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La madre Laura subió a los altares

El papa la proclamó santa e instó a los colombianos a seguir su ejemplo para alcanzar la paz.

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12 de mayo 2013 , 10:00 p.m.

Sesenta y tres años y siete meses después de su muerte, la educadora, misionera y religiosa antioqueña Laura Montoya se convirtió oficialmente el domingo en santa de la Iglesia católica universal, y en la primera colombiana en ser elevada a los altares.

Ante unas 80.000 personas congregadas en la plaza de San Pedro –entre ellas, cerca de 3.000 colombianos–, el papa Francisco presidió una emotiva homilía en homenaje a los nuevos integrantes del santoral: además de la madre Laura, la monja mexicana María Guadalupe García y el italiano Antonio Primaldo, en representación de los 800 mártires de la ciudad de Otranto (Italia), asesinados por resistirse a negar su fe en Cristo. En total, fueron 802 los canonizados. (Vea la reseña de la madre Laura que hizo el el papa Francisco).

La ceremonia empezó a las 9:30 de la mañana (2:30 de la madrugada en Colombia) ante una plaza tupida de gente pero no repleta; en un 60 por ciento de su capacidad, según los expertos. Aunque el día estuvo soleado, las ráfagas de viento se colaban por las imponentes columnas de la plaza de San Pedro.

El papa salió por la puerta central de la basílica en medio de una ovación, portando el báculo y con su cabeza cubierta por una mitra. A su derecha colgaba una vitela con el rostro de la madre Laura, ya con aureola. El cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos –el órgano vaticano que evalúa a los candidatos a la santidad–, caminó hacia el altar y le dio los nombres de los beatos por canonizar. (Lea también: Así transcurrió la ceremonia de canonización de la madre Laura).

A Donato lo escoltaron tres representantes de cada uno de los santos, con ofrendas para el papa. El segundo turno fue para el médico antioqueño Carlos Eduardo Restrepo, cuyo testimonio de sanación fue el milagro aprobado por el Vaticano para la canonización de Laura.

Restrepo llevaba una escultura de bronce con la figura de un indígena, con una cruz bañada en oro, y que tiene incrustada una falange del segundo dedo del pie derecho de la santa. El papa tomó la reliquia y la besó; Restrepo asintió con humildad. (Lea la oración a la madre Laura).

Francisco rompió el protocolo y habló en español para anunciar a la primera santa de su pontificado, precisamente la colombiana. Las banderas con el tricolor nacional ondearon en la plaza de San Pedro, en medio de aplausos, gritos de júbilo y algunas lágrimas.

De la santa colombiana, considerada la madre espiritual de los indígenas, Francisco elogió su eficaz pedagogía, el respeto por la cultura indígena y el “no haberse contrapuesto a ella”, como ocurría al inicio del siglo XX, cuando los indígenas eran despreciados y discriminados. “Ella era una especie de vanguardia de la Iglesia”, destacó.

Maestra y guía espiritual

“Santa Laura Montoya fue un instrumento de evangelización, primero como maestra y después como madre espiritual de los indígenas, acogiéndolos con ese amor aprendido por Dios”, afirmó el Santo Padre, quien tuvo palabras de reconocimiento también para sus discípulas, “que llevan el Evangelio hasta los lugares más recónditos y necesitados”.

“Esta primera santa nacida en la hermosa tierra colombiana nos enseña a ser generosos, a ver el rostro de Jesús en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo que corroe a las comunidades cristianas y a nuestro corazón”, siguió el pontífice, quien más tarde volvió a nombrar a la santa Laura para hacer un llamado por la paz de Colombia.

Cuando habló de la madre Lupita, la otra canonizada, destacó de ella su entrega por los más pobres y por los enfermos: “¡Cuánto daño hace la vida cómoda! El aburguesamiento del corazón nos paraliza”, recalcó.

La hermana Lía Zuluaga, misionera de la comunidad de la madre Laura y vicepostuladora de su causa de santidad, destacó que su obra vaya en comunión con la Iglesia que sueña el papa Francisco: “El Santo Padre es una persona que desde el inicio de su pontificado ha hablado de una Iglesia pobre y para los pobres, y la madre Laura hablaba mucho sobre la sencillez, de encontrar a Dios en las precariedades, en los más afligidos”.

Romería paisa en la plaza de San Pedro

“Nunca antes había visto a tantos colombianos en Roma, y casi todos, paisas”, dijo emocionado el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón, quien exaltó el fervor que ha despertado esta canonización en Antioquia, cuna de la santa Laura y de los ocho beatos que tiene nuestro país.

Los primeros peregrinos en llegar a la plaza de San Pedro lo hicieron a las 3:00 de la madrugada. “Nos tocó aguantar mucho frío y pasamos derecho, sin dormir. Pero queríamos quedar cerquita”, dijo Angélica Gómez, quien viajó desde Medellín junto con su madre.

A las 8:00 de la mañana ya se divisaba desde una de las terrazas de la plaza una mancha con el tricolor nacional. Se calcula que unos 3.000 colombianos asistieron a la jornada; de ellos, más de 1.000 eran antioqueños, que ondearon

la bandera nacional y exhibieron afiches, postales y bufandas con la imagen de la santa Laura. También tenían sombreros y gorras para cubrirse del sol, y botellas de agua para la sed.

Entre los peregrinos se destacaba el padre Jaime León Vélez, de la Diócesis de Jericó, que en lugar de su hábito negro vestía pantalón, camisa, sombrero paisa de ala corta, carriel y una bandera terciada con la imagen de la santa.

Los viajeros paisas gastaron cada uno, en promedio, seis millones de pesos para sumarse a las peregrinaciones.

Stella Saldarriaga, por ejemplo, cuenta que dispuso de una pequeña herencia que le dejó su madre para poder estar presente en la canonización. Ella viajó desde Medellín con una delegación de 250 personas.

Además de la devoción que le tiene a la santa, expresó que no podía perderse esta oportunidad que, según ella, consagra a Antioquia como una tierra de fe.

Amparo Betancourt también dispuso de todos sus ahorros para asistir a la canonización. Como no pudo ir a la beatificación de la madre Laura en el 2004, desde entonces se puso a ahorrar. “Me quedé sin un peso, pero hoy sentí una gran bendición de la santa Laura. Con eso es suficiente”, aseguró.

‘Hay que imitar a la santa’

El presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Rubén Salazar, expresó que la canonización de la madre Laura debe servir de ejemplo a los colombianos para que sigan la lucha que ella dio por “la justicia, la fraternidad y la solidaridad”. “En Colombia vivimos enfrascados en guerras y disputas sobre cosas tan baladíes cuando hay problemas graves y fundamentales que debemos enfrentar, como la pobreza, la inequidad y todo lo que impide que vivamos en paz”, dijo Salazar.

“Hoy (ayer) nos lo decía el Santo Padre. Tenemos que tener cuidado de no dejarnos envolver por las comodidades, por el egoísmo. Y en Colombia, desafortunadamente, lo experimentamos todos los días cuando se piensa que hay corrupción, desgreño administrativo, que no hay un verdadero sentido del bien común”, agregó.

El jerarca anunció también que en todas las iglesias del país se empezarán a instalar imágenes de santa Laura, y que se acaba de inaugurar una parroquia que lleva su nombre en el barrio Chuniza, en la localidad bogotana de Usme.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Enviado especial de EL TIEMPO