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Los frutos de una apuesta ambiciosa

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18 de mayo 2013 , 07:57 p.m.

Imaginemos por un instante una América Latina donde un gobierno moderniza su principal aeropuerto con financiamiento proporcionado por fondos de pensiones de naciones vecinas. Donde una empresa farmacéutica fabrica medicamentos con componentes hechos en diversos países para exportar a Asia. Y donde jóvenes fácilmente cruzan fronteras para ejercer sus profesiones, porque sus títulos universitarios son reconocidos en todos nuestros países.

Tales escenarios aún parecen utópicos, pero para Chile, Colombia, México y Perú pronto podrían volverse realidad. Ellos son los miembros fundadores de la Alianza del Pacífico, la propuesta de integración más ambiciosa que hayamos visto en décadas.

En pocos días, los presidentes de esos cuatro países participarán en una cumbre en Cali para revisar los avances logrados en este proyecto, que creará un mercado de unas 208 millones de personas y un producto interno bruto cercano a 2 billones de dólares. Juntos estos países exportaron bienes y servicios valorados en 548.000 millones de dólares en el 2012 –casi la mitad de lo exportado por toda América Latina y el Caribe. De hecho, si los socios de la Alianza del Pacífico constituyesen una sola nación, hoy serían la novena economía en el orden mundial.

En contraste con muchas de las negociaciones de comercio internacional en los últimos tiempos, la Alianza del Pacífico se propone ir mucho más allá de la reducción de aranceles. El objetivo es llegar a la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas. De lograrlo, sus economías quedarían más estrechamente integradas que las de Estados Unidos y Canadá.

Además de abrir completamente y de forma inmediata sus mercados a productos de los otros miembros, los cuatro socios se proponen adoptar una regla de origen única y flexible, un paso que facilitará su participación en cadenas de valor globales. Asimismo, han incorporado al sector privado en la búsqueda de consensos para homologar normas técnicas en sectores económicos importantes, como los cosméticos, los alimentos y los farmacéuticos.

En la actualidad las negociaciones están centradas en la liberalización del comercio de bienes y servicios. En forma paralela se está buscando armonizar normas tributarias en integración de mercados financieros. Esto permitiría que los fondos de pensiones, que hoy acumulan activos por más de 400.000 millones de dólares, ayuden a financiar las inversiones en infraestructura que deben realizar estos países para ganar en competitividad.

Tal vez la meta más ambiciosa sea la libre circulación de personas. Los cuatro gobiernos ya han eliminado las visas para ciudadanos de los países de la alianza. Un paso crucial será el reconocimiento mutuo de títulos profesionales y la simplificación de los trámites para obtener permisos de trabajo. Esto ayudará a reducir la escasez de personal calificado, permitiendo que las empresas llenen puestos más rápida y eficientemente.

No cabe duda de que este progreso alentará a otros países a sumarse a la Alianza del Pacífico, que se proclama “abierta” a socios dispuestos a aceptar los mismos grados de competencia y ambición. Costa Rica y Panamá, por ejemplo, ya han solicitado incorporarse, mientras otros observadores, como Canadá, España, Japón, Australia y Nueva Zelanda, han expresado su interés por aprovechar las oportunidades de inversión y comercio que la alianza ofrecería para sus empresas.

Los países de la Alianza del Pacífico llevan la ventaja de que ya han iniciado muchas de las reformas que deben hacer las economías latinoamericanas para aumentar su productividad. De mantener sus actuales tasas de crecimiento, en una década su PIB combinado llegaría a casi 3 billones de dólares. Si todos hacemos esfuerzos similares, alcanzaremos mucho más rápidamente el objetivo de convertirnos en una región de clase media sólida y próspera.

Luis Alberto Moreno