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Editorial: Una cruel ironía del destino

31 de enero 2014 , 08:02 p.m.

La Organización Mundial de la Salud estima que el consumo de cigarrillo mata a cinco millones de personas al año. A esa cifra, que aterra, se agregará ahora el nombre de Eric Lawson, como una fatal paradoja, el ‘hombre Marlboro’. El apuesto actor, quien fumó desde la edad de 14 años, falleció en California a los 72 el pasado 10 de enero, a causa de la enfermedad Epoc, una obstrucción pulmonar crónica. Curiosamente, solo esta semana se produjo la noticia.

Lawson encarnó a ese vaquero viril, con cigarro en la boca, que a finales de la década de los 70 promocionó el cigarrillo con filtro, publicidad dirigida a los hombres, pues hasta entonces el filtro era para labios femeninos. Época dorada de Sarita Montiel, con su “fumar es un placer sensual, genial...”. Y tantas veces fatal.

Tal vez entonces el actor no era consciente de que llevaba la muerte entre los dedos. Como no lo fueron otros ‘hombres Marlboro’, entre ellos David Millar, fallecido en 1987, de un enfisema pulmonar. O Wayne McLaren, en 1995, quien se fue a los 52 años, luego de que le extirparan un pulmón, según lo ha revivido la prensa.

Lawson alcanzó a tener la llama de la fama encendida. Participó como actor en la recordada serie policíaca Baretta –con Robert Blake como protagonista, que también fuma– en Los ángeles de Charlie, Las calles de San Francisco, Dinastía y Baywatch, pero una lesión que sufrió mientras grababa lo dejó fuera de escena de por vida. Y siguió fumando, aunque participaba en campañas en contra del tabaco, así este lo estuviera consumiendo a fuego lento.

Estas muertes son una ironía del destino pero, al mismo tiempo, la mejor propaganda contra el tabaquismo; y obligan a pensar en lo nocivo del vicio para la salud y a revisar los avances contra este. Porque, aunque fuman mil millones de personas en el mundo, en muchos países –Colombia entre ellos– hay políticas públicas dirigidas a regular el consumo de tabaco, a prevenir sus efectos, a defender a los no fumadores. Ya la publicidad directa, estilo Lawson, es solo una vieja película en blanco y negro; los lugares públicos tienen que estar libres de fumarolas y nicotina. Hay leyes. Así que estas vidas no se apagaron en vano.

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