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¿Asistencia o intervencionismo?

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13 de mayo 2013 , 01:30 p.m.

Hace ya algunos años escribí un artículo en que abogaba por que el Congreso estadounidense no suspendiera un programa de asistencia que permitía la venta de productos bolivianos artesanales en Estados Unidos sin cargarles aranceles. En ese momento, el Senado estadounidense quería mandarle al presidente Evo Morales un mensaje de repudio a su intención de nacionalizar el gas boliviano. En tal ocasión prevaleció la cordura, y los artesanos bolivianos pudieron seguir exportando sus productos libres de impuestos.

La semana pasada, Morales expulsó de Bolivia a la agencia de asistencia internacional financiada por los contribuyentes estadounidenses, Usaid, a la que acusó de “conspirar” en su contra. Por supuesto, Morales no se tomó la molestia de especificar los términos de la “conspiración”, que, según él, dirigía la agencia que desde 1964 trabajaba en programas de sanidad, de protección de la biodiversidad y de reducción de pobreza.

Yo lamento mucho el daño que se les hace a los bolivianos que se beneficiaban con estos programas y lamento más no poder abogar por ellos y pedir que el gobierno de Estados Unidos ofrezca la otra mejilla y espere pacientemente a que Morales recapacite para reiniciar la ayuda monetaria. Si Morales rechaza la ayuda, pues que con su pan se lo coma.

Desde mi punto de vista, los cargos que le hace a la Usaid son cuentos de un hombre ofuscado, que se la pasa anunciando conspiraciones en su contra e intentos de asesinato. No obstante, acudo a Peter Hakim, el respetado latinoamericanista que hace décadas estudia la relación de Estados Unidos con América Latina para preguntarle si, a su juicio, Morales está en lo correcto al acusar a la “Usaid” de interferir políticamente en su país. “No –responde Hakim–; eso me parece poco plausible. El programa de ayuda del que estamos hablando es sumamente modesto, alrededor de los 10 millones de dólares. No hay embajador de Estados Unidos en ese país y, además, la verdad es que en Washington ya no hay nadie que le ponga mucha atención a Bolivia.” Y no es tema de actualidad porque esta no es la primera ocasión en la que el conflictivo Morales se inventa un pleito con Estados Unidos y nadie quiere seguir perdiendo el tiempo intentando descifrar sus ocurrencias.

También el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ordenó el cierre de operaciones de la Usaid, que en un lapso de dos décadas había gastado aproximadamente 3.000 millones de dólares asistiendo a diversos grupos en programas de prevención de la tuberculosis y del sida, de mejoramiento de la infraestructura eléctrica, de reforma del código fiscal, de redacción del texto constitucional, de anticorrupción, de monitoreo de elecciones y de capacitación de abogados y jueces.

Lo interesante del caso en Rusia es que plantea otro tipo de preguntas sobre el uso de la asistencia, y es en este sentido en que le pregunto a Hakim si la Usaid debería auspiciar programas internacionales que promueven los derechos humanos y civiles de las personas, la igualdad de género y la transparencia, y de capacitación de funcionarios y civiles en países autoritarios. “Por supuesto que sí –responde–, pero siempre y cuando el gobierno que recibe la ayuda lo permita.”

Aunque coincido con Hakim en que, sin consentimiento del país anfitrión, es virtualmente imposible que sobreviva cualquier programa cuyo tema son los derechos humanos y civiles, no dejo de lamentarlo. Primero porque pienso que estos temas son universales y su universalidad anula cualquier pretensión de soberanía nacional, pero también porque pienso que es en los países autoritarios donde se necesitan.

En los países democráticos ni se les ponen obstáculos a quienes promueven derechos ni se los persigue ni se los expulsa del país.

Sergio Muñoz Bata