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'Hackers' hablan de su paso por local fachada de inteligencia militar

EL TIEMPO se contactó con cinco de los muchachos que a lo largo del último año visitaron ese sitio.

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06 de febrero 2014 , 10:10 p.m.

Buggly Hacker, el negocio fachada de la inteligencia militar para hacer seguimiento a objetivos que representan riesgo para la seguridad del Estado, y que quedó bajo el ojo del huracán tras un supuesto desvío de su función, que habría incluido interceptaciones electrónicas a los negociadores del Gobierno con las Farc, se había convertido en sitio de eventos de hackers. (Ver imágenes de las personas que visitaban el local)

Buggly prestaba sus instalaciones a cambio de que al menos dos de las personas del restaurante bar tuvieran acceso a los talleres que los hackers ofrecían. ‘Habemus hacking’ se llamó uno de los primeros eventos, que tuvo lugar en abril del 2013. 

EL TIEMPO habló con cinco de los muchachos que a lo largo del último año visitaron ese sitio. Aseguran que se sorprendieron al verlo en todos los medios de comunicación como el epicentro de una red de espionaje que terminó allanada por la Fiscalía y que tiene a la cúpula de la Inteligencia del Ejército dando explicaciones por un supuesto desvío de su misión.

Los rostros de algunos de ellos, especialistas en seguridad informática y programación de códigos cifrados, han aparecido en las fotos tomadas de las redes sociales relacionadas con Buggly.

Aseguran que le van a pedir al Ministerio de Defensa una declaración pública en la que afirme que ellos nada tuvieron que ver con los militares hoy investigados por supuestos excesos. Los muchachos cuentan que por su talento es normal que militares los busquen para inteligencia. Sin embargo, los que dieron su testimonio para esta nota aseguran que no fueron reclutados por militares.

De Juan Carlos Mejía Durán, quien según las investigaciones fue clave en el montaje de la fachada, dicen que poco se metía con los asuntos de tecnología y que se presentaba como el administrador del restaurante.

Sus supuestos socios –tres hombres y una mujer de entre 25 y 30 años– “sí hablaban el lenguaje del hacking ”, según contaron. “Solo vimos algunos militares en uno de los eventos, del que hay circulando algunas fotos con hombres de camuflado”, dice uno de los hackers.

La fachada estuvo bien concebida, porque muchos de los que frecuentaban el local de dos pisos, en el barrio Galerías de Bogotá, lo vieron como un espacio que antes no tenían para hablar de ‘hacking ético’, actividad que, detectando fallas de seguridad, busca cerrarles espacios a quienes atacan sistemas electrónicos.

“Buggly se nos presentó como una comunidad que apoyaba el software libre y la seguridad informática, y nos dio un espacio para investigar, intercambiar conocimiento y recursos informáticos”, dice otra de las fuentes.

También hubo encuentros de tatuaje, caricaturas, paintball táctico, juegos y hasta talleres sobre seguridad de los niños en internet. Entre los hackers entrevistados solo uno, de 30 años, admitió trabajar con militares, pero no en Buggly.

Le dijo a este diario, sin embargo, que sabía que este local era una fachada. Él visitaba con frecuencia el lugar, pues fue reclutado por militares para otros operativos hacía 10 años.

Anoche, el vicefiscal Jorge Perdomo, dijo que hasta ahora no han aparecido pruebas que permitan afirmar “con contundencia que allí se estaba espiando a los negociadores de paz”.

REDACCIÓN JUSTICIA