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Una ronca con encanto / El otro lado

Una actriz juvenil contundente, un arte que recupera ese Cali de dignidad y una realización decente.

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02 de febrero 2014 , 05:48 p.m.

Llegó La ronca de oro con sus rancheras y desparpajo de mujer guerrera. El televidente se emocionó, cantó y se dejó seducir. Es bonito verla: bien hechecita, una actriz juvenil contundente, un arte que recupera ese Cali de dignidad y una realización decente.

Somos una sociedad que le encanta cantar, bailar, tener tumbao y vivir con ritmo. De ahí nos viene esa alegría que nos identifica. Y con La ronca de oro se confirma que apostarle a la música popular y a esos ídolos que se hacen a sí mismos es una apuesta segura de la teleficción colombiana. Diomedes, Joe Arroyo, Rafael Orozco, Escalona, Marbelle... y seguimos cantando.

En un país sin oportunidades, la música es una de nuestras formas más bonitas de salir adelante.

La historia es impactante: a Helenita Vargas le tocó muy duro pero no perdió la alegría. Contra familia, religión y acosadores sexuales, ella le puso alma y vida a su deseo e hizo lo que quiso ser. Ana María Estupiñán hace un personaje más allá del estereotipo y más cerca de la verdad. Encanta, no por divina o parecer modelo, sino porque le dio alma a una mujer que se la juega toda por su destino. Encantador personaje.

Los actores, muchos desconocidos, hacen una buena representación de los modos de ser de esa época de machismo total. Leonardo Acosta, el señor que interpreta al abogado que busca seducir a Helenita –la mejor amiga de su hija– hace una excelente representación del ambiguo villano. Por el lado de los reconocidos: Laura García y Luis Fernando Montoya logran contarnos a un matrimonio de estilo colombiano. Se les cree, se les sufre y se les respeta.

El arte de la obra es muy interesante y verosímil. Esa Cali de grandes casas y rituales familiares, de autos y objetos que narran historias por sí mismos; ese vestuario y rostros de dignidad marcan un tono muy bonito en la realización. La edición, gracias a dios, no se la pasa en video-clip sino que deja mirar y degustar a los personajes y las situaciones.

Todo tiene sentido porque hay una historia para contar: la de una mujer que tenía un sueño de cantar y encantar y que luchó por llegar a ser esa artista que había imaginado. Y un referente donde la Colombia popular se encuentra: la ranchera, esa música que sin ser de acá, nos marca en nuestra sentimentalidad. Somos una gran mexicanada: exagerados, sentimentales, vengadores, amorosos, corporales, apasionados, guerreros y entrañables como toda ranchera que se respete.

La ronca de oro es un melo-musical fácil de ver y gustoso de disfrutar. Y se agradece.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión