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Editorial: Aún lejos de ganarle la batalla al cáncer

04 de febrero 2014 , 08:01 p.m.

Uno de los precios que la humanidad debe pagar por tener una larga vida es la posibilidad de contraer enfermedades como el cáncer. No es exagerado decir que si los varones vivieran cien años todos sufrirían de cáncer de próstata; suena aterrador, aunque no todos los casos serían mortales.

El aumento de la expectativa de vida, sumado a la urbanización, a más contacto con elementos contaminantes, a los malos hábitos, a la disminución de barreras de protección (como la capa de ozono) y al mayor conocimiento y capacidad de diagnóstico, ha incidido en el creciente número de casos de la enfermedad en el mundo.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (Iarc) califica dicho incremento de “alarmante”, a tal punto que insiste en el urgente desarrollo de estrategias para limitarlo. De acuerdo con el último Informe Mundial de Cáncer de la Agencia, elaborado con estadísticas del 2012 y presentado a propósito del Día Mundial del este mal, ese año se reportaron 14 millones de nuevos casos –tres millones más que los registrados en el 2008– y 8,2 millones de muertes por esta causa. De continuar este ritmo, en dos décadas el número de nuevos diagnósticos podría elevarse a 22 millones y cobrar la vida de 13 millones de personas.

Semejante panorama riñe con los grandes avances científicos en materia de diagnóstico y tratamiento, que permiten, incluso, clasificar ciertos cánceres como males crónicos; tal es el caso de algunos tumores de tiroides, de piel, las leucemias en niños y aun los de próstata.

Ello no significa que la batalla se esté ganando. El 30 por ciento de los cánceres podrían prevenirse con vacunas, buenos hábitos y políticas claras de saneamiento ambiental; otro tanto puede manejarse si se diagnostican y tratan a tiempo. Pero es en estos campos en los que más se falla. Nadie dice que el tratamiento no sea importante, sino que no puede ser el eje de abordaje de la enfermedad.

Colombia tiene todo para mejorar las cifras, incluidas cobertura universal en salud y recursos para tratamientos, pero las injustas barreras que algunos actores imponen y las falencias en los programas de salud pública impiden que, como tendría que ser, haya menos enfermos y muertos por este mal.

editorial@eltiempo.com.co