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Espionaje electrónico irregular

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05 de febrero 2014 , 06:40 p.m.

El hallazgo por la revista Semana de un lugar hábilmente camuflado para el espionaje electrónico ha sacudido a la opinión pública por sus presuntos entronques con las Fuerzas Armadas y, más que todo, por el objetivo de seguir los pasos de la delegación gubernamental en la mesa de negociaciones con las Farc en la ciudad de La Habana.

Desde la operación Jaque para liberar a un grupo de secuestrados de esta guerrilla, entre ellos Íngrid Betancourt y tres rehenes de nacionalidad estadounidense, fue sabido que existía tal clase de averiguaciones encubiertas y secretas con personal entrenado para cumplir su delicadísima misión. Sin embargo, prevaleció la tendencia a suponer que eran irrepetibles. No se advertía que podía subsistir el complejo aparato de inteligencia e indagación, incluso de orden electrónico, a pesar de claros indicios en cada éxito de acción militar o policial contra el narcotráfico y los diversos grupos subversivos.

Injustificable como fue, desde todo punto de vista, haber invadido órbitas del alto Gobierno, se viene a la cabeza la idea, acertada o desorbitada, de que la subsistencia de un engranaje de ese tipo, también existente en el mando superior de la Policía, del cual el general Óscar Naranjo fue afortunado director, se encuadraba, a pesar de su informalidad, dentro del propósito de combatir los movimientos armados, ilegales e ilícitos. Lo extraño e irregular es que no fuera conocido por el jefe de Estado y los altos mandos militares y gubernamentales, ni menos sus andanzas específicas en cuestiones especialmente sensibles. Saber de antemano las dimensiones y posiciones del enemigo es de la esencia de la estrategia.

Sin pretender cohonestar sus sigilosas conductas, contemplemos la hipótesis de que en parte se las adelantó para cumplir el mandato de combatir las guerrillas mientras no hubiera pleno acuerdo en la mesa de negociaciones. Habiéndose descartado el cese bilateral del fuego, se ha mantenido la orden presidencial de proseguir las hostilidades, procurando el menor número de bajas en las filas de la legitimidad y, por tanto, preservando todos los dispositivos de alerta y combate.

Hasta ahí, se encuentran explicaciones lógicas. Donde resulta y resalta el absurdo es en la intromisión abusiva en la esfera del supremo superior jerárquico y de sus políticas, enderezadas a procurar la terminación del conflicto con las Farc, sin prescindir de los esfuerzos militares por someter, debilitar o diezmar sus filas.

Por lo pronto y mientras avanza la investigación, se ha suspendido, en el ejercicio de sus cargos, al jefe de la inteligencia del Ejército, general Mauricio Zúñiga Campo, y al jefe de la Central de Inteligencia Técnica, de la cual, según se informa, dependía el establecimiento, con fachada de distracción, en el barrio Galerías, de Bogotá. La sensación de una eventual recurrencia de las ‘chuzadas’ del DAS ha inducido a proceder con suma diligencia y a cobrar, transitoria y tentativamente, la culpa en sus cabezas superiores, mientras se aclaran las cosas.

Por supuesto, la interferencia de las comunicaciones y conversaciones no es tan solo de hoy o del cercano ayer. Al presidente Guillermo León Valencia se le tenían intervenidas las que realizaba en su Despacho y aun en la casa Privada del Palacio Presidencial. Si el propósito era tumbarlo, no se logró por su habilidad consumada, su coraje personal y su apoyo en la opinión pública.

También en la administración Lleras Restrepo hubo interferencias telefónicas hostiles, pero ellas se atribuyeron, sin mayores comprobaciones, a elementos incrustados en la Empresa de Teléfonos de Bogotá, dominada a la sazón por la franja opositora de la Anapo.

Abdón Espinosa Valderrama

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