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La destorcida

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07 de febrero 2014 , 05:08 p.m.

La renormalización penosa de la economía mundial regresa las cosas a su sitio, corrección de lo que fue el contrasentido de recesión en el norte y euforia en el sur. Dentro de la reafirmación del orden nuevo, el capital financiero que va de aquí para allá buscando rentabilidad sometiendo la economía real a la especulación monetaria, a la que se refiere una película como algo que no existe. Los capitales regresan a su hábitat natural abandonando su refugio pasajero en los llamados un poco compasivamente emergentes, provocando desarreglo cambiario, desindustrialización y volatilidad, tónica, por lo demás global, la recuperación menos firme de lo que se venía pronosticando. EE. UU. se recupera vacilante mientras la FED le retira oxígeno al convaleciente; Europa sigue maltrecha sin saber qué hacer con su disparidad bancaria y monetaria, China pierde aliento, con repercusión grave en los exportadores de materia prima. Hay tempestad en Turquía, Rusia, Sudáfrica, India, sin hablar de Argentina y Venezuela; Brasil, temeroso.

Pero si la crisis se declara terminada formalmente, no significa extinción de sus efectos dañinos, empleo y bienestar social los mayores damnificados. Que se diga que lo peor ha pasado no quiere decir recuperación ni crecimiento sólidos. Hay, sí, unanimidad sobre aumento de la desigualdad internacional y nacional con variadas secuelas sociopolíticas. Un experto distingue entre los daños que llevaron a la crisis y los que hubo durante la crisis, y pregunta si se está haciendo algo serio, para empezar sobre los primeros, por ejemplo sobre regulación financiera y, en el caso europeo, sobre una uniformidad bancaria en cuyo retardo ha habido displicencia y que se ve como inevitable. Hay preocupación porque no hay un mea culpa de fondo, ni autoridad global que le ponga freno al frenesí especulativo.

Lo de fondo para estos países es si hay reflexión sobre si hay o no qué hacer con su dependencia, entonces sobre por qué vienen y van las bonanzas y qué sucede, como ahora cuando se despiden; por lo tanto, si se trata de una fatalidad cíclica, cómo prepararse y qué hacer cuando las deparen oscilaciones mercantiles, la suerte o desventuras ajenas. La experiencia es que les irá menos mal ahora en la destorcida a países que han aprendido a manejar con prudencia las vacas gordas; la inversión extranjera no dejará de tenerlo en cuenta cada vez con mayor cuidado.

Colombia ha disfrutado; se verá cómo aguanta dependiendo ahora fundamentalmente de exportaciones de carbón y petróleo e inversión extranjera, gastando demasiado en importar en comparación, con la utilidad de exportar, pero sobre todo su dirigencia política y tecnocrática satisfecha con un modelo en que asuntos estructurales de productividad, competitividad e igualdad son ignorados por atención preferente a coyunturas de factores externos. “Estamos preparados, pero no blindados,” dice un Minhacienda que repite el discurso invariable de una escuela sin sociopolítica.

Jorge Restrepo