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Los mitos del sexo que la ciencia desmonta

El bioquímico español Pere Estupinyà se sometió a experimentos científicos para escribir 'S=ex2'.

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01 de febrero 2014 , 10:08 p.m.

“Cuando finalmente acepté participar en el estudio de Barry Komisaruk, mi principal preocupación era si sería capaz de estimularme manualmente hasta llegar al orgasmo bajo un escáner que medía la actividad de las diferentes partes del cerebro. Pánico escénico y obvio pavor por el ‘gatillazo’ ”.

El bioquímico y escritor Pere Estupinyà se sometió a experimentos como ese, recorrió ciudades explorando el sexo tántrico, los swingers, el sadomasoquismo...Todo, por escribir S=ex2. La ciencia del sexo, un libro de 500 páginas en el que desmonta algunas creencias sobre la sexualidad de hombres y mujeres y del que habló en el Hay Festival de Cartagena.

“Estás tú solo y el escáner, dos ventanas cerradas y los científicos te van dando instrucciones: entonces estimúlate, ahora tócate de manera suave, ahora más fuerte, durante una hora y media hasta que te dicen ‘bueno, ahora empieza a masturbarte’ y tú dices ‘¡puf!’. Ellos solo ven el cerebro”, cuenta Estupinyà sobre su experiencia. La historia de cómo comenzó a escribir su libro (el tercero, pues antes publicó El ladrón de cerebros y Rascar donde no pica) suena tan extraña como algunos de los capítulos: ‘El traicionero efecto del alcohol en la excitación o el orgasmo’, ‘Orgasmo según la distancia entre el clítoris y la vagina’ o ‘Sexo en la naturaleza, ¿por qué los patos tienen pene y los gallos no?’.

“Estaba paseando por la sesión de pósteres del congreso de la Society for Neuroscience en Washington en el 2008, cuando de repente leí el título ‘Clitoral stimulation induces for activation in the rat brain’.

Saber que una universidad investigaba el clítoris de las ratas para estudiar los mecanismos neurofisiológicos de la respuesta sexual le dio el indicio de que debía explorar la amplitud del tema sexual.

Desde ese momento, viajó a todos los congresos de sexología posibles, entrevistó a psicólogos, antropólogos, terapeutas, sociólogos, biólogos evolutivos y neurocientíficos expertos en sexualidad. El resultado es una obra escrita en primera persona, pero sin olvidar los datos científicos.

S=x2 tumba algunos mitos sexuales y hace planteamientos sobre la monogamia y la infidelidad, entre otros. Una de las ‘mentiras’ que aborda es que hombres y mujeres vivimos el sexo de formas muy diferentes. “Somos muy parecidos en términos de sexualidad. Si miras la estructura de los genitales, el pene y el clítoris vienen del mismo desarrollo embrionario”, dice; y recuerda que cuando a él le analizaron el cerebro mientras se masturbaba en el laboratorio, encontraron que su respuesta sexual fue idéntica a la de las mujeres. Se activaron las mismas zonas cerebrales, sin diferencia.

Pero hay otro mito que está relacionado con el anterior, y es que los hombres, a diferencia de las mujeres, no son multiorgásmicos. “La reacción de un orgasmo viene de los mismos nervios, y los hombres también pueden ser multiorgásmicos, así como las mujeres también tienen periodos refractarios”, explica.

En el ámbito social, aclara el escritor, hombres y mujeres cada vez se parecen más en cuanto a su relación con el sexo. “Se están acercando las posiciones de las mujeres y los hombres en cuanto a sexo casual, por ejemplo. Hay estadísticas que indican, por ejemplo, que hay chicas que dicen ‘yo también quiero’ ”.

En todo caso, agrega que las diferencias entre hombres y mujeres no tienen que ver con el deseo sexual, sino con la inhibición. “Los niveles de excitación menos inhibición son como una balanza. La excitación, las ganas de tener sexo en las mujeres no son tan diferentes de las de los hombres. Lo que cambia es el freno que hay en ellas”.

Estupinyà ya no habla con pudor, pero tampoco juega al morbo y explica que hay diferentes tipos de orgasmos: “En mujeres vieron que en el cerebro se activan diferentes zonas cuando tocas el clítoris por la parte interior de la vagina, que por fuera. Eso explica por qué hay diferentes orgasmos, el clitoriano o el vaginal”.

