolerancia cero. Ahora, puede que durante una época no se tuviera la suficiente claridad sobre cómo manejar estos casos y es posible que haya casos que no fueran castigados o tomados en cuenta o solucionados.

¿Cómo fue ese manejo?

Es posible que en una época se tuviera la idea de que salvar la condición sacerdotal de un individuo era muy importante y que, por lo tanto, había que ayudarlo a superar unas situaciones de esta naturaleza; se pensaba que se podía corregir. Hoy en día se tiene más claro que son situaciones casi incorregibles y se actúa de una manera mucho más tajante: no se le permite volver a ejercer el ministerio.

Colombia implementa un protocolo para proceder ante los casos de sacerdotes pederastas. ¿De qué se trata?

Es una política preventiva pedida desde el Vaticano, con unas directrices muy claras: si se llega a descubrir tendencias pederastas, indudablemente (el seminarista) no va a ser ordenado. Hay una mayor atención y un acompañamiento permanente para ayudarles a superar las crisis y los problemas afectivo-sexuales que puedan presentar. No se puede permitir que un niño esté con un sacerdote sin la autorización expresa de los padres. Los padres deben estar muy involucrados.

¿Y con las víctimas?

Se motiva a la persona a que denuncie de manera civil, pues no es solo un crimen a nivel de la Iglesia, sino también un crimen civil. Y al tiempo del proceso civil, se hace un proceso eclesiástico para constatar hasta dónde esa situación es irremediable, y si el sacerdote debe ser expulsado. Las víctimas deben recibir reparación.

¿Qué tipo de reparación?

Estamos convencidos de que la reparación no debe ser económica, porque la plata no soluciona ningún problema afectivo; eso no repara el daño causado. Hay que ayudar a la persona a superar su condición de víctima, con una serie de tratamientos en el interior de su familia y su comunidad para que pueda reintegrarse a la sociedad. Pero el responsable es el sacerdote, no la Iglesia como institución.

Por otro lado, ¿qué tan optimista es frente al proceso de paz?

Soy moderadamente optimista. Se ha logrado mantener el derrotero que se había trazado desde el primer momento, se ha sostenido un clima de confianza y los negociadores han demostrado un trabajo serio, que da resultados, pese a los momentos de crisis. Sería realmente inaudito que, después de lo logrado, se echara a perder. Pienso que, si Dios quiere, antes de fin de año vamos a tener la firma de un cese definitivo del conflicto armado con las Farc, y que, mientras tanto, se podrán iniciar negociaciones con el Eln y llegar a acuerdos con ellos.

¿Lo dice porque está informado o por simple optimismo?

Hago cálculos. Si lograron en un año larguito resolver los dos primeros puntos, el de las tierras y el de la participación política, que eran los más difíciles, las piezas gordas, creo que los otros tres puntos que faltan son cuestiones prácticas, de ponerse de acuerdo sobre ciertos procedimientos.

¿Cree que las presuntas ‘chuzadas’ son una amenaza?

Estamos frente a una situación grave. Indudablemente es un atentado serio contra el proceso, pero pienso que los negociadores son lo suficientemente conscientes de la trascendencia inmensa que tiene lo que están haciendo para el futuro del país y van a ser capaces de superar este escollo.

¿Cómo ve que el Ejército esté implicado en ese escándalo?

No hay que decir ‘el Ejército’. Es como cuando se dice ‘la Iglesia’, como si fuera una cosa monolítica y no hubiera individuos en ella. Pienso que puede ser un sector del Ejército, unos personajes, pero no el Ejército como institución. ¿Quiénes son? Eso vale la pena que se investigue y se sepa.

Piden la cabeza del Ministro de Defensa. ¿Qué opina?

Eso es exagerado. Sería como pedir la cabeza del papa porque hay un cura pedófilo. En Colombia somos muy dados al show, nos desbordamos y hacemos crisis; este es un tema que reviste gravedad, pero no podemos convertirlo en una hecatombe.

Usted ha insistido mucho en el posconflicto. ¿Por qué?

