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El día del orgullo alemán... (Opinión)

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24 de mayo 2013 , 05:46 p.m.

Toda la Alemania futbolera está feliz, expectante y orgullosa, también soliviantada: este sábado puede ganar Bayern Munich o bien Borussia Dortmund, el fútbol alemán ya ganó. El prestigio de su juego, el de la Bundesliga y de su Selección Nacional han subido el último mes como la cerveza recién servida. El pase a la final de estos dos magníficos exponentes de la eficiencia germana ha revitalizado el fútbol teutón, lo ha vuelto a comienzos de los '70, cuando Alemania era la superpotencia de moda y disfrutaba de las grandes estrellas como Gerd Muller y Franz Benckenbauer.

Al hincha neutral le da lo mismo Pedro que Juan (aunque seguramente se inclinará por el Borussia); se siente ilusionado porque ve a Alemania alcanzado de nuevo la cima, avizora que es posible destronar a la mejor España de la historia, a nivel de clubes y de selecciones. La gente ya piensa en la cuarta Copa Mundial. Tiene grandes jugadores (muchos), excelente organización, poderío económico y la tradicional tenacidad de su raza. Con un agregado novedoso: ahora, además, lucen un estilo agradable a la vista, de gran tratamiento de balón. Y sin perder el rendimiento.

El mundo entero se sentará este sábado en la tarde (o noche, según sea el meridiano) a ver toparse dos maquinarias germanas en la final de la vieja Copa de Europa, que por cuarta vez en 58 ediciones enfrenta en el choque decisivo a equipos de un mismo país. Antes fueron Valencia-Real Madrid (año 2000), Milan-Juventus (2003) y Mancheter United-Chelsea (2003). Este tipo de sucesos marcan el auge de un medio. Por eso el aficionado alemán ya sueña con Brasil 2014.

La satisfacción adicional es que la Copa se decida en Wembley y que los ingleses deban ser anfitriones de una final ciento por ciento alemana. La rivalidad anglo-germana siempre está latente.

El choque parece estar señalado como “las estrellas del Bayern” versus “el genio de Klopp”. Sin dudas el cuadro bávaro es súperfavorito para levantar su quinta corona europea. Una victoria suya paga 1 euro con 75 por cada euro arriesgado, en tanto la del Borussia da 4,80. Y si ese 4 con 80 no es 9 ó 10 es sólo porque en el banco de enfrente estará sentado ese muchacho sonriente de anteojos modernos, que luce tremendos campañones en el Mainz (su club de toda la vida como futbolista y entrenador) y con el Borussia, con el que ha logrado 2 títulos de Liga, 1 Copa Alemana y este desembarco en la final continental. Siempre con planteles sin grandes luminarias.

Klopp sabe bien lo que es vencer al Bayern. En sus conquistas de la Bundesliga lo postergó a la tercera y a la segunda posición, teniendo el Bayern todas sus actuales figuras. Klopp no les teme a los grandes. En esta Champions debió encontrarse cuatro veces frente al Real Madrid. En la fase de grupos le ganó y lo relegó al segundo puesto. En semifinales lo eliminó. Klopp es un ajedrecista planteando partidos. Y apela a la mística. No tendrá a su joven estrella Mario Gotze, lesionado. No obstante, es para preguntarse: ¿sirve que juegue? Gotze ya firmó su contrato como jugador del Bayern para la próxima temporada, en uno de los anuncios más inoportunos que hayamos escuchado nunca. ¿Pondría la pierna con todo frente a su nuevo club...? ¿Tendría una topada brava contra quienes serán sus compañeros desde el lunes...?

Para poder ganar este partido Borussia necesita elementos que den el 110%, preparados para dejar la vida en cada pelota durante 95 ó 125 minutos. Sólo así tienen chance ante un conjunto virtuosísimo como el bávaro, plagado de excelentes jugadores. Bayern no necesita presentación; lo sabe el mundo, es la Selección Alemana más una decena de seleccionados de otros países. Y juega bien. Y tiene un gran entrenador como Heynckes.

“Cuando se pierde la pelota, tenemos que presionar para recuperarla antes de los cinco segundos. Seguro que no siempre se podrá, pero tenemos que jugar con esa premisa y esa intensidad. Lo que yo no negocio es la intensidad a la hora de recuperar la pelota”, revela Klopp. Habrá que ver si su táctica y su presión pueden ante el poderío muniqués. El fútbol es el arte de lo posible.

En todo caso, ya nos frotamos las manos esperando la hora del partido.

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO