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Olga Behar escribe en primera persona en su reciente libro

Ejercer el periodismo durante 38 años le permite recordar sus experiencias en 'A bordo de mí misma'.

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07 de febrero 2014 , 04:40 p.m.

'A bordo de mí misma' es un recuento autobiográfico de la trayectoria periodística de Olga Behar. En el libro, la autora recuerda sus primeros cubrimientos, como el robo de las armas del Cantón Norte, en Bogotá (1978) o su entrevista a Yasser Arafat, cuando quería ser como Oriana Fallaci.

También narra sucesos recientes, como la denuncia que le instauró Santiago Uribe Vélez, a consecuencia de su libro 'El clan de los 12 apóstoles' (2011), una investigación sobre un grupo paramilitar que operó entre 1992 y 1994 en Antioquia.

¿Qué la llevó a contar sus experiencias?

Lo había pedido el editor hacía años, pero no arrancaba por el rezago del periodismo tradicional que enseña a no hablar de sí mismo y dice que lo importante es la noticia, no como la vio uno, sino la información propiamente dicha. En el periodismo de los 60 nos enseñaron a no conjugar los verbos en primera persona, siempre teníamos que hablar en tercera persona.

¿Cómo enriquece los hechos el relato en primera persona?

Contextualizar tiene una importancia para el país y para el ejercicio del periodismo. Permite contar cómo vivimos los periodistas como coprotagonistas de la historia y de los hechos que nos toca cubrir. En el periodismo anterior se nos exigía ver los toros desde la barrera, pero estábamos ahí metidos. Somos parte de la historia del país.

Ahora es más aceptable, con los blogs y nuevas tecnologías...

Las nuevas tecnologías permitieron democratizar la escritura y las reflexiones. A mí me vino antes la decisión de hacer un periodismo de -autor, contrario al mito del periodismo objetivo. Se dio en el momento en que decidí tomar posición.

Usted cuenta que al principio quería entrevistar grandes personajes, como Oriana Fallaci. Y cuando la conoció personalmente, ella misma la inspiró a contar historias de gente común...

Cuando uno está enconchado en un microcosmos local o regional no puede percibir las experiencias de los otros. Tuve tres o cuatro oportunidades iimportantes, como esa, de ver otra manera de ejercer la profesión y aprendí de ellas. Me parece que es la gran conquista de mi vida. Siempre he estado dispuesta a aprender de los demás. Me ha servido para hacer un periodismo diferente.

En su carrera ha tenido que afrontar el exilio y amenazas por su cubrimiento de temas políticos ¿Cómo hace para no darse por vencida?

Aprendí pronto a descubrir que la política tiene gran dosis de mentira, en Colombia mentir parece hábito nacional. Aprendí a leer entre líneas, a descubrir mentiras y contradicciones. Gozaba cuando podía desnudar a un personaje que mentía. Eso no se hace a la topa tolondra, hay técnicas de investigación, capacidad de análisis discursivo y de pruebas y documentos. Está el interés de controvertir, no solo para buscar un balance sino la verdad. Y hay riesgos: quienes detentan el poder no están dispuestos a quedar al desnudo. Las consecuencias se pagan duro: exilio, pérdida de trabajos, la muerte. Es una realidad con la que tenemos que aprender a vivir y a sobrevivir.

A veces solo se tiene la versión oficial, ¿qué hacía en esos casos?

En su autobiografía ‘Mi último suspiro’, Luis Buñuel escribió que para hacer una buena película, había hecho antes nueve malas que le permitían conseguir el dinero para hacer la buena. En términos periodísticos diría que uno hace mucha noticia basura, se tiene que hacer porque forma parte del ejercicio diario, también permite tener la información para realizar buenas cosas. Es un balance. Pero a medida que se adquiriere prestigio o respeto se hace menos “basura” y más cosas buenas.

Aprendió a detectar mentiras, pero ¿recuerda haber caído en alguna?

No con certeza. Cubrí Cámara, Senado y Presidencia. No imagina la cantidad de sandeces que alcanzan a decirle a uno. Cecilia Orozco, en la presentación del libro, dijo que le impactaba que hubiera ejercido el periodismo durante siete presidentes y que ninguno me pareció demócrata, estadista o capacitado. El único que se acercaba no pudo gobernar debido a los narcocasetes. Imagínese lo que es cubrir presidencia pensando que se va a entrevistar a un señor que está gobernando mal, permitiendo que roben. Es duro. En el fondo, estaría dispuesta a darlo todo porque construyamos un país mejor. Pero, todos los días había que publicar cosas que eran hasta un punto engañosas, decían: "Voy a construir carreteras, haré un puesto de salud" y saber que era mentira o que el 20 por ciento del costo se iba en corrupción. ¿Cómo publicarlo sin engañar a la gente? Pues, mostrando la contraparte, buscando la nivelación que permite contar con actitud crítica lo que estos señores hacen. Así lo manejé y en los 70 y 80, muchos políticos temían cuando sabían que estaba en alguna investigación. Ese ejercicio no se puede abandonar.

