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El drama de los que aún esperan por una pensión

Semanas borradas y pagos no reportados, las razones por las que dos colombianos no reciben mesada.

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07 de mayo 2013 , 07:59 p.m.
A Rafaela Cortés Quintero le borraron de un tajo 14 años de trabajo. Eso es lo que ella cuenta que le pasó cuando, al presentar los papeles para solicitar su pensión en mayo del 2012, le contestaron seis meses después que, de 1986 para atrás, no había rastro alguno de su vida laboral. (Vea acá cifras sobre el sistema general de pensiones de Colombia)

Algo que no sólo la abruma, sino que la indigna al recordar que su desempeño como persona activa de la economía empezó en 1972 cuando, tras la muerte de su madre a causa de un cáncer, no sólo tuvo que hacerse cargo de sus tres hermanas menores, siendo la más chiquita de seis meses, sino que entendió que buscar sus propios ingresos era la opción de salir adelante. “Aquí no hay más que trabajar”, dice Rafaela, quien para la época solo contaba con estudios de bachillerato.

Sin embargo, su esfuerzo a temprana edad al parecer está desaparecido en la base de datos de Colpensiones, que por segunda vez le contestó hace pocos días que en su historial solo ha cotizado 190 semanas, razón por la cual no es apta para una pensión.

“¿Qué pasó entonces con mis años de trabajo del 86 para atrás? Me los borraron. Eso no lo pueden hacer porque yo y mucha gente está alegando un derecho justo, un tiempo justo”, enfatiza Rafaela, quien empieza a recordar que su primer trabajo fue en el Banco Popular, en el que estuvo durante un año.

Luego tuvo una oportunidad en Ferrostaal de Colombia, y en otras empresas como Suramericana de construcciones, en una firma alemana de medicamentos que estuvo en Colombia por más de 15 años y en otras compañías nacionales y extranjeras en las que tuvo “la época dorada” de su trabajo. Todo esto, al mismo tiempo que estudiaba en las noches aprendiendo inglés, lo que después le sirvió para ser profesora de ese idioma en horarios alternos a los de la jornada laboral.

Durante todos esos años, nunca dejó de pagar sus aportes al Instituto de Seguros Sociales, que, según cuenta, hasta ella misma vio nacer. “En mi historial laboral aparecía que pertenecía a la categoría a la que más le descontaban”, recuerda.

Su único problema para recibir su pensión, fue que luego de casarse a los 38 años, y después de un tiempo de trabajar con mucho esfuerzo, se dedicó a su hogar en un período en el que dejó de cotizar. “Fue del 96 hasta el 2010”. Pero luego de su separación, de no conseguir una ubicación laboral estable y de perder su apartamento y bienes adquiridos durante sus años de trabajo, un amigo le siguió pagando los aportes a pensión.

Con la ayuda de ese conocido, afirma Rafaela, cumplió no sólo su edad, sino un número de semanas cotizadas necesarias para la pensión, acogiéndose al régimen de transición, el mismo por el cual muchos congresistas y senadores alegaban antes de la decisión de la Corte de este martes, para exigir pensiones mayores a 25 salarios mínimos y que, también en muchos casos, era otorgado. (Lea Estos son los pensionados del Congreso que reciben megamesadas).

Fue entonces cuando a un mes de que el Instituto de Seguros Sociales pasara a ser Colpensiones, Rafaela presentó los papeles que le permitirían obtener el beneficio. Hoy, casi un año después no ha recibido una respuesta favorable.

“Antes, cuando estaba en el Seguro, me habían dado un documento al que le llaman ‘sábana’, o sea el historial de toda la vida laboral de uno y ahí aparecían claramente todos mis trabajos desde 1972. Ahora en Colpensiones me dicen que solo he cotizado desde el 86, porque ellos al hacer el cambio, borraron todo lo del 86 para atrás y me dicen que presente los certificados de cada uno de los trabajos, cuando muchas de las empresas en las que trabajé ya no existen, ¿cómo los voy a conseguir?”.

Por ella, conseguiría también la ‘sábana’ del ISS, pero como perdió su apartamento y tiene sus pertenencias en una bodega, no ha podido encontrarla. “Desde hace un año vivo con una amiga que me dijo que me viniera a vivir a su apartamento porque yo no tenía dónde, entonces mis cosas están guardadas”.

Lo que le preocupa es que el régimen al cual se está acogiendo para recibir su pensión tiene vigencia hasta enero del próximo año y si no la obtiene antes, ya no tendrá cómo argumentar su derecho, algo que necesita, pues hoy, luego de perder su casa, de estar “aniquilada” laboralmente, como ella dice, y de vivir de caridad de amigos y familiares, es lo único a futuro con lo que cuenta para su sostenimiento.

José, en la lucha por 24 semanas

Unos 85 mil pesos o más. Eso fue lo que pagó José Efraín Cruz Saavedra cuando se enteró de que para poder recibir su pensión le hacían falta solo 24 semanas de cotización al Instituto de Seguros Sociales (ISS). Hoy, tres años después del pago, a José aún no le han reportado el pago de esas semanas faltantes en el sistema del ISS y ni siquiera ha podido presentar papeles formalmente para recibir su pensión.

