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El placer y la culpa de ver lo incorrecto en TV

Ejemplos de programas a los que les llueven críticas o que asombran por sus excesos .

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12 de mayo 2013 , 05:44 p.m.

"Siempre le digo a mi hija que hay mucha gente que la ama y mucha que la odia. Ella solo tiene 7 años para entender lo que está bien o lo que está mal, pero disfruta de nuestro programa, como sé que muchos lo hacen aunque no lo admitan”, le contó June Thompson a EL TIEMPO.

Ella es la madre de Alana, la niña que protagoniza el docureality Here Comes the Boo Boo. Los críticos se rasgan las vestiduras revelando el poco valor cultural de esa serie que muestra la vida de una familia incorrecta, disfuncional y maleducada, en torno a la pequeña June, conocida popularmente como Honey Boo Boo, a quien alimentan con comida chatarra, le enseñan groserías y cuyo mayor ejemplo es el televisor; pero los índices de audiencia en EE. UU. marcan que supera los dos millones de televidentes por capítulo.

“Las opiniones son como los culos... todos tenemos uno”, agrega la señora Thompson, parafraseando al pornógrafo Larry Flynt y emulando su irreverencia televisiva en la entrevista; pero su exitoso show no es el único que gusta, a pesar de sus excesos.

Otro caso es el de Killer Karaoke , un concurso en el que aficionados al canto tratan de interpretar una canción mientras enfrentan pruebas como ser atacados por un perro, recibir descargas eléctricas o ser sumergidos en una tina con serpientes o alacranes.

“La tortura es el precio de salir del anonimato”, dijo el sociólogo argentino Giorgo Agostini en el diario La Nación, de Chile, al analizar ese espacio, que ya prepara la segunda temporada.

“Estos programas que se ven con un cierto placer culposo funcionan porque son fáciles de ver (...) generan emociones de asco, risa o rechazo, que no dejan que pasen inadvertidos”, agrega el crítico de TV Ómar Rincón.

Por eso, también funciona el reality My Big Redneck Vacation , en el que una familia pobre termina visitando una zona de millonarios en Nueva York; así como la serie documental Mi extraña obsesión , acerca de gente que es capaz de oler gasolina, coleccionar millones de muñecas o comerse el pelo como si fuera un postre.

“La audiencia (estadounidense, sobre todo) encuentra en esos excesos una oportunidad de catarsis para su vida correcta y aburrida. Son formatos que escapan de lo predecible y le dan un protagonismo a lo imperfecto, a lo polémico, a lo que el televidente no puede ser en su vida real”, agrega Rincón.

“Somos muy estadounidenses, pero escapamos del molde típico familiar. No sé si la fama me haya cambiado, pero tengo que confesar que el éxito ha llevado a mi familia a estar ‘disponibles’ para ser millonarios y divertir a otras personas”, resume Thompson.

REDACCIÓN CULTURA Y ENTRETENIMIENTO