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Carriles para buses y ciclas, ¿será? / Voy y vuelvo

Varios expertos dicen que con pedagogía todo se resuelve y citan ejemplos de otras ciudades.

08 de febrero 2014 , 06:09 p.m.

A riesgo de que entremos en un debate insulso, promovido por la ligereza de la Administración al calor del día sin carro, vale la pena dar unas primeras puntadas a la propuesta de los bicibuses en Bogotá. Esto es, destinar un espacio exclusivo por donde transiten buses y ciclistas, dos enemigos acérrimos, la bella y la bestia compartiendo el mismo espacio.

La experiencia indica que, en una ciudad como la nuestra, tratar de embutir a los protagonistas de la movilidad en un mismo espacio no ha funcionado. Por eso se hicieron ciclorrutas sobre el andén. Por eso debió crearse un carril exclusivo para TransMilenio. Por eso y porque intentar crear carriles propios en vías tan estrechas como las nuestras es un imposible. Si en la carrera 50 se arma la que se arma por cuenta del bicicarril que solo se llena en la ciclovía, ni qué pensar de otras zonas.

Se habla de que podría funcionar en horas pico o todo el día. En cualquier caso, los ciclistas estarán a merced no solo de los conductores de los buses del Sistema Integrado, con quienes se compartiría el carril, sino de las motos, los particulares y los otros buses viejos que la Alcaldía ha sido incapaz de sacar de circulación.

La fácil, según les entendí a varios expertos, es la pedagogía. Con pedagogía todo se resuelve, dicen. Y citan ejemplos de ciudades en donde el tema funciona bien, claro, pero donde la ineficacia del transporte público ya está superada. Allá la cultura es pan de cada día, se sanciona al que contamina, la Policía castiga al infractor, los ciudadanos respetan cebras y paraderos y los ciclistas no se salen de su espacio.

Acá no sucede eso. Acá seguimos soportando los buses chimenea, las mezcladoras chimenea, el ruido, la matonería, la imprudencia. Acá muchos ciclistas no usan la ciclorruta por pura pereza, porque prefieren arriesgar la vida; acá los motociclistas acortan calles rodando por el andén; acá a la gente la siguen atropellando debajo de los puentes peatonales y los taxistas se apoderan de carriles enteros, en vías principales, porque no hay autoridad que lo evite. Bienvenida la pedagogía, pero también bienvenida la autoridad.

Todo lo que ayude a usar menos el carro y más la bici, bienvenido. Pero hagámoslo bien. Conseguir que la ciclovía sea lo que es hoy, un espacio de encuentro, repleto de actividades, seguro, donde se puede andar tranquilo con los hijos y la mascota; donde puede hallarse un espacio para tomar jugo o un taller para reparar la bicicleta, nos ha tomado 40 años. Aquí dicen que en agosto demarcarán los carriles. ¡Ay Dios!

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
@ernestocortes28