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Despiden al padre José Antonio Valle en Barranquilla

El arzobispo de Barranquilla describió su muerte como "un crimen horrendo"

09 de mayo 2013 , 05:01 p.m.

El arzobispo de Barranquilla, monseñor Jairo Jaramillo Monsalve, usó dos frases que a pesar de lo calmadas que sonaron cuando se las dijo a los periodistas, resumen el calibre del rechazo a la manera en que murió el padre José Antonio Valle Bayona. “Fue una acción bestial, un crimen horrendo”.

Un hecho al que todavía no le encuentran una explicación, sobre todo porque el ensañamiento de las 17 heridas de arma blanca van en sentido contrario al aprecio que el padre Ovalle, de 47 años, despertaba, y que se evidenció, de alguna forma, en el masivo adiós de tristeza, llantos y aplausos que recibió en la liturgia de velación.

Fue un evento masivo en la Catedral María Reina la mañana de ayer, donde estuvieron los parientes más cercanos al cura asesinado, los feligreses del barrio Lipaya de cuya iglesia Cristo Rey era párroco, y seguidores o conocidos los de los otros templos donde fue dejando su huella de amigo, consejero, apoyo y guía espiritual.

La ceremonia fue presidida por monseñor Jaramillo, quien estuvo acompañado del grueso de sacerdotes de la jurisdicción del Atlántico. Y aunque de muchas formas se expresaba la rabia y la impotencia, de todos modos tanto el arzobispo como Yanelis Vivas, prima del sacerdote, hablaron de la necesidad de perdonar a los autores del crimen, como le corresponde a un buen cristiano,

“Por eso, queremos decirles a que perdonamos de todo corazón a quienes asesinaron a José. Pero esos sí, de lo que no se van a salvar es de la justicia divina, porque para Dios no queda nada oculto”, dijo Yanelis al momento de tomar la palabra en el acto litúrgico en nombre de la familia.

El ataúd abandonó la catedral a las 10 a.m, en medio de nuevos aplausos y pañuelos blancos al aire. Luego fue transportado en un nutrido cortejo hasta el cementerio Jardines de Paz en la vía al mar.

Hasta ayer, la Policía ni los investigadores de la Fiscalía habían adelantado algún aspecto que permitiera dar luces acerca de lo ocurrido y los autores del crimen. El arzobispo consideró que solamente podía ser obra de una persona bajo los efectos de la drogas, producto de la descomposición de una sociedad, donde se ha perdido el sentido de la familia y de la humanidad.

El prelado también calificó el hecho de ‘horrendo’. “Ni siquiera el peor criminal merece una muerte de esas”, dijo, refiriéndose a las puñaladas infringidas con rabia, y con el ingrediente de que el cadáver, según parece, fue paseado por Barranquilla al comienzo de la tarde del lunes, antes de ser abandonado en la trocha donde lo hallaron dos horas después.

En la Curia donde era muy apreciado, y donde hasta el entonces arzobispo y hoy cardenal, Rubén Salazar, se divertía con sus apuntes. (“¿Qué voy a hacer contigo, José Ovalle”?, le dijo varias veces entre risas), siguen sin entender los motivos.

Que él participara en eucaristías en otros barrios y que las oficiara para cubrir a sus colegas por alguna razón, no era asunto raro. Una de las feligreses asegura que la tarde de su muerte, el padre Valle iba a oficiar una misa en el corregimiento de Juan Mina, por eso, hasta sospechan que sus asesinos fueron unos atracadores a quienes le dio un aventón.

Son conjeturas, hipótesis que se aventuran a encontrar razones, pero que siguen quedando vacías e insuficientes ante la brutalidad del ataque.

JAVIER FRANCO ALTAMAR
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO