Archivo

Que viva el general

notitle
17 de mayo 2013 , 07:08 p.m.

¡Que viva! Sí, que viva muchos años el octogenario general Efraín Ríos Montt para que, ojalá, mientras purga en la celda los 80 años que acaba de imponerle un tribunal en Guatemala, dé vueltas al recuerdo y quizá al arrepentimiento por el genocidio y los crímenes de lesa humanidad que ordenó y disfrutó con barbarie.

Fue un depredador; de esos que imaginan que todo aquel que sea indígena, pobre, obrero, homosexual, profesor, poeta, buen sacerdote o artista es comunista, y que todo comunista, porque es terrorista, debe ser destruido, ojalá con sevicia, con tortura. Fue otro dictador educado en la doctrina de la macabra Escuela de las Américas, otro de esos glotones de la sangre que aprendieron de maestros norteamericanos y franceses que se quedaron sin oficio en Vietnam, en Argelia y en viejas colonias y se dedicaron a deambular por Guatemala, por Centroamérica, y estuvieron en Uruguay, en Chile, en Argentina, en Brasil, en Bolivia, y por aquí también anduvieron, enseñando a infligir dolor, desaparición y muerte.
Al final de los años, con sentencias, con destierro, con el reclamo de los sobrevivientes y de los fantasmas que los habitaron hasta la cuenta final, tuvieron que pagar caro su canibalismo Pinochet, Stroessner, Somoza, Videla, Duvalier y ahora Ríos Montt, en la misma travesía de Noriega y Fujimori.

Por fortuna, no olvida Latinoamérica a los dictadores y no los perdona. Y revive hoy la palabra silenciada de Miguel Ángel Asturias, quien se burló de los sátrapas y reivindicó la memoria Maya, esa que, con la tierra arrasada y la muerte de miles de indígenas, quiso exterminar Ríos Montt, el verdugo que ahora, como sentencia de aquel gran escritor guatemalteco, tendrá para siempre la Luna de espaldas...

Imposible hacer política, construir país, trajinar una vida o cualquier trabajo devastando a los opositores; imaginando que todo contradictor es terrorista o enemigo. Que aprendan la lección los viejos dictadores, los aspirantes a gobernar, los nuevos presidentes de todas las tendencias, incluidos algunos vecinos latinoamericanos que se autoproclaman revolucionarios y con aspaviento aporrean toda oposición democrática.

Más de veinte años después de la masacre de decenas de personas en Segovia (Antioquia), recibe condena de larga vida el excongresista César Pérez García. Demora, pero llega; cuantos sean culpables tienen la Luna de espaldas.