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La prematura partida de Seymour Hoffman, un camaleón del cine

El actor falleció a los 46 años. Es recordado por papeles memorables como Truman Capote.

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02 de febrero 2014 , 09:45 p.m.

Philip Seymour Hoffman, de 46 años, ganador del Óscar por Capote y uno de los actores más prestigiosos del cine estadounidense, fue hallado muerto este domingo en un apartamento de Nueva York víctima aparentemente de una sobredosis de droga.

El New York Times, citando a una fuente policial, dijo que los investigadores encontraron una jeringa en el brazo del actor y un sobre con lo que se cree podría ser heroína. Sin embargo, el canal CNN indicó este lunes que al registrar su casa de manera más minuciosa, la policía habría hallado más de 50 sobres con una sustancia que sería heroína.

Este lunes las autoridades forenses de Nueva York iniciaban la autopsia para determinar las razones precisas del deceso del actor estadounidense. Los resultados podrían tardar varios días.

Hoffman había admitido en el pasado numerosos problemas con las drogas durante varias fases de su vida, hábitos en los que recayó el pasado año, cuando ingresó durante diez días en una clínica de desintoxicación.

Según él mismo contó al portal TMZ, había comenzado un año antes a tomar pastillas y había terminado inyectándose heroína.

El guionista David Katz fue quien encontró el cuerpo sin vida de Hoffman en el domicilio del actor, en el barrio neoyorquino de Greenwich Village, y quien alertó a los servicios de emergencia del 911 poco antes del mediodía del domingo, según contaron fuentes policiales al diario The Wall Street Journal.

Cientos de admiradores se acercaron junto al edificio de la calle Bethune en el que falleció el intérprete. “Philip Seymour Hoffman no se quería arrepentir cuando fuera demasiado tarde, por eso trabajó todo lo que pudo, lo mejor que pudo, sin dejar pasar de largo, como declaró alguna vez, lo que pudiera ser importante”, anota el crítico colombiano Hugo Chaparro Valderrama.

“Es una inmensa pérdida para Hollywood y para el cine mundial, porque es uno de los pocos actores de su generación que lograba actuar mucho más desde un universo interior”, anota a su vez el crítico Mauricio Reina.

Para el periodista y también crítico de cine Pedro Adrián Zuluaga, el actor estadounidense se caracterizaba por dejar una marca personal en cada uno de los papeles que interpretó. “Creo que en eso estábamos ante uno de los más grandes actores del momento”.

Precisamente, una de las características que lo llevaron a ser aplaudido en el mundo del séptimo arte fue quizás su presencia decisiva a través de papeles secundarios o de la movida independiente, que prefirió por encima del glamour de los focos y las fiestas de Hollywood. “¿Estrella de cine? Simplemente no puedo identificarme con eso”, dijo en una entrevista en el 2009.

“Su talento fue el de un camaleón que no conoció fronteras ni registros dramáticos para moldear su figura y el ánimo de sus personajes en diferentes historias: infeliz en un mundo de infelicidad según la visión oscura de Todd Solondz, en Happines (1980); como un héroe solitario del rock en Almost Famous (Crowe, 2000); encarnando al divo que fue en vida Truman Capote, capoteado por Hoffman como un nervioso toro de lidia en la memoria que nos dejó Capote (Miller, 2005); haciendo de la traición un estilo grotesco en Before the Devil Knows You're Dead (Lumet, 2007); revelando en cada película un talento que ahora, después de su muerte, hará de él un fantasma, capaz de regresar a la pantalla en su mejor condición de actor ineludible para comprender el cine realizado en la década de los años 90 y en la primera de un siglo donde nos quedamos cada vez más solos”, agrega Chaparro Valderrama.

Su salto al estrellato llegó con Capote (2005), en la que su genial interpretación de la complicada personalidad del autor de A sangre fría le valió prácticamente todos los premios cinematográficos que puede lograr un actor. Además del Óscar, en el 2006, obtuvo el Globo de Oro, el premio BAFTA, el de la Crítica y el del Sindicato de Actores, en una unanimidad poco frecuente en Hollywood.

Recibió otras tres candidaturas al Óscar como mejor actor de reparto, por Charlie Wilson's War (2008), Doubt (2009) y The Master (2013), junto con otras muchas nominaciones. Solo una muestra de la que fue una de las filmografías más completas y de más calidad del cine estadounidense.

Su figura robusta, su rostro amplio, su voz profunda, junto con una manera peculiar de hablar y desenvolverse le confirieron una personalidad especial en pantalla, que se hizo muy apreciada por sucesivos directores de calidad.

Hoffman fue siempre un actor a contracorriente, que disfrutó haciendo películas independientes o de bajo presupuesto, además de que también fue muy activo en el teatro neoyorquino y tuvo dos candidaturas a los premios Tony.

Nacido como Philip Hoffman en julio de 1967 en Rochester (Nueva York), era el tercero de cuatro hijos de un ejecutivo de Xerox y un ama de casa feminista que se divorciaron cuando él tenía 9 años. Uno de sus hermanos es el guionista de cine Gordy Hoffman.

Atleta entusiasta, el fornido Hoffman se involucró en el teatro escolar tras sufrir una lesión y más tarde, en 1989, se graduó en la prestigiosa Escuela Tisch de Arte, en la Universidad de Nueva York, con un premio especial en teatro.

Tras incluir el nombre de su abuelo Seymour en el suyo, hizo su gran debut en la pantalla en 1991, en un filme independiente llamado Triple Bogey on a Par Five Hole.

Pero su primer papel importante fue Boogie Nights (1997), del director Paul Thomas Anderson, con quien trabajó en todas sus películas, menos una.

A partir de ahí, Philip Seymour Hoffman estableció una sólida carrera como un secundario de lujo con una gran personalidad en pantalla que le permitió trabajar con Joel y Ethan Coen (The Big Lebowski, 1998), Anthony Minghella (The Talented Mr. Ripley, 1999, y Cold Mountain, 2003), Spike Lee (The 25th Hour, 2002), Mike Nichols (Charlie Wilson's War, 2007) y Sidney Lumet (Before the Devil Knows You're Dead, 2007).

Pero el estrellato no pareció cambiar mucho su perspectiva del cine, y no dudó en embarcarse en proyectos que lo llenaban, como The Savages y The Master, donde rubricó su habilidad para personajes poco agradables para el público, aun demostrando que también podía ser entrañable como ‘El conde’ en la divertida comedia británica sobre radios piratas The Boat That Rocked (2009).

“Yo creo que su fuerte era esa capacidad para construir personajes con una profundidad psicológica enorme. Se enfrentó a personajes que no eran el típico héroe en blanco y negro, por así decirlo, sino con personajes muy grises, con unas áreas muy contradictorias y paradójicas”, comenta el crítico Pedro Adrián Zuluaga, al resaltar el cúmulo de sentimientos que podía generar el actor en el espectador.

“Su mejor registro era el de interpretar personajes a los que uno, como espectador, no sabía muy bien si odiar o amar. Todos de alguna manera eran personajes en donde uno no sabía cómo moverse en términos éticos o morales, y él sabía muy bien asumir ese tipo de desafíos”, anota Zuluaga.

“Era siempre como un volcán a punto de estallar. Siempre parecía que fuera a hacer algo inadecuado. Eso lo han logrado en el cine figuras de la talla de Marlon Brando y parecidos. Creo que estamos hablando de alguien con muchos conflictos y demonios interiores que los terminó pagando con esta adicción. Pero son esas las personas que cuando logran volcar su arte hacia la actuación hacen de ese universo turbio, conflictivo, tumultuoso un regalo para el espectador, que es lo que vamos a lamentar y a echar muchísimo de menos”, comenta Reina.

La muerte le ha llegado a Philip Seymour Hoffman mientras acababa de rodar The Hunger Games: Mockingjay - Part 2 y todavía estaba sin estrenar la serie televisiva Happyish, del canal de TV pago Showtime, para la que fue productor ejecutivo, igual que en Capote y en otros proyectos.

En el Festival de Venecia de 2012, donde presentó The Master, dijo: “Cada día nos levantamos y pensamos que nos gustaría no vestirnos, ir desnudos por la calle y tener sexo con quien nos apetezca. Pero no podemos hacerlo y por eso todos buscamos algo o alguien que nos domestique”.

Hoffman, quien deja dos hijas y un hijo fruto de su larga relación con la diseñadora de vestuario Mimi O’Donnell, era una figura muy popular en las pequeñas calles y comercios del Village neoyorquino.

De inmediato, las reacciones de estupor de Hollywood al conocerse la noticia no se hicieron esperar a través de las redes sociales.

“Philip Seymour Hoffman ha muerto. Un hombre realmente bueno y maravilloso y uno de los mejores actores de nuestra historia”, señaló en Twitter la actriz Mia Farrow.

“Impactado y con el corazón roto. Qué gran pérdida”, indicó el actor Elijah Wood en la misma red.

El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, también utilizó Twitter para expresar en nombre de la ciudad su dolor.

A pesar de su prematura partida, podría decirse que Philip Seymour Hoffman se fue habiendo hecho bien la tarea. Por eso, como lo anota el crítico Hugo Chaparro, “en la pantalla de cine, la muerte de un actor no existe: su imagen siempre regresa con la plenitud del arte que lo hizo memorable cuando su vida estuvo al servicio de los personajes que interpretó ante el público”.

CULTURA Y ENTRETENIMIENTO
Con información de Efe, AFP y Reuters