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Colombia y México le ruegan por la paz a sus nuevas santas

Las venerables latinoamericanas son el refugio de los pueblos azotados por la violencia.

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12 de mayo 2013 , 09:23 a.m.

El papa Francisco elevó este domingo a la gloria de los altares a los primeros santos de su pontificado, al canonizar en una ceremonia solemne en la plaza de San Pedro a dos monjas latinoamericanas -la colombiana Laura Montoya y la mexicana María Guadalupe García Zavala- así como a 800 mártires italianos que se negaron a convertirse al islam en el siglo XV.

El sumo pontífice aprovechó la ocasión para lanzar un firme llamado a favor de la pacificación de México y Colombia, contra el "aburguesamiento del corazón que nos paraliza" dijo, y las persecuciones religiosas que sufren los católicos en todo el mundo.

En la homilía, bajo un sol primaveral, ante miles de asistentes y delegaciones oficiales, en particular de Colombia y México, el Papa invitó a los fieles a seguir el ejemplo de las nuevas santas, que dedicaron sus vidas a los pobres, a los enfermos, a los marginados y a los indígenas.

La monja colombiana Laura Montoya y Upegui (1874-1949) y la mexicana Guadalupe García Zavala (1878-1963) son dos ejemplos de "caridad" que se oponían "al aburguesamiento del corazón", dijo el Papa improvisando. "No hay que tener vergüenza, ni miedo ni disgusto de tocar 'la carne de Cristo'", agregó Francisco, que repasó la vida de las dos religiosas.

De la primera santa colombiana, considerada 'la madre espiritual de los indígenas", Francisco elogió su eficaz pedagogía, el respeto por la cultura indígena y el "no haberse contrapuesto a ella", como ocurría al inicio del siglo XX, cuando los indígenas eran despreciados y discriminados. La religiosa era "una especie de vanguardia de la Iglesia", explicó el Papa, quien la propuso a los colombianos como ejemplo de "concordia y reconciliación" al invitarlos con un firme llamado a seguir "trabajando por la paz y el justo desarrollo" del país durante la oración dominical.

Perfil santa Guadalupe de México

De la religiosa mexicana, Santa Guadalupe García Zavala, el Papa dijo que "renunciando a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús, enseñaba a amar la pobreza, para poder amar más a los pobres y los enfermos". "La Madre Lupita se arrodillaba en el suelo del hospital ante los enfermos y los abandonados para servirles con ternura y compasión", comentó el Papa, aplaudido por grupos de mexicanos, entre ellos varias monjas con el sombrero de mariachis . "Ella me hizo un milagro", contó María Rosales Gómez, de Guadalajara, quien quiso a toda costa viajar para la canonización.

Francisco encomendó a la segunda santa mexicana que "interceda" para que México "destierre toda violencia e inseguridad" , generando emoción entre los peregrinos que asistían. La segunda santa mexicana, después de María de Jesús Sacamentado, vivió la persecución religiosa en México, durante la llamada "guerra cristera" en el siglo pasado, que comenzó en 1911, pero se intensificó entre 1926 y 1929.

La fundadora de la Congregación de las Siervas de Santa Margarita María de los Pobres, enteramente dedicada a curar a los enfermos particularmente necesitados, cuenta ahora con 22 fundaciones en México, Perú, Grecia e Italia. Curiosamente, la primera canonización del pontificado del primer pontífice de América Latina y primer jesuita, fue para proclamar santas a dos religiosas de esa región, cuyo culto se extenderá así a todo el mundo.

El Papa argentino, que desde su elección en marzo rompe moldes, por su estilo directo y sencillo, permaneció más de una hora entre la muchedumbre que se congregó en la explanada para apretar manos, acariciar bebés y minusválidos. Dos meses después de inaugurado su pontificado, Francisco celebró una de las ceremonias más imponentes y emblemáticas para la Iglesia. No se sabe si el pontífice jesuita, que desea una iglesia de "los pobres para los pobres", seguirá el camino de uno de sus predecesores más populares, Juan Pablo II, considerado el mayor fabricante de santos de la historia de la Iglesia al haber canonizado a 482 personas en 27 años de papado.

Respetando en cambio su tradicional rigor, el papa emérito Benedicto XVI proclamó sólo a 44 nuevos santos en casi ocho años de reinado. El camino para llegar a santo es largo y complejo y no se excluye que Francisco santifique este año al carismático beato polaco Juan Pablo II, después de que en sus funerales en 2005 una multitud reclamara que fuera proclamado "santo súbito", de inmediato.

AFP