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Editorial: Los Olímpicos más custodiados

05 de febrero 2014 , 08:21 p.m.

Este jueves el mundo deportivo –y la humanidad en general– pondrá sus ojos en el Parque Olímpico de Sochi, en Rusia, a orillas del mar Negro. Allí, entre el 7 y el 23 de este mes, se desarrollarán los XXII Juegos Olímpicos de Invierno, a los que asistirán delegaciones de 88 países que han sido regalados por la naturaleza con el manto blanco.

Estarán allí miles de deportistas acostumbrados a competir bajo cero, pero con la sangre hirviendo y el corazón en alto, en todas las hermosas disciplinas sobre nieve y hielo. Hockey, patinaje artístico, patinaje de velocidad, esquí alpino; en fin, 98 eventos en 15 deportes autorizados.

En este certamen se juega mucho más que las medallas. El propio presidente Vladimir Putin ha apostado duro desde cuando asistió, en el 2007, a Guatemala y su país se ganó la sede. Además, estas son –por ahora– las justas de esta modalidad más caras de la historia: 51.000 millones de dólares. Los pasados juegos de Vancouver, en Canadá, costaron 12.000 millones.

Todo está listo. Se compite a partir de hoy y la gran inauguración será mañana viernes. Sin embargo, el gran reto es la seguridad. La amenaza terrorista venida del Cáucaso (Chechenia, sobre todo) acecha las justas. Se revive por estos días la toma del Teatro de Moscú, en octubre del 2002, con cientos de personas, o la otra, brutal, en la escuela de Beslán (Osetia del Norte), en el 2004, donde murieron 370 personas, más de 171 niños entre ellas. Por eso estos juegos de Sochi serán los más custodiados de que se tenga noticia, con unos 60.000 hombres del ejército ruso, los más modernos equipos para la seguridad y operaciones conjuntas con inteligencias de otros países.

Hay que apostar todo a que la tranquilidad sea merecedora de una medalla dorada. Pero es triste tener que hacer semejantes despliegues en torno de una villa olímpica, pues habrá más armas que competidores, cuando el deporte, por sí solo, debería estar por encima de odios raciales, políticos o de viejas venganzas separatistas. Al contrario, la sana competencia debería unir a los pueblos. Es el ideal, pero la cruda realidad es otra y ojalá en 15 días solo hayamos visto la belleza del deporte en los espacios blancos. El color de la paz.

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