“Mi hija va por ahí tres o cuatro veces al mes a preguntar si ya ingresaron ese pago a la base de datos y siempre la respuesta es que no. Los de Colpensiones dicen que todavía no han empalmado con el Seguro Social, y el Seguro no registra el pago. Es decir los unos le echan la culpa al otro y el otro le echa la culpa a Colpensiones, en fin… y nosotros estamos en un término medio”, dice José, quien a sus 75 años ya no tiene las fuerzas para salir a los campos como ingeniero civil a hacer exploraciones.

Todo este problema por el que espera una solución hace tres años, se debió a que en uno de los trabajos por los que pasó José no le pagaron esas 24 semanas, que hoy lo tienen colgando de un hilo para recibir su pensión por la que ha cotizado constantemente.

Pese a que nueve años después de tener su primer trabajo en Bogotá, en 1965, José se fue Venezuela a trabajar desde 1974 hasta 1983, y en ese período no cotizó, lo que hizo antes de irse, y después de regresar en distintos trabajos, tuvo sus respectivos aportes al Seguro Social. “En total, si se cuentan las 24 semanas que pagué, tendría 1020 semanas aportando”, afirma José, quien recuerda claramente que el pago de las semanas que le faltaban lo hizo en las oficinas del ISS de la calle 19 con Caracas.

Hoy, José sigue a la espera, pues de este ingreso dependen su esposa y él. “Por ahora, me sostengo con trabajos en asesorías en empresas, que hago por ahí cada dos veces al mes, pero yo ya no tengo cómo ir a trabajar a los campos, a explorar dónde se pueden hacer perforaciones; por eso necesito la pensión”.

Y mientras espera una pronta solución, concluye “el Estado, como todo, no está bien organizado y que tiene represadas cantidades de pensiones de gente que necesita… y si no se pone las pilas va a tener un problema grande porque ya no le va a creer nadie”.

¿Qué solución tienen?

Al igual que Rafaela y José Efraín, 34 personas más han reportado entre el 2012 y el 2013, en el Sistema de Información Visión Web ATQ, de la Defensoría del Pueblo, sus quejas relacionadas con Colpensiones, mientras que un total de 86 lo hicieron en el mismo período por el Instituto de Seguros Sociales (ISS).

Estas quejas obedecen, según la Defensoría, a la demora en el reconocimiento de la pensión de vejez, invalidez, sustituciones pensionales o pensiones de sobrevivientes que no fueron incluidos en los actos administrativos proferidos por el ISS y que a la fecha tampoco han sido trasladados a Colpensiones.

Esto motivó a que la Defensoría le hiciera seguimiento a la actividad del ISS en liquidación y de Colpensiones, pues el incumplimiento de las obligaciones de estas instituciones ha puesto en riesgo la vulneración de los derechos de afiliados y pensionados del Régimen de Prima Media. Ante esto, Colpensiones presentó un plan de acción que va en busca de corregir el atraso estructural que se presenta por el alto número de solicitudes de reconocimiento pensional sin atender, el proceso de corrección de historias laborales, el cumplimiento de sentencias, de tutelas, entre otras.

La Defensoría encontró que es tal la magnitud del problema de la vulneración del derecho a la seguridad social, que en el año 2012 se interpusieron 424.400 tutelas con 425.470 demandados, la cifra más alta desde la creación de esta acción en la Constitución Política de 1991. Así, Colpensiones se constituyó en la entidad con el mayor número de acciones de tutela.

Entonces, ¿qué solución pueden tener personas como Rafaela y José Efraín ante tal panorama? Aunque la Defensoría hace seguimiento, no puede hacer más que presionar para que las entidades encuentren una pronta solución. Pero, argumenta Deisy Molano, asesora de la Dirección Nacional de Atención y Trámite de Quejas de la Defensoría, hay que acudir a otros recursos como las tutelas, los incidentes por desacato con arresto y sanción, que aunque parezcan fuertes, se deben de agotar, como mecanismos de protección en defensa de los derechos.

Y aunque hay una reforma pensional en curso, en casos tan puntuales en los que personas esperan eternamente por una pensión, no hay una solución exclusiva para ellos, ya que el proyecto obedece a normas muy amplias que no atienden cosas tan específicas.

Por ahora, tanto Rafaela como José Efraín, anhelan una respuesta positiva y aunque han esperado un buen tiempo para lograrla, buscan no tener que acudir a otras instancias que les quite, no solo el dinero con el que no cuentan, sino el tiempo valioso en que podrían estar recibiendo el beneficio.

*EL TIEMPO consultó tanto con Colpensiones, como con el Instituto de Seguros Sociales por estos casos específicos y el por qué de las negaciones, pero aún no se ha recibido respuesta al respecto. Según Colpensiones se está por emitir la respuesta, que publicaremos una vez se dé a conocer a este diario.

hilhur@eltiempo.com