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El día en el que Gael García vio una lluvia de sapos

El actor se reunió con niños de El Pozón y habló de su relación con la lectura y la imaginación.

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02 de febrero 2014 , 11:16 p.m.

Gael García vio una lluvia de sapos.

El coliseo del colegio 14 de febrero del barrio El Pozón, en Cartagena, a 45 minutos de la ciudad amurallada, está repleto de niños, unos 150, ansiosos por conocer al actor mexicano.

Muchos de ellos no sabían que existía, ni siquiera han visto una sola de sus películas. Sólo sabían que se trataba de una celebridad, de un actor de cine muy famoso que iba a visitar su comunidad, un sector marginado de Cartagena hasta donde muchos prefieren no ir -porque queda muy lejos y hay muchos problemas- y ese era un motivo suficiente para emocionarse y sentirse honrados.

García, una de los invitados de honor de la novena edición del Hay Festival, también fue la estrella del Hay Festivalito Comunitario, el evento paralelo que se realiza con niños de las comunidades más vulnerables de la ciudad.

Es sábado primero de febrero. Llegó a las 9:40 de la mañana, 40 minutos más tarde de la hora programada, con una pinta sencilla: pantalón azul de dril, una camiseta gris sin marcas, botas de corte militar, gafas de lentes cuadrados y una gorra. Gael estuvo de fiesta la noche anterior y hasta bailó champeta. Más tarde dirá que hace mucho quería conocer Cartagena y que le hacia mucha ilusión venir al Hay Festival. Y aclarará que no es escritor sino actor, "porque para ser escritor se necesita ser muy inteligente y yo no lo soy".

Adriana Blanco, una de las reporteritas de la Fundación Plan -que organiza el evento- le preguntó cuál fue el momento que más lo marcó en su vida.

Minutos antes había confesado que el mejor papel que había hecho era el de ser padre de sus dos hijos: Lorenzo, de cuatro años y medio, y Libertad, de dos años y medio. "Eso es lo mejor y lo más importante que me ha pasado", dijo con su marcado acento mexicano.

Pero también recordó un episodio de su infancia, cuando con un amigo salió a dar una vuelta en bicicleta pese a que se avecinaba una tormenta. Estaba en la localidad de Dimas, en el estado de Sinaloa, donde vivía la familia de su madre."Era un pueblo muy bonito, en el campo. Había caballos y vacas, y la gente era muy divertida. La tormenta venía, se veía que se iba a poner mal. Empezó a llover muy fuerte y empezaron a a caer sapos. ¡Era una lluvia de sapos! ¿Qué onda, qué es eso? ¿Ustedes han visto sapos que caen del cielo?", narra Gael con emoción en la voz. Los niños guardan silencio, concentrados en el relato, boquiabiertos.

Gael tendría unos 12 años. Tiempo después entendería que esa escena mágica no era un cuento de hadas que cobraba vida ante sus ojos. La lluvia de sapos tenía una explicación científica. Eran una especie de anfibios, muy delgaditos y livianos, que se deshidratan y quedan casi en estado vegatativo, tan frágiles como hojas secas de los árboles que alzan vuelo con un soplo de viento. Un hondo suspiro colectivo e infantil se escuchó en el auditorio.

Gael García les habla a los niños sobre lo inspiradora que ha sido la lectura en su vida. Pero cuenta que sus papás, actores como él, no le leían cuentos de hadas sino libros sobre la historia de México y sobre literatura griega. Recuerda que, con su padre, leyó una biografía del astrónomo inglés Edmund Halley, el hombre que calculó por primera vez la órbita del cometa que lleva su apellido. También les cuenta que, siendo un niño como ellos, tuvo el privilegio de ver esa ráfaga de luz que surca el universo, en promedio, cada 80 años. "Fue en 1986 y ver ese cometa fue increíble", dice y los niños quedan boquiabiertos de nuevo.

Otro de los reporteritos, Andrés Felipe Gómez, le pregunta sobre su relación con sus hijos. Responde que les inventa cuentos sobre caballos azules y perros verdes, sobre personajes fantásticos de colores, y que con su esposa se turna los cuidados: los baña, les da de comer y los duerme sobre sus piernas.

Cuenta también que, aunque sus padres eran actores, nunca planeó ser artista. De hecho, estudiaba medicina. Pero el destino, aclara, lo llevó a convertirse en actor.

Del cine, dice, lo que más le gusta es recordar las grabaciones. "Cuando se graba una película se forma una nueva familia, una fraternidad. Cuando veo mis películas lo hago para recordar esos momentos".

Habla sobre lo importantes que es cultivar la amistad en la vida; les cuenta que uno de sus más grandes amigos, desde niño, es el también actor Diego Luna.

Le preguntan sobre sus películas favoritas y dice que en 'Diarios de motocicleta' se divirtió y aprendió mucho representando una historia fascinante sobre los viajes del Che Guevara por América Latina. También recuerda, con mucho cariño, una película francesa que se llamó 'La ciencia del sueño'. Personificó a un chico un poco triste pero capaz de vivir en sus mundos imaginarios en medio de la realidad. "Los personajes dicen: vamos a ir a la nieve, y aunque es escarcha, sienten que es nieve". Les habla sobre 'Y tu mamá también', pero les aclara que aún no tienen edad para verla.

Gael tiene que irse. Pero no se levanta sin antes decirles a los niños que nunca dejen de soñar. Los niños quieren tomarse fotos con él, lo rodean, lo tocan. Él, que ya ha dicho que no le gustan las fotos, dice sí y los abraza y sonríe ante las cámaras. Se ve complacido.

Gael cumplió con la misión para la que fue convocado por el Hay Festivalito: inspirar a estos niños, que viven en un mundo muy difícil, a que encuentren un mundo mejor gracias al poder de los libros y la imaginación.

José Alberto Mojica Patiño
Enviado especial de EL TIEMPO