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La Virgen se aparece en una casa de Teusaquillo

Van cuatro años de reportar apariciones e incluso de escucharla a través de una interlocutora.

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10 de mayo 2013 , 06:07 p.m.

El tráfico se detuvo, los carros desaparecieron y en la escena solo estaba el vehículo de William en la carrera 30, entre calles 64 y 65. Un silencio sepulcral marcó ese momento luego de un frenazo intempestivo y de la aparición de una mujer con un rostro angelical.

“¿Tiene monedas?”, preguntó la extraña al hombre que solo atinó a decir: “Solo tengo esto”, y lo siguiente fue la frase que conmocionó: “Eso no es lo único que tienes Wiliam, tienes un corazón grande. Eres un hombre muy bueno”.

Esa misma mujer de traje largo le entregó, ese 8 de octubre de 2009, una bolsa azul con un moño dorado cuyo contenido era una virgen de 60 centímetros que hoy, a la luz de esta historia narrada por sus protagonistas, veneran todos los días de la semana decenas de personas que invaden la calle 40 con carrera 22, en Teusaquillo, muy cerca del Park Way.

William entró en pánico, colapsó y se quedó paralizado mientras la presencia se desvanecía en el aire. Luego del shock llamó a María Francia Alzate, su esposa, una mujer originaria de Salamina (Caldas), cuya historia, como sacada de un libro bíblico, va más allá de lo terrenal para los devotos y de lo absurdo para los incrédulos.

Llegó a Bogotá hace 30 años. Integra una familia numerosa y muy devota a la virgen. “De niños nos despertaban a la 4 a.m. a rezar el rosario. Yo solo pensaba en que mi madre se durmiera para no rezar más. Fue una vida muy dura; trabajábamos en restaurantes”.

Su éxito profesional, logrado en Bogotá en 21 años trabajando en las Fuerzas Militares, la llevó a comprar una casa en Teusaquillo, donde, cuenta, comenzó a ver extrañas visiones que de niña siempre consideró pesadillas y a enfermarse con frecuencia. “Yo sentía frío, se me inflamaba la cara. Hubo una época en la que me quería morir”, recordó.

Luego de esos deseos, la mujer asegura que su hermana, quien había muerto de lupus, se le había aparecido para darle un mensaje: “Tú no te puedes morir. Tienes que cumplir con una misión. Cuando eso pase, puedes venir conmigo al cielo”, relató María Francia.

Pese a la extraña visión, esta mujer continuó con su vida social de tertulias en Teusaquillo y hasta planeó construir una fonda paisa para tomar whisky con sus amigos en las noches de fiesta. “Ya había cotizado todo cuando tuve otra aparición. Un hombre de capucha me dijo que mi casa sería de la reina del cielo, de la Milagrosa”, contó. Los planes se frustraron, y el destino la encarriló por un rumbo diferente; el de conocer a Wiliam, para que la unión de dos historias terminara por crear ‘La casita de la virgen’, hoy, todo un fenómeno en Teusaquillo.

Después de casados y de comenzar a vivir juntos en la vieja casona, vienen un sinnúmero de apariciones e historias extrañas que llegaron a su punto extremo con el arribo de la pequeña figura sagrada a la casa, la misma de aquella tarde en la carrera 30, y la decisión de la pareja de consagrar su vida al servicio de la virgen.

Los milagros

Viernes, cinco de la tarde. Ya hay mujeres con mantilla y arrodilladas susurrando oraciones apeñuscadas en sillas ubicadas en un pequeño garaje donde reposa la pequeña virgen.

En cuestión de media hora, no solo está a punto de colapsar el recinto sino la cuadra en donde está ubicada la casa. Todos confían en que sus oraciones terminarán convertidas en milagros. Incluso, extranjeros han llegado a venerar la imagen.

Algunos contaron que vieron parar a un niño parapléjico que vino de Yopal (Casanare) y a personas contar que se han sanado de sus dolencias. “En esta casa se ven cosas muy lindas, pero lo que más nos ha sorprendido fue cuando vimos al niño enfermo; no se podía ni mover, lo traían entre dos personas, y luego lo vimos pararse luego de que le pusieron manos. Eso fue impresionante. Todo el mundo comenzó a llorar”, dijo Martha Isabel Cruz, una de las devotas.

Otros dicen que la virgen les ha cambiado la vida. “Yo era una mujer enferma, ahora me siento bien y respaldada por la virgen. Un día rezaba con los ojos cerrados. Al abrirlos vi nubes blancas, luego la pude ver, ¡a la virgen!, en carne y hueso. Era hermosa”, dijo en medio del llanto otra de las asistentes.

Pero esto no es lo más raro que dicen haber visto en esta casa. Según algunos devotos, a la pequeña figura le cambian los ojos de color, se sonríe, y hasta impregna a sus visitantes de escarcha. Eso, sin mencionar que en un momento de la oración, María Francia dice haber sido dotada con el don de ser conductora de los mensajes de la virgen.

Todo esto pasa mientras los visitantes repiten una y otra vez 1.000 jesuses, y de repente María Francia cambia de voz y empieza a hablar con otro tono y de rodillas. Incluso, quienes hacen parte de comunidades religiosas creen en lo que pasa en esta casa. “En este sitio experimento cómo Dios hace sus maravillas. Se manifiesta, se refleja, se siente. Sobre todo, la sanación. Ojalá cada día vengan más personas”, dijo la hermana Janet Martínez, de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia.

Según William, la obra no solo se queda en palabras. Lo que recaudan con los fieles que compran libros o medallas de la virgen va a parar a familias de escasos recursos, a quienes les entregan mercados; a los presos de la cárcel de Zipaquirá, a hijas de trabajadoras sexuales y a algunos ancianatos porque, según cuentan, así lo pidió la virgen.

Según María Francia, todo lo que sucede en este lugar ya está en proceso de discernimiento de la Iglesia católica, pero el proceso es muy largo antes de que se llegue a reconocer la veracidad de los hechos. “Al fin de cuentas, todo esto es cuestión de fe”, decía una mujer que sostenía un cristo en sus manos.

CAROL MALAVER
REDACTORA DE EL TIEMPO