Y un mito más. Por si los lectores creen que el alcohol sirve al sexo de ellos o de sus parejas: “El alcohol quita la inhibición. No nos excita. Te hace sentir más excitado porque te desinhibe, pero en realidad deprime el sistema nervioso central. Muchas mujeres si han bebido, no pueden tener un orgasmo, y a muchos hombres no les funciona”.

‘Es algo irracional’

Pero si hay alguna conclusión que Estupinyá repite es que el “sexo es algo irracional”. Para ratificarlo, un ejemplo: durante un experimento, varios hombres veían fotos de mujeres que habían tenido sexo con 10 hombres sin preservativo en los últimos meses. La respuesta inicial era obvia: ‘Ni loco’. Hasta que aparecía una foto de una mujer muy atractiva. “Y ahí el cerebro empieza a dudar, te dices ‘seguro escogió bien las parejas’ o ‘seguro que si me pongo protección, no pasa nada’. Te autoengañas porque la parte irracional de tu deseo te dice que te gusta”.

Los experimentos que identificó el autor del libro dan para todo. Incluso para saber si el sexo sin compromiso puede llegar a enamorarnos.

“Por un lado, los que estudian las hormonas dicen que después del orgasmo segregamos mucha oxitocina, que te hace sentir bien con tu pareja, y esta es la base de pensar que aunque no te conozcas con esa persona y hayas tenido un orgasmo muy intenso, puedes tener esa sensación de apego, pero después hay un estudio en el que preguntan por ese tema: un porcentaje de 20 o 30 por ciento de encuentros casuales termina en algo serio”.

La infidelidad no podía quedar por fuera. Y las noticias no son alentadoras.

Según explica, hay dos formas de monogamia, la social y la sexual. La social es la que tienen los pájaros, por ejemplo, que es formar parejas para cuidar a los hijos juntos.

“Pero son infieles, es decir, no hay monogamia sexual. Y no existe ninguna especie animal que lo tenga. Entonces somos monógamos, infieles y celosos. Tenemos tendencia a formar parejas, pero tenemos deseos de ser infieles y no nos gusta que la otra persona lo sea: esta es la parte biológica. La cultural nos dice que la infidelidad es mala, tenemos que ser monógamos absolutos”.

Estupinyà menciona lo que llama la subcultura de los swingers, “que cohesiona esta monogamia social con la sexual”, en contraposición con los que hablan del poliamor. “Estos que dicen ‘puedo amar a varias personas a la vez’, pero esto genera mucha infelicidad”.

El único tema que no aparece, y por decisión del autor, es la prostitución. “Me parece un tema complejo que amerita abordarlo solo”, dice.

Mientras tanto, Estupinyá convertirá su investigación en una especie de consultorio en línea, con sexólogos destacados. “Lo que más me sorprendió de todo esto fue la cantidad de hombres y mujeres que sienten que tienen algún problema sexual”, remató.

El tamaño del clítoris

El libro de Estupinyà habla de un tema que nunca pasa desapercibido:

¿El tamaño sí importa?

“Se dice que la longitud estándar del pene está entre 12 y 15 cm. Visualmente una chica puede decir ‘oh, qué bien dotado’, pero cuando preguntas qué es lo más importante para la función sexual eso no importa, hay otros factores para definir la habilidad del amante”, dice.

Y habla en su lugar de un tema menos abordado: la diversidad de tamaños del clítoris.

¿Incide en algo?

“No. Lo importante es que esté erecto. Lo que se ha visto es que no influye en el placer. Cambia el tamaño porque tiene receptores de testosterona. A algunas chicas les pasa que con las pastillas baja el deseo sexual. De eso no se habla, el efecto secundario de los anticonceptivos en la sexualidad es un tabú”.

Placeres extraños

‘La ciencia del sexo’ dedica un capítulo a las parafilias, como el caso de un hombre que sentía placer al ponerse hormigas en el pene (formicofilia). También indaga en el fetichismo e incluso en la pedofilia.

CATALINA OQUENDO B.
Enviada Especial de EL TIEMPO