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Diario íntimo de una bailarina de la zona de tolerancia de Bogotá

La mujer es pionera del 'pole dance' en esta zona. Se casó con un gringo.

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10 de mayo 2013 , 06:08 p.m.

‘Patty’ aún no entiende porqué los clientes que se encaraman en la pista cuando está moviendo las caderas tratan de robarle los tacones. (Vea la galería: El día a día de una bailarina erótica de Santa Fe)

Otros, en medio de la borrachera, le ofrecen aguardiente y se enfurecen ante la negativa de la mujer que solo se dedica a bailar. Nada más...

Así son casi todas las noches de esta antioqueña, de 28 años, que figura como una de las bailarinas eróticas más reconocidas del barrio Santa Fe, la única zona de tolerancia de Bogotá.

Este calificativo, dice ella, mientras se arregla para un nuevo show, se lo ha ganado en los cuatro años que completa danzando desnuda en seis reconocidos clubes nocturnos de la zona.

Empezó en un almacén

Cuando se le pregunta por si le da verguenza quitarse la ropa en público dice, con certeza, que le perdió el miedo a las miradas escrutadores de los hombres cuando trabajaba en un almacén de lencería.

“Me tocaba desfilar en ropa interior frente a una mano de gente. Eso me sirvió para quitarme la pena y tener seguridad de mi cuerpo”, cuenta ‘Patty’, quien exhibe un piercing en el ombligo que brilla cuando baila.

Otra experiencia beneficiosa para su actual oficio fue la de participar como bailarina en presentaciones ante más de 10.000 personas de artistas como Jorge Celedón, Papo Man y Sayayín. Cuando llegó a Bogotá por invitación de una amiga que le sugirió utilizar su disposición para el baile, solo dominaba la champeta, ritmo que había aprendido en un grupo de danza en Caucasia.

Con los días, fue puliendo el arte del baile erótico y también aprendió a lidiar a los clientes pasados de copas que intentaban sobrepasarse y a las otras compañeras que un tanto envidiosas trataban de opacarla.

Llegó el amor

A su reconocimiento por dominar el arte del ‘pole dance’ (baile en un tubo), se sumó la llegada de una persona que cambió de lleno su vida.

Se trató de un ciudadano estadounidense que le propuso matrimonio y al que poco le importó que su futura esposa fuera observada por cientos de desconocidos cada noche. “A él le gusta que yo baile. Me dice que esto es una profesión. Llevamos una buena relación”, asegura, al tiempo que baja las escaleras rumbo a la tarima principal.

El ‘show’ de ‘Patty’ está compuesto por tres canciones que ella misma escoge. “Trato de que la primera sea fuerte, algo así como electrónica y el final si una balada. Las que más me gustan son las de Celine Dion”, precisa, montada en el escenario y a punto de empezar.

Por cada presentación se gana 15.000 pesos, pero si tuviera los senos naturales, le pagarían solo 10.000. Así se mueve el negocio de los bailes sensuales en el Santa Fe.

Con lo que se gana a diario –unos 300.000 pesos– mantiene a su hija de 5 años y paga una pieza de 20.000 pesos en un prostibulo cercano, pues su esposo trabaja buena parte del año en el exterior. Su ‘show’ también lo ha presentado en Perú, Panamá y Bahamas, en donde puede ganarse hasta 1.000 dólares por noche. Asegura que lo único que no hace en la pista es darse besos y acariciarse con otras mujeres. “Tampoco hago sexo en vivo”, confiesa. La canción comienza. Patty esta semidesnuda y solitaria en uno de los tres tubos del escenario.

FABIÁN FORERO BARÓN
Redactor de EL TIEMPO