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Con cuatro atrás a Santa Fe le fue mejor adelante... (Opinión)

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03 de febrero 2014 , 07:48 p.m.

Santa Fe aprendió rápido la lección. No podía pretender que a un equipo mexicano como Monarcas Morelia, en su cancha, se le podía salir a jugar con tanta prepotencia, tan expuesto, con tan poca recuperación de balón, y con una suicida línea de tres en defensa.

Salió a jugar con una excesiva ambición y se vio aterrizado de manera brusca. Tanto, que para la segunda parte, ese día, tuvo que reacomodarse. Fue más prevenido. Pasó a jugar con cuatro defensores y se sintió más cómodo, más seguro, más confiable.

Jugar con esos tres defensores –Mina, de la Cuesta y Meza–, le dio resultado frente a un equipo algo inofensivo como Itagüí, en la primera fecha de la Liga, al que goleó 3-0, pese al poco tiempo que llevaba el equipo trabajando ese sistema con esos jugadores.

El equipo se entusiasmó, quiso dar continuidad al esquema, consolidarlo, pero en México quedó demostrado que hacen falta trabajo y partidos para que ese tridente sea garantía. Pasó sustos: lo atacaron con balones cruzados, con pelotazos a la espalda de una zaga imprecisa, y tenía a sus carrileros –Seijas y Otálvaro– algo despistados, ¿marcaban o defendían?

Una variante cambió el partido. El atrevido Cuero por el perturbado Mina. No solo le permitió al equipo sentirse más seguro atrás, con cuatro; sino que encontró movilidad y espacios arriba. No hay porque perder otros 45 minutos este martes.

Sí Santa Fe quiere insistir con Seijas de lateral izquierdo –como ha jugado en la Selección de Venezuela–, si insiste en ubicar a Édison Méndez como volante en primera línea –para ayudarle de atrás a Pérez–, son decisiones que no parecen negociables por ahora; pero, por lo menos, que la defensa sea más confiable. Al fin y al cabo arriba tiene variantes para encontrar la victoria.

Que jueguen cuatro atrás no quiere decir que sea mejor o peor, es solo que, por lo visto en México, se percibe un equipo con un poco más de seguridad, sobre todo hoy, cuando solo sirve ganar, pero evitando un infartante gol en contra.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO