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'¡Los fletes, estúpidos, los fletes!'

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31 de enero 2014 , 07:02 p.m.

En el anecdotario político mantiene vigencia la expresión “¡la economía, estúpidos, la economía!”, utilizada por el presidente Clinton para resaltar su convicción de que el debate político de los Estados Unidos debía centrarse más en la discusión de los asuntos económicos que en los afanes de la guerra liderados por su contendor George Bush.

Haciendo una analogía, utilicemos la frase “¡los fletes, estúpidos, los fletes!” para llamar la atención de la dirigencia colombiana, dado que mientras hacemos ingentes esfuerzos para mejorar la infraestructura y alcanzar mejores niveles de competitividad, el valor de los fletes se está encareciendo día a día.

Han pasado desapercibidos, en efecto, los resultados muy preocupantes del informe más reciente del Sistema Nacional de Gestión por Resultados del DNP, divulgado por EL TIEMPO el pasado 19 de enero, en relación con el avance que muestran las distintas locomotoras entre el 7 de agosto del 2010 y el 31 de diciembre del 2013.

Pues bien. Tal informe demuestra que a pesar de los esfuerzos desplegados por el presidente Santos para modernizar nuestra infraestructura, los fletes se han incrementado en un 35 % (pasando de US$ 1.870/contenedor a US$ 2.532/contenedor) en lo que va corrido de la actual administración.

Se agrava esa circunstancia a la luz de los altos niveles de competitividad que nos exigen la globalización y la suscripción de múltiples tratados de libre comercio. Pero la responsabilidad surge principalmente de la actuación de administraciones anteriores, muy escasas de visión. Ignoraron la urgencia de impulsar a tiempo políticas para solucionar los problemas logísticos del sistema de transporte y las ineficiencias del modelo empresarial que moviliza la carga.

Peor aún, en cuanto las autoridades cometieron en el pasado el error inexcusable de impulsar la construcción de vías con pendientes muy altas para arribar a los puertos marítimos. Dichas pendientes, que oscilan entre el 7 % y el 11 %, encarecen notoriamente el desplazamiento de la carga, dadas las muy lentas velocidades de operación que se derivan de semejantes alturas, y el excesivo uso de combustible que ellas demandan.

Desecharon las autoridades recomendaciones de los ingenieros e ignoraron incluso el concepto emitido por el Banco Mundial en 1998, y bajo la asesoría de la Corporación Financiera Internacional (IFC), diez años después, vale decir en el 2008, tomaron la decisión de llevar la vía de Bogotá a la Costa Caribe por los Altos del Trigo y La Mona, en vez de que pudiera trascurrir ella por el cañón del Río Negro, injustamente satanizado por cuenta del conocido escándalo de Commsa, que al final de cuentas no tenía relación alguna con el diseño técnico sugerido desde tiempo atrás por los expertos.

Y en relación con la vía Bogotá-Buenaventura, los gobiernos anteriores decidieron construir el túnel de La Línea en el alto de la cima, en vez de acatar la recomendación, también de los ingenieros, de construir un túnel férreo más extenso y mucho más abajo, en la base de la cordillera. Las autoridades monetarias, equivocadas en extremo, consideraron que resultaba “inflacionaria” la construcción de túneles como ese, eficientes y competitivos.

En conclusión: corresponde al actual gobierno el reto histórico de revisar estudios e impulsar estrategias para explorar rápidamente la posibilidad de bajar las alturas de esas dos carreteras, sin duda las más estratégicas del país. De lo contrario, las grandes inversiones que pretendemos acometer en infraestructura paradójicamente impulsarán el crecimiento y el empleo, sin hacernos más competitivos.

Juan Martín Caicedo Ferrer

Presidente Ejecutivo de la Cámara Colombiana de la Infraestructura