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Más votos, menos amenazas

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08 de febrero 2014 , 08:20 p.m.

Las crecientes denuncias por amenazas provenientes de ‘Águilas Negras’, ‘Rastrojos’ y guerrilla contra candidatos y movimientos políticos demuestran que es necesario concentrar la capacidad institucional para proteger el proceso electoral de los ataques de los violentos o anarquistas que, a través de la intimidación, pretenden imponer la fuerza de las armas sobre la fuerza de las ideas.

El principio fundamental de la participación política se apoya en garantías reales que protejan la vida, la integridad, los derechos y libertades de los ciudadanos como actores políticos. Por esta razón, estimamos que es necesario que el discurso presidencial comprometido con un proceso de apertura democrática esté acompañado de una estrategia integral en todo el territorio, donde el conjunto de instituciones del Estado respondan con efectividad a las denuncias que expresan los líderes y los voceros de la comunidad cuando se quejan de amenazas o son víctimas del atentado personal.

La Policía, las Fuerzas Militares, la Registraduría, la Fiscalía y el Consejo Nacional Electoral –y sus tribunales de Garantías y Vigilancia Electoral– han hecho público que se encuentran desplegados en todo el país y han activado en 18 departamentos un sistema de coordinación, que debe dar tranquilidad a candidatos y electores para que se movilicen en su actividad proselitista. Los controles operativos preelectorales, sabemos, estarán encaminados también a detectar a tiempo conatos de trashumancia o trasteo de votos, pues esta práctica corrupta tiene que desaparecer.

Una prioridad garantista debe reflejarse igualmente en la capacidad para auditar y controlar las finanzas y presupuestos destinados a las campañas electorales. Sería inaceptable que a estas alturas fuéramos incapaces de evitar la penetración de dineros de origen criminal en la política y, más aún, tolerar la compra de votos el día de las elecciones.

Otro síntoma que confirmaría que estamos frente a un escenario real de garantías para fortalecer la democracia debería palparse en los espacios abiertos en los grandes medios de comunicación para que los distintos partidos y movimientos expresen sus ideas. Qué bueno sería observar los intermedios en los noticieros de televisión y constatar que se está progresando en algo para contrarrestar la desigualdad informativa.

En este marco, redoblar esfuerzos para que las minorías y los sectores de la izquierda democrática gocen a plenitud de protección en todo el país y compitan en igualdad de condiciones con los partidos tradicionales será una señal inequívoca de que el país avanza en un proceso de tolerancia y respeto.

Por todo esto, insistimos, es importante atender en tiempo real cualquier denuncia que advierta sobre fisuras en las garantías electorales. Resultaría inaceptable que frente a las angustias que produce la amenaza en un proceso electoral, los funcionarios públicos guarden silencio, no condenen públicamente los hechos y permitan la impunidad sobre los victimarios y autores que están destruyendo la participación política.

Ahora bien, un sistema integral de garantías debería convertirse en el antídoto contra la indiferencia y el abstencionismo electoral. La masiva participación ciudadana permitirá cerrarles el camino aún más a los violentos y a esos candidatos que con cifras irrisorias de sufragios se convierten en padres de la patria.

El voto masivo y libre, el respeto por la diferencia y la protección real de los derechos de las minorías nos permitirá avanzar en una democracia de verdaderas mayorías y, de seguro, animaría a muchos colombianos anónimos a lanzarse al ruedo político para contribuir a generar los cambios que se avecinan en la Colombia del posconflicto. El domingo 9 de marzo usted tiene la palabra.

General Óscar Naranjo