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Cada día más indefensos / Voy y vuelvo

El crimen del policía cobra relevancia porque se entrega la vida por defender la de otro.

01 de febrero 2014 , 06:48 p.m.

Dos meses de casado llevaba el subteniente Raúl Antonio Nauzán antes de que la muerte lo sorprendiera el pasado miércoles, al evitar un atraco en Bosa. Su foto apareció al día siguiente en la primera plana de este diario. Ojalá hubiera sido para agradecer su acto heroico y no para despedirlo.

Todo crimen conmueve, como el del hombre al que apuñalaron en un puente peatonal por robarle su cicla o la mujer asesinada mientras se bajaba de un taxi. El crimen del policía cobra relevancia porque se entrega la vida por defender la de otro; es la obligación moral y el deber los que llevan a un agente a actuar de la misma forma que lo haría un médico para salvar una vida.

Podemos sentirnos orgullosos de la reducción de homicidios en la ciudad, pero cuando no se puede andar a la luz del día por un puente peatonal porque lo apuñalan o estar en un asadero porque lo atracan o en una tienda de barrio porque un cliente energúmeno le dispara, ¿para qué orgullo? Son crímenes que se siguen cometiendo con armas de fuego, supuestamente prohibidas en la ciudad para particulares, pero al parecer no para los criminales.

El del subteniente Nauzán es el caso más relevante, pero a diario se registran balaceras en Ciudad Bolívar y Kennedy, por ejemplo, donde por varios meses gobernó la administración distrital con el fin de erradicar este tipo de males. ¿Qué pasó? El asalto a mano armada en buses, la extorsión, la amenaza de pandillas a los niños de colegio son todos hechos de los que poco nos enteramos, pero ahí están.

Para rematar, los dos principales cánceres de nuestra ciudad, el atraco callejero y las riñas, podrían ser delitos que queden impunes por cuenta del nuevo Código Penitenciario. El robo de celulares, principal causa del hurto en la calle, quedará impune en la mayoría de casos, y quien agreda a otro por cualquier motivo y le propine una golpiza, bien podría no pisar una celda. La falsedad y el daño en bien ajeno hacen parte de esta lista de beneficios. ¿Qué nos queda? El valor, sí, pero de no usar celular, ni discutir con nadie, ni de montar en bus, no vaya a ser que quienes terminen presos sean los buenos.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
@ernestocortes28