Archivo

Las encuestas de opinión y lo políticamente correcto

notitle
05 de febrero 2014 , 04:54 p.m.

Las encuestas de opinión política se han convertido en Colombia en un negocio muy rentable, en especial en las épocas de elecciones presidenciales, en el cual se coluden los intereses de las empresas encuestadoras con los medios de comunicación que las contratan.

De esa forma, cada medio se aferra a la defensa de "su encuesta" con expresiones como que es "la más grande, la más completa, la del mejor diseño", y otras bellezas por el estilo. En ese contexto, la opinión pública recibe un aluvión de información a cual más desconcertante, sin tener la capacidad crítica para procesar, digerir y evaluar datos tan diversos, y solo los analistas más avezados son quienes se sienten tentados a emitir pronósticos casi nunca objetivos, pues se acogen, dentro del menú de opciones disponibles, a aquella que está en la línea de sus preferencias ideológicas o políticas.

Colombia todavía no ha entrado en la fase de madurez política para entender que las encuestas son instrumentos de orientación para observar el grado de penetración de un mensaje en ciertos sectores de opinión, fenómeno que se acrecienta cuando los medios las magnifican, porque se las han apropiado, dado que han sido partes contratantes de las mismas.

Aun cuando en Colombia la realización de encuestas y su publicación están reglamentadas por el Consejo Nacional Electoral, es evidente que existen grandes vacíos en lo que concierne al diseño metodológico, en especial al tamaño de muestra utilizado, los niveles de desagregación, factores de expansión, método de recolección, etc.

Tomemos el caso de las dos encuestas divulgadas en la presente semana, una realizada por Datexco y contratada por La W y EL TIEMPO; la otra, por Ipsos Napoleón Franco, llamada ‘La gran encuesta’, contratada por RCN Radio, RCN Televisión, La FM y revista ‘Semana’.

Una primera apreciación es que en Colombia no existen diseños apropiados y rigurosos de muestras sobre votaciones electorales, por lo que ninguna de las empresas que realizan esa actividad se ha atrevido a pronosticar el volumen de votación esperada para cada candidato y se quedan en lo más fácil, que es señalar el porcentaje probable.

De otra parte, en la llamada ‘Gran encuesta’ se dice que se efectuaron “1.008 encuestas ponderadas por nivel socioeconómico, género y rangos de edad con base en la información del Censo General 2005 con proyecciones de población 2013”, sobre lo cual hay que observar que, para tanto nivel de desagregación, el tamaño muestral citado luce bastante exiguo en términos representativos. Así mismo, los encuestadores parecen no haber advertido que los estratos estadísticamente de mayor tamaño, como los 1, 2 y 3, son los que menos participación electoral proporcionalmente registran, por lo que realizar expansiones con base en los estratos socioeconómicos con los cuales trabaja el Dane es una audaz maniobra estadística.

Otra anomalía en la que vienen incurriendo las empresas encuestadoras es la de despachar las dos vueltas electorales con un mismo sondeo y tamaño de muestra, sin advertir que la segunda vuelta es un universo diferente, por lo que es más amplio que el de la primera vuelta. No es sino mirar la diferente cantidad de votos entre la primera y segunda vueltas en los certámenes presidenciales en que ello ha ocurrido, pues lo que normalmente sucede es que gran cantidad de electores que no votan en primera vuelta lo hacen en la segunda, dependiendo de los arreglos y formas de realinderamiento de la opinión en función de lo que decidan quienes quedaron eliminados en la primera vuelta.

Otro aspecto es el del manejo e interpretación de los resultados, en el cual los medios no han sido particularmente cuidadosos; por ejemplo, durante varios ejercicios anteriores se preguntaba a los potenciales electores si estaban de acuerdo con la reelección del presidente Santos, tema que desapareció en la presente encuesta, lo cual es acertado dado que solo afectaba a un solo candidato y podría sesgar la preferencia del encuestado.

Con similar criterio de equilibrio, y en aras de la equidad entre todos los candidatos, no debió preguntarse “¿independientemente de por quién va a votar, quién cree usted que será el próximo presidente de la República?, pues ello solo favorece al Presidente-candidato, quien, por razones mediáticas e institucionales, puede ser más fácilmente asociado con esa eventualidad.

Peores aún son las extrapolaciones hechas en ese escenario por la ‘Gran encuesta’, para hacer elucubraciones, que no pronósticos, sobre las listas al Senado con el sesgo de solo preguntar por unas cuantas cabezas de lista, sin tener en cuenta que algunas de esa listas son cerradas y otras abiertas, como la liberal, en la que igual probabilidad tiene el número uno, Serpa, que el número cien, Galán.

¿No sería bueno que el Dane, en el marco de las buenas prácticas estadísticas, hiciera una pequeña guía metodológica para hacer más fáciles y técnicamente rigurosos esta clase de ejercicios, para una mejor comprensión del gran público?

Amadeo Rodríguez Castilla

Economista consultor

Otras Columnas:


Algunas debilidades de nuestro diseño institucional

José Consuegra Higgins, el economista y humanista