Archivo

Editorial: Que vuelvan los cafés

02 de febrero 2014 , 08:08 p.m.

Los pasos acelerados de la modernidad suelen arrasar con todo. El afán por edificar megaciudades hiperconectadas ha dejado en el olvido tiempos en los que la vida iba a otro ritmo. Eran otras épocas y es muy poco lo que de ellas va quedando, con muy contadas excepciones.

Ejemplo de ello son los cafés del centro de Bogotá, esos sitios lúgubres, nostálgicos, que rebosaban humo de cigarrillo y aroma a tinto, y que marcaron toda una época de bohemia, de encendidos debates políticos, de poesía, de filosofía y una variada gama de temas que solían ser dominados por contertulios de lujo. Toda una generación de periodistas y escritores halló allí la fuente que inspiró crónicas memorables. Y que, inclusive con pastelerías de vieja data, son parte de historia capitalina.

Porque, sin lugar a dudas, como lo saben los viejos bogotanos, El Automático, el Café Pasaje, el San Moritz, La Fontana, el Restaurante Café La Romana y muchos más fueron testigos de cómo se armaba y se desarmaba el país en una buena tarde de charlas y conjeturas. Las de los 50 y los 60 fueron las décadas de esplendor para estos lugares, añejos testigos de la transformación de la ciudad y de cómo iba desapareciendo la clientela que les dio brillo: León de Greiff, Juan Lozano y Lozano, Germán Espinosa, Ómar Rayo, Palacios Rudas, Ricardo Rendón... la intelectualidad en pasta.

La buena noticia, según ha registrado este diario en su edición de ayer, es que, por iniciativa del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, varios de estos sitios serán rehabilitados para que vuelvan a ser un lugar de encuentro, de debate, de cultura e inspiración. Con el nombre de ‘Bogotá en un café’, es probable que muy pronto los bogotanos y no bogotanos revivamos con orgullo un pasado que dio luz al devenir de la nación.

Todo hace parte de un programa iniciado por la Alcaldía Mayor para revitalizar el centro de la capital. Lo propio han hecho ciudades como Lima, Quito y Buenos Aires, cuyos centros históricos se cuentan hoy entre los principales atractivos turísticos para todas las generaciones. Bogotá está en mora de hacer lo mismo. Es una apuesta necesaria, que vale la pena respaldar.

editorial@eltiempo.com.co