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Drama por muerte de bebé tras endoscopia

Familiares dicen que murió a causa del examen. El instituto defiende el procedimiento realizado.

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31 de mayo 2013 , 05:54 p.m.

Ramón Tobo aguardaba en las afueras de Medicina Legal a que le entregaran el cuerpo de su única nieta, una bebé de solo nueve meses que días antes había estado jugando con él. Se cogía la cabeza y no podía ni explicar qué sucedía. Le habían hecho una endoscopia, había comenzado a sangrar y había muerto.

La historia de esta bebé comenzó en Tunja (Boyacá). Era la felicidad de su familia, la hija de dos jóvenes padres y unos abuelos que encontraron la felicidad en la pequeña.

Solo un problema de salud había incomodado a la bebé y a sus progenitores desde los dos meses de nacida. Se trataba de un reflujo constante que le había hecho perder peso y que generaba la sospecha de padecer de alguna enfermedad metabólica.

El 3 de febrero del 2013, a las 4 a.m., la bebé fue remitida en ambulancia desde Medilaser de Tunja hasta el Instituto Franklin Delano Roosevelt, en Bogotá, adonde llegó a eso de las 6:14 a.m. “Dijeron que había que hacerle exámenes para descartar una enfermedad metabólica. La niña, a pesar de los exámenes, estaba feliz y hasta jugaba con sus papás. Ella nunca vomitó sangre”, contó su abuelo.

El lunes 4 de febrero la niña fue revisada por el pediatra de turno, quien les informó a los padres sobre la necesidad de hacerle unos exámenes para descartar una enfermedad metabólica. “La bebita estuvo jugando conmigo y con sus juguetes”, relató el abuelo.

El martes 5 de febrero la niña continuó en observación y los médicos le realizaron varios exámenes; y al día siguiente un gastroenterólogo del Instituto le solicitó una endoscopia. “La bebé fue visitada por su tía, que es enfermera. Estaba linda mi chinita. Jugó con ella y todo”, contó Tobo.

El viernes 8 de febrero fue llevada, a las 7 a.m., para practicarle la endoscopia. “Era para sacar muestras y hacerle una biopsia. De eso salió a las 8:30. Pero cuando llegó a la habitación la niña era otra persona. No quería comer. Estaba adormecida”, contó su abuelo. Al mismo tiempo, el diagnóstico, por parte de uno de los médicos, luego de varios exámenes, fue que la bebé tenía una pequeña úlcera duodenal que tendría solución luego de dos meses de tratamiento.

Pero a las 6:30 de la tarde la bebé comenzó a vomitar sangre. “Soltaba coágulos. Por eso yo llamé angustiado a un doctor, pero me dijeron que el gastroenterólogo no la podía ver sino hasta el día siguiente”, contó Tobo.

A las 7 p.m. la situación de la pequeña era tan grave que ordenaron una transfusión de sangre. “A las 10:30 el bebé vomitó terrible. Pedimos que la llevaran a la UCI, pero no lo hicieron sino hasta las 2:30 de la mañana”, contó el abuelo.

En ese lugar la niña entró al cuadro más crítico: se inflamó, su temperatura bajó. La niña tenía una hemorragia a nivel gástrico. “Lo peor es que en el lugar no había una aguja especial para cauterizar la hemorragia. Hubo mucha negligencia. En ese momento la niña estaba en pésimas condiciones”, contó Hugo Fernando, el padre de la niña.

A las 10:30 p.m. llegó la noticia que hoy embarga a toda la familia: la pequeña Ximena murió.

Esta familia quiere demostrar que fueron la endoscopia y los procedimientos irregulares los que terminaron con la vida de la bebé.

De hecho, consiguieron una segunda opinión del médico gastroenterólogo Fernando Medina, de Bucaramanga. Él señaló que era necesaria una junta médica previa a la realización de los exámenes y que la condición de la menor, por su estado de desnutrición, no era favorable para que se llevara a cabo una endoscopia. “El riesgo de perforación era muy alta”, explicó en su diagnóstico.

Hoy la familia de la niña no se ha podido reponer de la pérdida, y hasta prefieren vender sus cosas para poder pagar un abogado. “Yo ya no soy feliz. Iremos hasta las últimas consecuencias, solo para que esto no le pase a otro niño”, dijo Ramón Tobo.

Comunicado del instituto

Ximena del Pilar Tobo Martínez fue remitida el 3 de febrero del 2013 por la Clínica Medilaser de Tunja (Boyacá), con diarrea, vómito e intolerancia a la vía oral y deshidratación. A su ingreso se le diagnosticó desnutrición por bajo peso para la edad. Tenía una úlcera duodenal, gastritis erosiva, sangrado digestivo crónico y anemia. Dadas las características atípicas, se sospechó de una enfermedad metabólica.

En nuestra institución se hizo el abordaje clínico con un grupo de médicos, quienes empezaron con la batería de exámenes para diagnosticar la enfermedad. La paciente recibió la atención oportuna, integral y de alta calidad. El diagnóstico fue una enfermedad de origen genético que deteriora el grado de reserva para responder a cualquier enfermedad. En este caso, corresponde a defectos de B-oxidación y defectos en la cadena respiratoria, los cuales, según un grupo de expertos en enfermedades metabólicas en el hospital, son de pronóstico reservado por su alta letalidad. Estos estudios reposan en la historia clínica. El instituto es un centro de referencia de enfermedades huérfanas y cuenta con todo el personal e infraestructura para brindar la atención necesaria en este tipo de pacientes con múltiples patologías complejas. Nos solidarizamos con su familia y su dolor por esta pérdida.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO