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Reencuentro de dos maestros etnobotánicos en Univalle

Wade Davis, autor de 'El río', se reunió de nuevo con otra autoridad: Isidoro Cabrera.

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04 de febrero 2014 , 07:23 p.m.

El Apaporis, esa corriente que serpenteante recorre 960 kilómetros en medio de los misterios que aún tratan de proteger los herederos del conocimiento ancestral de la selva amazónica, los unió hace unas cuatro décadas en un primer encuentro.

Isidoro Cabrera, el descubridor de seis especies vegetales en el país, dos de ellas del yagé, tenía más de 50 años cuando conoció a Wade Davis. Ese joven canadiense, de ojos y cabellos claros, llegó a Colombia como uno de los discípulos del reconocido biólogo de Estados Unidos Richard Evans Schultes, estudioso de plantas enteogénicas en el continente americano y a quien Cabrera, un baquiano llanero del Meta, lo acompañó en una travesía de tres años, en la década de los años 50. De esas andanzas por el bosque pluvial del Amazonas, el maestro de Davis y don Isidoro recogieron más de 10.000 especímenes por el bosque pluvial del Amazonas.

El canadiense de Columbia Británica conoció a don Isidoro en la visita que el investigador hizo al Amazonas para estudiar los secretos de la selva. Fue mucho antes de que el hoy avezado etnobotánico y antropólogo escribiera 'El río', en cuyas líneas aparece el llanero con un doctorado honoris causa de la Universidad del Valle. La voluminosa obra revive, en algunos capítulos, los pasos de Schultes por la selva amazónica, que durante un tiempo recorrió con Cabrera y por la orilla del Apaporis.

Y aunque ya han transcurrido unos 40 años desde que Davis y Cabrera se entrevistaron por primera vez, el Apaporis y el recuerdo de las expediciones por sus aguas los volvió a unir el martes. Por eso, el extranjero se estremeció al ver a Cabrera entre el público del auditorio 3 de la Univalle, totalmente abarrotado, que lo escuchó admirado en un conversatorio con el cineasta Antonio Dorado, cuyo documental Apaporis, secretos de la selva, se basó en 'El río'. Davis se mostró nervioso cuando dejó de dar autógrafos, pues en un extremo del recinto lo esperaba el hombre de cuerpo menudo, con una boina crema y vistiendo, como de costumbre, pantalones y zapatos blancos. Solo que el ‘Morichal del estero’, el seudónimo con el que Cabrera solía firmar sus poemas, ya no luce la larga barba que lo identificó en épocas pasadas.

Ese ‘Morichal’, hoy de 91 años, apoyado en Ángel, el cuarto de sus seis hijos, le extendió sus manos temblorosas por el Parkinson al canadiense que se sonrojó emocionado. Ambos se tomaron una fotografía con Dorado y con Néstor Paz, otro autodidacta como Cabrera, con quien trabajó por 30 años y cuyo apellido es el nombre de una orquídea.

El emotivo reencuentro terminó cuando Davis acercó su oído para escuchar una petición del maestro Cabrera: “Que me dé el número de teléfono para llamarlo luego”.

REDACCIÓN CALI