Se necesita un carácter, un gusto por la adrenalina para hacer periodismo...

Cada uno es dueño de sus miedos a la hora de abordar el ejercicio, respeto a cada uno de mis colegas. Pero no conozco otra manera ética de hacer periodismo, es una tortura personal mía. No se hacer periodismo de otra forma y el día en que aprenda otra será maravillosa porque haré el trabajo con un poquito más de tranquilidad, pero, como dicen mis hijos, me vivo metiendo en líos.

Su libro 'El clan de los 12 apóstoles' tuvo como consecuencia una demanda de Santiago Uribe, hermano del expresidente. ¿Cómo va ese proceso?

Una vez terminada la etapa de investigación, el fiscal toma la decisión de llamar al presunto implicado a versión libre o cerrar el caso. No hemos llegado hasta ahí. No hay un proceso penal en mi contra y creo que depende del proceso madre de los "doce apóstoles", pues, ¿cómo sabe un fiscal si he mentido si la justicia no ha decidido si estas personas delinquieron o no? Mientras no haya un juicio que decida la suerte de las personas del libro, no se puede proceder a la demanda por calumnia.

-¿Le había ocurrido antes algo así?

Es la primera vez en 38 años. Entiendo que el señor está en su derecho de pataleo y en la conciliación, él dijo primero que no quería conciliar, yo iba a decir lo mismo. No tengo nada que conciliar o rectificar. Si tengo que ir a la cárcel o que me condenen a la horca, que así sea, pero no me retracto de algo que creo que sucedió y la prueba son las víctimas cuyos familiares todavía lloran en Yarumal. Entonces, estoy preparada para lo que sea, con la conciencia tranquila. Lo que escribí sucedió. No es un chisme que me contaron.

¿Qué ha sido lo mejor o más grato de su carrera?

Gozo mi profesión. Disfruto cuando hago una buena entrevista. El ejercicio de la escritura es fascinante, tiene una parte emocional fuerte, digamos que si tengo que ir a un lugar y debo ir montada en mula, lidiar con mosquitos o no dormir. Todo eso queda atrás cuando consigo el objetivo. Las mamás dicen que si se acordaran de los dolores no tendrían más hijos. Entonces, cada investigación es un parto. Pero queda ese hijo y cada vez que tengo en las manos un nuevo libro, viene un instante de fascinación que yo misma destrozo regalándoselo a alguien.

¿Por qué?

Porque le temo al egocentrismo de sentirme más que los demás, a creer que llegué al curubito. Entonces ojeo el libro, me salen un par de lágrimas y lo regalo para recordar que lo tuve en mis manos y ahora no tengo nada. Pero estuvo ese momento de fascinación que puede durar 10 minutos o media hora.

Tardó 5 años en decidirse a escribir 'A bordo de mí misma', ¿cuándo tiempo tomó escribirlo?

Cuando se hace un libro hay una etapa de investigación, de construcción de la información que después se va a escribir. Así, duré 38 años construyéndolo. La escritura fue de 10 meses, en los que fluyó. Tuve uno o dos lazarillos en cada capítulo que me ayudaron a ver el contexto, para que no fuera solo mi percepción personal, y verificar que las cosas sucedieron de una manera. Fue la oportunidad de encontrarme físicamente con personas que no veía hacía años y de conocer las familias de otras. Por ejemplo, César López, el músico de la escopeterra, es hermano de Olga López, que fue torturada después del robo de las armas del Cantón Norte. Quería deconstruir este personaje para mostrar cómo el Estado había sido condenado por torturas, el Consejo de Estado nos dio la razón a quienes decíamos que se estaban violando los derechos humanos, lo que me trajo como consecuencia mi primer exilio.

¿Qué reprenta este libro para usted?

Es lo que he querido compartir con las nuevas generaciones. Los 90 fueron la generación perdida del periodismo, porque a los periodistas ya no los exiliaban, sino que los mataban. Y los que quedaron, escogieron otros caminos, como la frivolización, buscar un tono diferente para trabajar en el medio y poder sobrevivir, cosa que pasó también en las dictaduras de Chile y Argentina. La gente del siglo XXI se puede perder por otro motivo: no comprender lo importante que es el ejercicio de la profesión, porque todos, no solo los periodistas, sino los jóvenes, creen que comunican porque son activos en redes sociales, pero lo que marca la diferencia es el buen periodismo y la buena narrativa. Esos son los ejemplos que quiero mostrarles a las nuevas generaciones: las csoas se pueden hacer muy bien, se puede trabajar a profundidad con la efervescencia, el frenesí y la rapidez de las nuevas tecnologías.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO