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Sedentarismo que mata

La inactividad física causa el mismo número de muertes que el tabaco.

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05 de febrero 2014 , 05:12 p.m.

Unos ocho mil años antes de Cristo, en el Neolítico, el hombre comenzó a practicar la agricultura y el pastoreo, así que en vez de correr detrás de un animal para conseguir un bocado de comida tenía una huerta que lo proveía de alimento. Pasó de correr y gastar unas cinco mil calorías, a caminar y comer viandas ricas en grasa, harinas y dulce, y a gastar alrededor de tres mil calorías. Pasaron varios miles de años y con la llegada de la industrialización y la entrada de máquinas que reemplazaron su trabajo, su gasto de energía bajó considerablemente.

Hoy, no es diferente. Es una paradoja: los desarrollos tecnológicos, que buscan hacerle la vida más fácil al ser humano, han terminado por volverlo sedentario. El doctor Juan Manuel Sarmiento, director del posgrado de Medicina del Deporte de la Universidad del Bosque, dice que “cada vez queremos movernos menos. Tenemos la posibilidad de hacer compras por Internet, de tener un control remoto para todo, de pagar las cuentas por la página web del banco. En últimas, la tecnología nos facilita la posibilidad de no movernos”.

Este asunto, que podría parecer banal, es de gravísima importancia. Está comprobado que la inactividad física se relaciona con diferentes enfermedades del corazón, como la falla cardíaca y el infarto, derrames cerebrales, obesidad, diabetes tipo 2, depresión y hasta con dos tipos de cáncer: el de mama y el de colon.

John Duperly, especialista en medicina interna, doctor en ciencias del deporte y profesor de la Universidad de los Andes, brinda una interesante estadística: “Algunos cálculos estimados dicen que el gasto de energía actual de la humanidad en petróleo, ACPM, gasolina y electricidad corresponde, aproximadamente, a la epidemia de obesidad. Es decir, esa energía que se gasta en esos tres componentes es la que nos estamos comiendo pero no gastando, porque las máquinas hacen el trabajo por nosotros”.

Las estadísticas son alarmantes. Según un trabajo publicado el año pasado por la revista The Lancet, que tuvo en cuenta datos de 122 países, el sedentarismo es el causante de 5,3 millones de muertes, frente a 5,1 que fueron causadas por el tabaco. Estadísticamente, podría decirse que causan el mismo número de muertes, pues el porcentaje de la población mundial que fuma (26 por ciento) es menor a la de los que no hacen actividad física que, según la investigación, es del 31 por ciento.

Y, como si fuera poco, otro reciente estudio publicado por el 'Journal of Comparative Neurology' ha demostrado que, posiblemente, la inactividad física afecta la forma de las neuronas. Los investigadores tomaron a un grupo de ratones y los dividieron en dos. Los primeros realizaron actividad física en una rueda durante algunos meses, mientras que los segundos se mantuvieron sedentarios. Los científicos concluyeron que las neuronas de los que no habían hecho actividad física tenían unas nuevas ramas, haciéndolas más sensibles y estimulando en exceso el sistema nervioso simpático, lo que podría aumentar la presión arterial y, por lo tanto, desarrollar enfermedades del corazón.

Es clave comenzar

Lo ideal es que desde que los niños son pequeños se les enseñe la importancia que la actividad física tiene para su salud. Sin embargo, nunca es tarde para comenzar a moverse. Lo primero que debe tener en cuenta es que actividad física no es lo mismo que hacer deporte, aunque son dos conceptos que se relacionan.

“El deporte es actividad física, pero la actividad física no necesariamente es deporte –explica Duperly–. La actividad física es todo lo que implique movimiento de grandes grupos musculares; de hecho, hay quienes consideran que estar de pie, comparado con estar sentado, es una actividad física muy leve”.

Caminar es, entonces, una actividad física leve; trotar, moderada, y correr o saltar es considerada como vigorosa. Sin embargo, si usted no es deportista, no tiene excusas para ser sedentario. Como lo explica Juan Manuel Sarmiento, “actividad física es bajarse del transporte público antes de llegar al trabajo y caminar unas cuadras más, usar las escaleras en vez del ascensor, sacar a pasear a la mascota, bailar o jardinear”.

Son actividades muy sencillas que usted puede hacer sin darse cuenta. “Pocas personas saben que un ser humano normal no deportista es capaz de caminar 4 kilómetros en una hora; eso son cuarenta cuadras –señala Duperly–. Hay personas que han descubierto que las bicicletas andan entre 10 y 20 kilómetros por hora y que ese tiempo es menor al que se demoran en transporte público rumbo al trabajo”.

El especialista añade que “otra forma muy sencilla de estar activo es ponerse de pie unas horas al día, por ejemplo, mientras contesto el celular o mando un correo electrónico, o qué tal si cuando voy a almorzar compro algo y me lo como caminando. Está demostrado que esta clase de actividades tienen un impacto favorable en el organismo”.

Por supuesto, para que una persona comience a sentir resultados en su salud y bienestar debe realizar determinado tiempo de actividad física. La Organización Mundial de la Salud recomienda 150 minutos de actividad física a la semana. Lo preocupante es que se estima que el 60 por ciento de la población mundial no la realiza de manera suficiente.

Según la investigación de la revista 'The Lancet', las estadísticas, a nivel mundial, están así: En América, el 43 por ciento no hace suficiente; en África, el 27 por ciento; en Europa, el 34 por ciento, y en el Pacífico occidental, el 33 por ciento. Las mujeres, con un 27 por ciento, son menos activas que los hombres, con un 34 por ciento.

¿Pero por qué la inactividad física nos enferma? La medicina aún trata de entenderlo, pero hay algunos indicios. “Cuando hacemos ejercicio –explica Duperly– se produce una cantidad de químicos que son señales que viajan a través del cuerpo y comunican mejor sus rincones y activan sistemas de reparación y de control y vigilancia de enfermedades. Se han identificado más de 800 genes que se activan y producen proteínas y químicos en una sesión de ejercicio y que tienen efectos sobre todo el organismo: desde el crecimiento del cerebro, la textura de la piel, el control de células cancerosas y la limpieza de las arterias”.

En ese sentido, Juan Manuel Sarmiento advierte que “las arterias tienen un recubrimiento llamado endotelio. La mejor manera de estimular sustancias benéficas para el organismo es con el ejercicio, porque se produce, por ejemplo, óxido nítrico, que dilata las arterias. Si este proceso no se da, en vez de producir sustancias buenas, se producen malas que conducen a la constricción de las arterias y aumentan la posibilidad de sufrir de hipertensión, por ende de problemas cardíacos y, como consecuencia, puede dar un derrame cerebral”.

El fisiólogo de la Clínica de Mayo Michael Joyner propuso alguna vez que el sedentarismo fuera declarado como una enfermedad. Son varios los expertos que lo apoyan, pero además las estadísticas lo demuestran. El sedentarismo, según la literatura internacional, ya está dentro de la primera y segunda causas más importantes de enfermedad y muerte en el mundo.

SERGIO CAMACHO IANNINI