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Coaching en línea

Las redes sociales se han convertido en un espacio para el entrenamiento físico.

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05 de febrero 2014 , 05:11 p.m.

María Isabel Garcés perdió en un año 38 kilos de peso que le sobraban. Ella se lo agradece a Alejandro Carrillo, su asesor de cabecera, médico especialista en obesidad, diabetes y trastornos alimentarios, a quien admira y respeta, pero no conoce. Al menos no personalmente.

Él ha sido su coach de salud y, más que eso, su coach de vida. No se han visto, pero lo conoce por Carolina Cruz, la presentadora de Colombia’s Next Top Model, solo que ella no es amiga de María Isabel, tampoco se han visto y jamás le presentó a Carrillo. Esa es la gracia de las redes sociales. Crear vínculos y afectos en línea. Quizá Carolina no sepa nada de María Isabel, pero esta diseñadora gráfica, de 29 años, sí sabe mucho de la modelo y presentadora, de sus logros y, sobre todo, de algo que –dice–, las identifica: su lucha por mantener un peso saludable.

Que la presentadora retrine los tips que el médico publica en su Twitter le dio confianza a María Isabel para seguirlo por esta red social y arriesgarse a escribirle en busca de orientación. Ese trato impersonal le resultó el más digno y personal. María Isabel, una atractiva paisa de 1,70 metros de estatura, pesaba 134 kilos, por eso se había sometido a un baipás gástrico, “con el que alcancé a bajar cerca de 40 kilos, pero al poco tiempo subí 32, y además estaba sufriendo de un desorden hormonal por ovarios poliquísticos”, apunta. Por ese desorden en su peso y en su vida decidió consultarlo en forma virtual.

“Me fue más fácil ocultarme detrás de un mensaje que someterme a la tortura de la pesa (en un consultorio) o tener que estar cara a cara con un desconocido exponiendo mis temores y necesidades, porque no me creía merecedora de atención alguna”, confiesa Garcés, quien parece otra mujer cuando muestra las fotos de su antes y después de recibir el coaching por red.

No es un caso aislado. Carrillo en su cuenta tiene más de 20.000 seguidores y otro tanto de historias de pacientes felices con los resultados, entre los que se cuenta, por supuesto, Carolina Cruz. Honesto, como lo califican quienes lo distinguen, reconoce que presta un servicio gratuito por Twitter “más por razones altruistas, pero también hay una ganancia personal porque cerca del 25 por ciento de las personas que me hacen preguntas en la red se convierten en pacientes que trato en mi consultorio”, reconoce.

No sucedió con Garcés. Ella vive en Medellín y le escribía al médico, que atiende en Bogotá, en promedio dos veces al mes, reportándole sus avances y cómo se sentía emocionalmente.

Bajar de peso no ha sido su única ganancia. También hubo un “cambio de conciencia. Lo que soy yo, no vuelvo a recurrir a una cirugía plástica”, dice tras recordar la torsoplastia a la que se sometió y en la que “me partieron como ayudante de mago de circo”, anota con humor. Le reconstruyeron el abdomen porque “ya el ejercicio no bastaba para que el músculo tonificara, la piel estaba prácticamente muerta, pellizcaba la que caía como delantal y ni me dolía”, agrega. Fue antes de conocer a Carrillo.

Conciencia en línea

No deja de llamar la atención por qué una persona que no conoce a otra decide creerle lo que dice por la red. Para la psicóloga clínica Ana Isabel Jiménez, la razón no es tan compleja: “Los seres humanos siempre queremos y necesitamos ideales, y esto se conoce como un ideal del yo, alguien a quien imitar. Inicialmente son nuestros padres, pero luego pasan a ser personajes con los que entramos en sintonía, que nos reportan confianza, seguridad y, sobre todo, que nos brindan lo que estamos buscando”. Eso explica por qué Garcés, y como ella miles de personas, cree en otros seres dignos de su admiración.

“Son líderes de opinión y buenos modelos para imitar. Yo por lo menos sigo al Dr. Oz –un popular médico estadounidense–. No lo conozco, pero le creo porque es coherente con lo que dice y hace y, lo más importante, es capaz de mostrarse vulnerable como cualquier otro ser humano”, dice Jiménez.

Este es el secreto de las personas del común y las celebridades que se convierten en coaches: “No se muestran invencibles sino como otro ser humano con problemas, luchas y demonios, que no niegan su realidad sino que tratan de salir adelante”, precisa la psicóloga clínica y coach Nancy Bejarano.

Esa fragilidad y el buen ejemplo resuenan y atrapan en la red. Yessica González lo confirma: “Yo me animaba cuando Carolina Cruz escribía: ‘¡Lista para el gym’, a las 5 a.m.! Y entonces me repetía, ‘Si ella puede, yo también’. Y con ejercicio y los consejos nutricionales del doctor Carrillo he bajado 33 kilos”.

Esa cercanía que genera Internet la tienen clara las mismas figuras, pero también señalan sus peligros cuando no se actúa con honestidad. José Fernández, instructor personal y nutricionista del deporte, admite que las redes sociales han sido fundamentales en el impacto que ha tenido su libro 'Salvando vidas' –primer lugar en ventas en el sector de salud y nutrición en Estados Unidos, Costa Rica, Panamá y Colombia–, pero también advierte sobre la necesidad de que los usuarios no “coman cuento” de todo lo que allí se publica. “Cada día aparecen más supuestos 'coaches' que están utilizando este medio para difundir mala información, y ni siquiera tienen un título ni certificados que validen su experiencia”, dice el puertorriqueño.

¿Y los usuarios cómo pueden advertir que los están engañando? No es tarea fácil, y más en un medio en el que cualquier persona puede crear un falso perfil, inflar su cuenta con un buen número de seguidores y empezar a dictar cátedra de lo que sea. Como insiste Jiménez, “¡no hay que tragar entero!”.