El posconflicto no es simplemente el tiempo que sigue a la negociación; es la construcción de un país justo, solidario, fraterno, democrático, que garantice los derechos humanos, que sea capaz de vivir en paz. Y esto es mucho más que desmontar el conflicto armado y prever cómo se reintegrarán los guerrilleros a la vida civil. El país debe sanar esa serie de enfermedades crónicas, que son las que engendraron el conflicto.

También ha dicho que la paz no se limita al cese del conflicto armado. ¿A qué se refiere?

Cuando todas las personas tengan las mismas oportunidades y accedan a todos sus derechos habrá paz. Hay que quitar el andamiaje que sostiene la violencia. Cuando creemos una sociedad con valores compartidos de honestidad y respeto y con capacidad de resolver los conflictos de una manera pacífica, y cuando la democracia sea entendida en su sentido más profundo, en ese momento cesará la violencia.

El papa Francisco ha insistido en una Iglesia pobre y para los pobres. ¿En Colombia cómo se aplica ese punto?

Nosotros –creo que no peco de falta de modestia– hemos comprendido eso desde hace tiempo. Aquí se ha hablado de una Iglesia pobre para los pobres, de una Iglesia para la equidad, para la transformación de la sociedad y entregada a la gente. El hecho de que en América Latina haya nacido la Teología de la Liberación es un índice claro de que la Iglesia, aquí, es del pueblo y para el pueblo, que no es una ONG poderosa, rica y alejada, sino que ya está en las barriadas, con los desheredados. Así que todas las cosas que está diciendo el papa Francisco ya las tenemos en el corazón. En Colombia, si miras el caminar de la Iglesia y vas a las zonas más alejadas, allí encuentras al cura, a una monja, a un misionero laico, una misión católica. Allí, donde no llega nadie, ni el Estado, estamos nosotros. Por el contrario, nos ha faltado una presencia más contundente en las clases altas.

¿La Iglesia, entonces, no ha llegado hasta los ricos?

No de una manera contundente. Estar con las clases altas tiene una importancia muy grande porque en un país inequitativo como Colombia son ellas las que tienen la sartén por el mango. Son las que llegan a los grandes puestos de poder, las que toman las decisiones en la política, la economía, en la vida de la nación. Y allí nos ha faltado una presencia más clara para indicar los verdaderos derroteros que se deben tomar.

Por ejemplo...

En Colombia hemos permitido una economía de capitalismo salvaje. Ahí es donde la presencia de la Iglesia ha debido ser mucho más contundente, mucho más de denuncia y de orientación. No porque seamos expertos en economía; es porque somos expertos en la humanidad.

¿A los poderosos les ha faltado acompañamiento pastoral?

Digo que no ha sido suficiente y que nos ha faltado una mayor presencia para que el Evangelio cale en estas personas, que son las que toman las decisiones.

Cuando se habla de que el papa va a transformar la Iglesia, ¿qué va a cambiar?

Creo que hay que cambiar, fundamentalmente, el estilo. Debemos enfocarnos en el servicio a los demás, especialmente a los más pobres. La Iglesia debe dejar de pensar que tiene que conservar una posición en la sociedad y ponerse a servir.

¿Cree que el papa va a renovar los dogmas?

La Iglesia debe permanecer fiel a sí misma; no es una entidad que pueda reinventarse permanentemente como cualquier empresa. La esencia va a ser la misma, pero se pueden encontrar formas distintas.

Tres temas polémicos

El celibato. “No es problema alguno. Es un don que nos permite vivir con más compromiso.”

Sacerdocio para mujeres. “Hay que lograr una presencia de la mujer donde se toman las decisiones de la Iglesia. Por ahí se abre un campo de participación mucho más amplio que decirles que sean sacerdotes.”

Que divorciados puedan comulgar. “Ese es un punto que el papa puede reconsiderar, pero no para sentar el principio de que no importa que usted se case, se divorcie y vuelva a comulgar y no pase nada. Pero puede haber casos particulares que ameriten un trato diferente.”

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Redactor de EL TIEMPO