Así como la red facilita navegar por infinidad de temas gracias a su alcance geográfico e inmediatez, alguien que aprecie su salud debe tomarse el trabajo de verificar la información de los títulos y credenciales de quien publica la información, si lo avala y vigila alguna asociación de su ramo, y debe tratar de ponerse en contacto con sus seguidores más frecuentes para intercambiar experiencias que le permitan comprobar la credibilidad del dueño de la cuenta.
‘No la conozco, pero le creo’.

Un proceso a la inversa, pero también efectivo, hizo Yessenia Benavides, quien vive en Alajuela Centro, Costa Rica. Su inspiración inicial no fue una celebridad. Sorprendida por el buen estado físico de una jueza compañera de trabajo de su esposo, le preguntó a qué se debía. “Ella me recomendó ver el trabajo de Nany Sevilla, a quien seguía por Facebook. Yo no sabía de quien se trataba, pero hoy vivo agradecida con esta entrenadora porque soy otra mujer gracias a su asesoría, desde Panamá, y a la de una nutricionista aquí en Costa Rica. Mi autoestima es diferente; he bajado 15 kilos en 6 meses”, dice.

Yessenia es una estilista de 38 años que desconocía las redes sociales, pero con ayuda de su hija de 14 años se matriculó en Facebook y aprendió a manejarlo para seguir las rutinas de la instructora dos veces por semana. “Con Nany no nos conocemos, pero hemos hablado seis veces por el chat. Su apertura ha aumentado mi credibilidad en ella”, agrega.
¿Por qué empezó a creerle? “Ella tiene un supercuerpo y me dije: ‘Bueno, vamos a seguirla a ver qué pasa’. Nany ha sido el motor que me ha ayudado a salir adelante porque ahora me arreglo y salgo más”, añade.

La tan apreciada Nany Sevilla es embajadora internacional de Reebok, quien ha consagrado 27 de sus 45 años de vida al ejercicio. Abogada y presentadora del programa 'Por tu salud', en Panamá, es instructora de fitness, maestra de pilates y campeona nacional de aeróbicos en Costa Rica.

Desde su casa en Panamá, Sevilla no oculta su satisfacción por los cambios que logra en otros. “Mi intención no es que la gente compre más camisetas de la marca que representó sino enseñar hábitos saludables para mejorar la calidad de vida”, dice.

Ella es consciente de que su figura atlética es un poderoso gancho para reclutar seguidores, sobre todo en su cuenta de Instagram, “porque la imagen captura más fácil la atención, y si esta es agradable, inspira”, dice. Pero no es suficiente: “Por más marcadas que tengas las abdominales, lo que sostiene la credibilidad en las redes es el trabajo de tú a tú con los seguidores y la consistencia informativa”, explica.

No se deje atrapar

Internet “puede hacer más democrático el acceso al conocimiento”, pero también es un negocio, como lo reconoce Natalia Amaya, una de las fundadoras de InstaFit, plataforma 'online' de nutrición y ejercicio que se lanzó en Colombia y México, y contempla expandirse en toda Latinoamérica.

“Esta surgió –dice ella– de la necesidad creciente de la población latina de combatir el aumento de la obesidad y el sedentarismo. Observamos que en otros mercados como el americano o el alemán tenían cantidad de alternativas en 'fitness', desde DVD, páginas web, gimnasios, etc., y que el mercado latino estaba bastante desatendido”.

Amaya, de 25 años, con el austríaco Georg Stockinger, el mexicano Oswaldo Trava y la presentadora Mónica Fonseca como aliada, crearon esta plataforma que por 140.000 pesos mensuales se descarga en el celular o tableta y promete cambiar estilos de vida. Y ha tenido acogida. Doce días después de su lanzamiento en Colombia, en enero pasado, contaban “más de 7.000 usuarios, y en México promedian 200 nuevos clientes por día”, asegura Amaya.

La misma Mónica aparece ejecutando los ejercicios. “Yo, como muchas personas, no voy al gimnasio porque no me gusta ni tengo tiempo, por eso me llamó la atención que es posible ejercitarse de otra manera, en la casa o en la oficina, y cambiar hábitos nutricionales. Yo lo estoy haciendo”, dice la presentadora.

No hay duda, con la tecnología se puede llegar a personas que no tienen fácil acceso a un profesional de la salud o el 'fitness'. Es rápida y masiva, pero un arma de doble filo, más cuando quienes trabajan en este tipo de 'coaching' no ayudan a abrir los ojos sobre lo que pone en riesgo la vida. “Es cuestión de ética y responsabilidad social con la comunidad”, precisa el médico Alejandro Carrillo.

Eso es lo que más agradece María Isabel Garcés, su seguidora en Twitter. “Tomé unas pastillas adelgazantes porque una amiga lo hacía, y por andar en esas terminé con problemas del corazón. Me detuve cuando el doctor en un trino señaló los peligros de esa dichosa planta de la que estaban hechas e invitaba a que no se tomará por nada del mundo. Dejé de hacerlo”, recuerda Garcés, que desde los 4 ha sufrido problemas de peso.

Para mantener la línea está el 'coaching' en línea, la mayoría de veces gratis, pero puede salir caro si no se toman las precauciones necesarias. Así como el papel aguanta todo, lo mismo sucede con Internet. “Hay que saber a quién seguir, leer bien antes de ‘creer’ todo lo que se publica y ser muy consciente de la necesidad y el beneficio que se busca. Es como en todo: verificar antes de meterse en una vaca loca, y más si estamos hablando de salud”, enseña Garcés, la paisa asertiva, pero que también contó con suerte porque cayó en buenas manos en la red.

FLOR NADYNE MILLÁN